El reto de los nuevos alcaldes: convertir el turismo en una herramienta para regenerar Lima
Las recientes elecciones municipales han abierto una nueva etapa para Lima Metropolitana y sus distritos. Mientras avanza el conteo oficial de la ONPE, los resultados preliminares muestran un nuevo mapa político local y la llegada de nuevas autoridades que asumirán la gestión de problemas complejos como seguridad, movilidad, espacio público, desarrollo económico y calidad de vida urbana.
Frente a estos desafíos, existe una pregunta que rara vez ocupa un lugar central en el debate electoral: ¿qué papel puede desempeñar el turismo en la transformación de la ciudad?
Durante años hemos hablado de turismo sostenible. Se han promovido hoteles más eficientes, reducción de residuos, disminución de emisiones y mejores prácticas ambientales. Todos estos esfuerzos son importantes y deben continuar. Sin embargo, frente a los retos que enfrentan las ciudades del siglo XXI, quizás sea momento de elevar la ambición.
La verdadera pregunta ya no debería ser únicamente cómo reducir los impactos negativos del turismo, sino cómo utilizar el turismo para mejorar activamente los lugares donde ocurre. En otras palabras, debemos preguntarnos cómo convertir el turismo en una herramienta de regeneración urbana.
Más allá de atraer visitantes
Tradicionalmente, el éxito turístico de una ciudad se mide a través de indicadores como el número de visitantes, la ocupación hotelera o el gasto turístico. Son métricas útiles, pero incompletas.
Imaginemos dos escenarios:
En el primero, una ciudad recibe cada vez más turistas, genera más ingresos y mejora sus indicadores económicos. Sin embargo, aumentan los problemas de congestión, se deterioran los espacios públicos y los residentes sienten que pierden calidad de vida.
En el segundo, el turismo contribuye a recuperar áreas urbanas degradadas, fortalece la identidad de los barrios, impulsa pequeños negocios locales y genera orgullo entre los ciudadanos.
Ambas ciudades podrían mostrar cifras turísticas similares. Pero solo una estaría utilizando el turismo como un verdadero instrumento de desarrollo urbano.
El caso de Lima
Lima posee activos extraordinarios. Cuenta con uno de los centros históricos más importantes de América Latina, una gastronomía reconocida internacionalmente, una enorme diversidad cultural, una ubicación privilegiada frente al Pacífico y una red de barrios con identidades muy diferenciadas.
Sin embargo, también enfrenta desafíos urbanos evidentes. El Centro Histórico todavía requiere importantes esfuerzos de recuperación y revitalización. Los espacios públicos necesitan mayor mantenimiento y seguridad. Distritos con enorme potencial turístico buscan equilibrar crecimiento económico y calidad de vida. Y muchos ciudadanos aún perciben una desconexión entre las políticas de turismo y las necesidades cotidianas de sus comunidades.
Por eso resulta pertinente replantear el papel que el turismo puede desempeñar en la ciudad.
Pensar en términos de lugar, personas y sistemas
Una forma de hacerlo es a través de tres preguntas:
1. ¿Estamos mejorando los lugares?
El turismo suele aprovechar el patrimonio, los paisajes urbanos y la identidad cultural de una ciudad. Pero ¿está contribuyendo también a fortalecerlos?
Pensemos en el Centro Histórico de Lima. El éxito no debería medirse únicamente por la cantidad de visitantes que recorren la Plaza Mayor o los jirones tradicionales. También debería evaluarse por su capacidad para incentivar la recuperación del patrimonio, revitalizar espacios públicos y fortalecer el sentido de pertenencia de los ciudadanos.
Algo similar ocurre en Barranco, donde la autenticidad cultural constituye una de sus principales fortalezas. El desafío consiste en garantizar que el crecimiento turístico no termine deteriorando precisamente aquello que atrae a los visitantes.
2. ¿Estamos beneficiando a las personas?
El turismo suele analizarse desde el punto de vista de la demanda: cuántos turistas llegan, cuánto gastan y cuánto tiempo permanecen.
