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A mediados de noviembre se publicó una carta al Congreso de los EE.UU. a propósito de la reducción del impuesto a la renta y a las herencias promovida por Trump. Esta fue firmada por 400 millonarios que incluían a George Soros, Abigail Disney, la fundación de los hermanos Rockefeller y muchos directores de empresas norteamericanas. Solicitaban que no se bajen los impuestos. Si hubiera sido redactada en el Perú probablemente pedirían que se reduzcan con el argumento de promover la inversión privada. Desafortunadamente, la solicitud no fue atendida, pero los argumentos merecen ser destacados. Un buen ejemplo que debería ser replicado por los estratos más ricos de nuestro país.

La carta es breve pero contundente. Está dirigida por gente de altos niveles de ingresos que se preocupa por la nación y su gente. Insta a los congresistas a que se opongan a cualquier legislación que agrave más la desigualdad de los ingresos y la riqueza; asimismo, manifiestan que están profundamente preocupados por la pérdida de ingresos públicos en diez años de 1.5 trillones de dólares americanos (US$ 150,000 millones anuales en promedio) que conduciría a la reducción de servicios básicos en educación, Medicare, Medicaid y que obstaculizaría la capacidad del gobierno para restaurar la inversión en la gente y en sus comunidades.

Con la derogación del impuesto a las herencias se perderían US$ 269,000 millones en los próximos diez años, más de lo que se gasta en la administración federal de alimentos y medicamentos, en los centros de control de enfermedades y en la agencia de protección ambiental. En cambio sólo se beneficiaría a 2 de cada 1,000 herencias. No sólo se utilizan argumentos económicos, ya que se plantea que no sería sabio ni justo más exenciones fiscales a expensas de las familias trabajadoras, cortando o desmantelando programas que ayudan a las personas a satisfacer necesidades fundamentales como la asistencia sanitaria o nutricional. Terminan acotando que se debe aumentar los impuestos para generar ingresos adicionales, restaurar inversiones, ayudar a crear empleos, fortalecer la clase media y garantizar el éxito económico de los EE.UU.

La situación de los ingresos públicos en el Perú es muy negativa. De acuerdo a la OCDE la presión tributaria en 2015 fue 17.1% respecto de un promedio latinoamericano de 22.8%, 20.6% en Chile y 20.8% en Colombia. Es probable que este año cierre en 15%. Es imprescindible que todos y especialmente los más ricos reconozcan que se debe hacer un gran esfuerzo para elevar los ingresos del Estado: menos exenciones fiscales, más regalías a sectores extractivos, tasas marginales más elevadas, gravar patrimonios y mejor fiscalización, cuyo detalle dejamos pendiente. La viabilidad de la economía está en juego.

 

 

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