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Construir un nuevo pacto económico social en el Perú

Ante la pregunta ¿qué une a los peruanos?  solo tenemos las clásicas respuestas del libro de texto: territorio e historia común, valores compartidos, aspiraciones colectivas (…) y rica comida. Pero muchos sabemos que estas sólo son respuestas fáciles.  Hay más elementos que nos dividen y muy pocos que nos integran. Somos un país desbordado, fracturado y polarizado, que no tiene rumbo claro. Dice Celso Furtado (2014) que «lo que caracteriza al desarrollo es un proyecto social subyacente. El crecimiento se funda en la preservación de los privilegios de las elites que satisfacen sus ansias de modernizarse. Cuando el proyecto social da prioridad a la efectiva mejora de las condiciones de vida de la mayoría de la población, el crecimiento se convierte en desarrollo. Pero este cambio no es espontáneo. Es fruto de la expresión de una voluntad política».

En el Perú de hoy no existe proyecto colectivo, sólo existe la visión de unos pocos que buscan y obtienen cada vez mayores prerrogativas. En los años sesentas, al igual que la mayor parte de América Latina íbamos en el sendero casi universal del fordismo, de los balances entre el capital y el trabajo (no en vano la participación de los sueldos y salarios en el Producto Bruto Interno (PBI) alcanzó su mayor participación histórica).  Ahora, 50 años después, solo existe el sector privado, los empresarios, la inversión privada y las ganancias. Ya no interesan más, o eso es lo que quieren hacernos creer desde los poderes económicos y mediáticos, los otros actores y sectores sociales. Los pesos y contrapesos se han roto. Es necesario retornar a un nuevo equilibrio. Tampoco hay que idealizar esa visión de los años sesenta, ya que ni grandes segmentos de la población, ni el medioambiente, importaban (Alarco, 2015).

Tanto Nación como desarrollo son «proyectos», es decir, deben ser concebidos, imaginados o soñados previamente, al punto de poder ser prefigurados en el tiempo, por lo menos en su características básicas. Hay, pues, un Proyecto de Desarrollo como debe haber también un Proyecto Nacional o de Patria, que no se produce por generación espontánea. Algunos países no necesitan construir una visión colectiva de país explícita, ya que saben lo que quieren ser, nosotros no. Nación, desarrollo y planeamiento estratégico son parte de un conjunto coherente de fines, objetivos y medios que deben ser sinérgicos y complementarios entre sí. El planeamiento estratégico debe estar al servicio del desarrollo del mismo modo que el desarrollo debe estar al servicio de la construcción de Patria o Nación (Ceplan, 2012).

Sin un nuevo pacto económico social no será posible aumentar de manera continua la tasa de crecimiento económico, ni menos acercarnos al desarrollo. Las políticas monetaria y fiscal contra cíclica y una nueva política de ingresos no serán suficientes, ya que podrían tener el rechazo parcial o total de los sectores empresariales. Nuestros esfuerzos podían ser inutiles; en cambio hay que convencerlos. La contrucción de una visión colectiva de país requiere relievar el planeamiento estratégico y otorgar un peso significativo a esta instancia dentro de la estructura del Estado. Más allá de las formalidades hay que aprovechar los espacios creados en el Acuerdo Nacional y llevar a cabo, cuando sea necesarios, los ajustes en la Constitución Política para formalizar dichos acuerdos.  La lista de temas que se podrían incorporar en un nuevo pacto económico social en el Perú podrían ser: derechos sociales y económicos generales (incluido el rol de la remuneración mínima vital-RMV), integración de poblaciones originarias y rurales, el reto de construir una sociedad más inclusiva sin desigualdades extremas, los nuevos espacios para el Estado y el mercado, la integración de la economía informal, el medio ambiente y el desarrollo sostenible, y nueva relación entre el capital y los trabajadores.

Las fuentes inspiradoras para ese nuevo pacto económico social pueden ser diversas y van desde la suscripción efectiva plena de los principios y objetivos de las Naciones Unidas. Otra de estas podría ser la Doctrina Social de la Iglesia Católica. Esta es pertinente tanto a nivel universal como para el Perú donde muchos de sus textos en materia económica-social serían un acicate a las concepciones neoliberales hegemónicas vigentes a partir de denominado Consenso de Lima. Por ejemplo, en Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II que cumplió 50 años en 2015 de partida se destacan las virtudes del progreso tecnológico que contribuyen a la mejora de las condiciones de vida de la población. Sin embargo, relieva que hay motivos de inquietud con relación a las enormes diferencias económicas, las desigualdades sociales y regionales. Por tanto, se requieren muchas reformas en la vida económico social, un cambio de mentalidad y de costumbres en todos.

Se señala que la finalidad del incremento de la producción no es el mero incremento de los productos, ni el beneficio, ni el poder, sino el servicio al hombre integral. El desarrollo debe permanecer bajo el control del hombre, no de unos pocos o de grupos económicamente poderosos, sino del mayor número posible de hombres y del conjunto de naciones. No se puede estar sujeto exclusivamente a la acción económica individual, ni a la sola decisión de la autoridad pública. Hay que hacer todos los esfuerzos posibles para reducir esas enormes diferencias.

La sección sobre el trabajo es verdaderamente aleccionadora para nuestro país al señalar que este es muy superior a los restantes elementos de la vida económica que son instrumentos. Asimismo, la remuneración debe ser tal que permita al hombre una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual; teniendo en cuenta el puesto, productividad, las condiciones de la empresa y el bien común. Se plantea la necesidad de promover la activa participación de todos en la gestión de la empresa; la participación en asociaciones que los representen y el derecho a la huelga como medio necesario, aunque extremo. Bajo estos principios, nadie debería discutir en el Perú la relevancia de la RMV o del derecho a la sindicalización vilipendiados desde el sector empresarial, mediático y del sector académico imbuido de la lógica neoclásica.

La propiedad y las inversiones tienen funciones sociales desde Gaudium et Spes. En el primer caso aportan a la expresión de la persona y le ofrece ocasión de ejercer su función responsable en la sociedad y la economía. Las inversiones deben orientarse a asegurar posibilidades de trabajo y beneficios suficientes a la población presente y futura.

4/4/2016.

 

 

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