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Diversificación productiva clave

Todas las manifestaciones a favor de la política de diversificación productiva merecen ser destacadas. Se trata de un tema que desde el inicio del gobierno actual fue poco importante y ahora con el nuevo titular de Produce es irrelevante. Hace dos semanas el ex ministro de la Producción del gobierno anterior publicó un artículo donde se presenta un diagnóstico de la realidad económica y propuestas escuetas con el objetivo de generar empleo: enfocarse en los cientos de pequeños y medianos proyectos de inversión pública paralizada y en dinamizar la inversión privada con un enfoque sectorial que debe partir desde la colaboración pública-privada. Las propuestas se ven bien, pero son insuficientes para superar los problemas que nos aquejan. También hay errores en el diagnóstico.

Al inicio de su texto resaltó el gran crecimiento de la economía peruana de los últimos 25 años, según él, por encima del promedio histórico. Está equivocado. Entre 1950 y 1979 nuestra tasa de crecimiento promedio anual del PBI fue del 4.8%, respecto de 4.7% entre 1990 y 2016. La diferencia es marginal, pero simbólicamente importante. En el periodo anterior antes de la crisis de los ochenta y, especialmente antes de los setentas, tanto las exportaciones como el mercado interno eran importantes, al igual que los salarios y las ganancias tenían un rol relevante, no como ahora. Se trataba de un modelo desarrollista que era la contraparte del modelo fordista aplicado en las economías desarrolladas. Las 25 primeras economías desarrolladas crecieron entre 1950-1979 al 4.4% anual, por encima del 3.5% anual del periodo neoliberal 1980-2016.

Del largo plazo salta al corto plazo recordando que los precios de las materias primas han crecido 30% desde setiembre de 2016. Se olvida que los precios de estos bienes vienen cayendo desde diciembre de 2012 y que esa reciente elevación se debió al retraso en el ajuste de la tasa de fondos de la FED. Ahora, este fenómeno se ha revertido. Por otra parte, repite el lugar común de que solo la inversión privada salvará al Perú. Omite considerar que la inversión privada, en el mejor de los periodos (2000-2016), sólo contribuyó con el 22% del crecimiento, siendo más importantes el consumo privado y las exportaciones.

Sus dos recetas son razonables. Ahora se preocupa por la creación del empleo, pero que no era relevante cuando él era autoridad. Se sigue olvidando de la política cambiaria, esencial para la diversificación productiva. Guarda silencio sobre la política fiscal. Deja al margen a los clusters embrionarios existentes. Ignora la necesidad de expandir mercados internos a partir de la redistribución y de políticas de ingresos. No propone una reforma institucional. Lamentablemente sigue enmarcado en su viejo paradigma.

 

 

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