Sin embargo, una perspectiva más amplia obliga a preguntarnos: ¿mejora su calidad de vida? ¿Se fortalecen los pequeños negocios locales? ¿Existen oportunidades para emprendedores culturales, gastronómicos y creativos? ¿Participan las comunidades en las decisiones que afectan sus barrios?
Lima ofrece enormes oportunidades en este ámbito. Distritos con fuerte identidad cultural podrían desarrollar experiencias turísticas capaces de generar ingresos locales, fortalecer la cohesión social y poner en valor el talento de emprendedores, artistas y organizaciones comunitarias.
3. ¿Estamos construyendo mejores sistemas urbanos?
Quizás este sea el punto más importante. El turismo suele gestionarse de manera aislada. La movilidad, por un lado. La cultura por otro. El espacio público por otro. La promoción turística por otro.
Pero las ciudades no funcionan así. Los turistas utilizan los mismos sistemas de transporte, las mismas calles, los mismos parques y espacios públicos que los residentes.
Por ello, el turismo debería integrarse mucho más estrechamente con las políticas urbanas.
Cuando una ciudad mejora su movilidad, recupera espacios públicos, fortalece su patrimonio o desarrolla nuevas áreas verdes, no solo mejora la experiencia del visitante. Mejora también la calidad de vida de quienes viven en ella.
Un reto para las nuevas autoridades
Precisamente aquí aparece una gran oportunidad para los alcaldes recientemente elegidos. Para muchos gobiernos locales, el turismo suele percibirse como una actividad complementaria, mientras que las prioridades se concentran en seguridad, limpieza pública, transporte o desarrollo económico.
Sin embargo, quizá sea momento de abandonar esa separación. El turismo puede convertirse en una herramienta que contribuya simultáneamente a varios objetivos urbanos: revitalizar espacios públicos, fortalecer identidades locales, dinamizar economías de barrio y generar mayor apropiación ciudadana del territorio.
Pensemos en los corredores gastronómicos de Lima, en los proyectos de recuperación del Centro Histórico, en la puesta en valor de áreas culturales, en el potencial de los malecones costeros o en espacios emblemáticos como los Humedales de Villa. Cada uno de ellos ofrece oportunidades para conectar turismo, calidad urbana y bienestar ciudadano.
La pregunta para las nuevas autoridades ya no debería ser simplemente cómo atraer más visitantes. La pregunta más importante es cómo utilizar el turismo para construir mejores distritos y una mejor ciudad.
Una nueva forma de medir el éxito
Durante décadas hemos celebrado el crecimiento turístico a través de cifras de llegadas, pernoctaciones y gasto. Son indicadores importantes, pero quizás insuficientes para los desafíos que enfrentan hoy nuestras ciudades.
Para los alcaldes que asumirán funciones en los próximos meses, el verdadero reto no será únicamente atraer más visitantes. Será decidir qué tipo de ciudad quieren construir y qué papel puede desempeñar el turismo en ese futuro.
¿Puede el turismo ayudar a recuperar espacios públicos? ¿Puede fortalecer la identidad de los barrios? ¿Puede generar oportunidades para pequeños emprendedores locales? ¿Puede contribuir a una ciudad más segura, más inclusiva y más habitable?
Si la respuesta es afirmativa, entonces estamos dejando atrás una visión limitada del turismo como actividad económica para empezar a entenderlo como una herramienta de transformación urbana.
Quizás el verdadero indicador de éxito para Lima y sus distritos en los próximos años no sea cuántos turistas reciban, sino hasta qué punto el turismo contribuye a mejorar la vida de quienes viven allí todos los días.
Los nuevos alcaldes tienen ante sí una oportunidad poco común: utilizar el turismo no solo para promover sus distritos, sino para recuperar espacios públicos, fortalecer identidades locales, impulsar pequeños negocios y construir comunidades más cohesionadas y resilientes.
Porque al final, los mejores destinos turísticos del mundo no son aquellos que atraen más visitantes. Son aquellos que logran convertirse en mejores lugares para vivir. Si Lima y sus distritos consiguen avanzar en esa dirección, el turismo dejará de ser simplemente una actividad económica para convertirse en una verdadera herramienta de regeneración urbana.

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