Mover feriados no alcanza: la oferta turística debe despertar
La propuesta del Ministerio de Economía y Finanzas de trasladar determinados feriados a los lunes representa una decisión acertada para resolver una tensión real entre productividad y turismo. Durante años hemos debatido si los feriados impulsan el turismo o afectan la actividad económica. La respuesta es que ambas posiciones tienen parte de razón.
Precisamente por ello, la iniciativa merece reconocimiento. No se trata de eliminar feriados ni de restringir el derecho al descanso. Se trata de reorganizarlos de una manera más eficiente para las personas, las empresas y los destinos turísticos.
Además, el ajuste hacia los lunes parece más razonable que la alternativa inicialmente planteada de moverlos a los viernes. En muchas organizaciones ya existen mecanismos de flexibilidad laboral para el cierre de semana: jornadas reducidas, salidas anticipadas o modalidades híbridas que suavizan parcialmente el impacto de un viernes no laborable. En cambio, un lunes feriado permite una planificación más ordenada tanto para las empresas como para las familias que desean viajar. La continuidad operativa durante la semana mejora, mientras que los viajeros ganan fines de semana largos predecibles para organizar sus desplazamientos.
Desde una perspectiva turística, la medida puede convertirse en un estímulo importante para el turismo interno. Cuando las familias saben con anticipación que dispondrán de tres días consecutivos, aumenta la probabilidad de realizar viajes cortos, consumir servicios turísticos y explorar destinos cercanos. La experiencia internacional muestra que este tipo de esquemas puede consolidar una cultura de viajes internos cuando existe una oferta preparada para responder a esa demanda. Colombia, por ejemplo, aplica desde 1983 la denominada Ley Emiliani, que trasladó varios feriados al lunes para generar los conocidos “puentes festivos” y facilitar la planificación de periodos de descanso prolongados.
Sin embargo, sería un error asumir que mover feriados, por sí solo, garantizará el crecimiento del turismo. La medida puede poner a más peruanos en movimiento, pero no garantiza que los destinos estén listos para recibirlos. Ese es el verdadero desafío.
La demanda turística puede estimularse mediante una decisión gubernamental. La oferta, en cambio, requiere planificación, inversión y gestión. También requiere coordinación. Un destino turístico no compite únicamente a través de sus hoteles, restaurantes o atractivos. Compite como un sistema en el que participan autoridades locales, empresas, operadores turísticos, transportistas y comunidades receptoras. Cuando esos actores no trabajan de manera articulada, la experiencia del visitante termina resintiéndose. Si los fines de semana largos generan un incremento significativo de viajeros y los destinos no están preparados, los problemas aparecerán rápidamente: congestión, sobrecostos, deterioro del servicio y visitantes decepcionados.
Quienes conocemos el sector sabemos que atraer visitantes es apenas la mitad de la tarea. La otra mitad consiste en asegurar que la experiencia sea lo suficientemente satisfactoria para que quieran regresar y recomendar el destino.
Por ello, la discusión debe ampliarse cuanto antes hacia tres acciones prioritarias:
Primer pilar: gestión de ingresos responsable
Cada vez que se acerca un feriado largo se repite una práctica preocupante: algunos operadores interpretan el aumento de demanda como una oportunidad para elevar precios de manera desproporcionada.
Hoteles, transportistas y prestadores de servicios tienen derecho a aplicar estrategias de precios dinámicos. Eso forma parte de la gestión moderna de ingresos. El problema aparece cuando la lógica empresarial se convierte en una apuesta de corto plazo basada en capturar rentas extraordinarias.
El turismo interno peruano depende en gran medida de las familias de clase media. Si viajar durante un feriado se vuelve excesivamente costoso, muchas simplemente dejarán de hacerlo con frecuencia. El resultado es una reducción de la demanda futura y una pérdida de confianza en el mercado.
La verdadera oportunidad no está en maximizar el margen de un fin de semana largo. Está en generar más viajes durante todo el año. La estrategia ganadora no es la especulación; es la construcción de una relación sostenible con el viajero.
Segundo pilar: diversificación de destinos y productos
Otro riesgo es seguir concentrando la demanda en los mismos destinos de siempre.
Cuando miles de viajeros se dirigen simultáneamente a un número reducido de lugares, la experiencia inevitablemente se resiente. Se incrementan los tiempos de espera, la congestión vehicular, la presión sobre los servicios públicos y la insatisfacción de los visitantes.
El país posee una extraordinaria diversidad de territorios, pero aún existe una gran concentración de flujos turísticos.
Los nuevos fines de semana largos deberían convertirse en una oportunidad para acelerar la descentralización turística. Gobiernos regionales, municipalidades y empresas tienen la posibilidad de desarrollar rutas alternativas, fortalecer circuitos de proximidad y diseñar experiencias adaptadas a distintos segmentos de mercado.
Existe un enorme potencial en destinos cercanos a Lima y a las principales ciudades del país. Lugares como Chanchamayo, el Valle del Mantaro, Oxapampa, las rutas gastronómicas de Arequipa o diversos circuitos emergentes del norte podrían beneficiarse significativamente de una mayor demanda asociada a los fines de semana largos. La pregunta no es únicamente cómo atraer más turistas. La pregunta es cómo distribuirlos mejor.
Un turismo más descentralizado genera beneficios económicos para más territorios y reduce la presión sobre los destinos tradicionalmente saturados.
Tercer pilar: capacitación y calidad de servicio
Finalmente, el elemento más importante sigue siendo el talento humano. La diferencia entre una experiencia memorable y una frustrante rara vez depende únicamente del paisaje o de la infraestructura. En la mayoría de los casos depende de la calidad del servicio.
Un hotel puede tener instalaciones excelentes, pero una atención deficiente arruina la experiencia. Un restaurante puede ofrecer una propuesta gastronómica atractiva, pero un servicio lento o desorganizado deja una impresión negativa. Un operador turístico mal preparado puede convertir una gran oportunidad en una mala recomendación.
Los fines de semana largos generan momentos de alta presión operativa. Precisamente en esos momentos es cuando la calidad del servicio marca la diferencia. Por ello, las empresas deben invertir de manera continua en capacitación, hospitalidad, atención al cliente, uso de herramientas digitales y gestión de experiencias. La competitividad de un destino no se construye únicamente con infraestructura. Se construye con personas preparadas para atender mejor.
Una oportunidad que no debemos desaprovechar
La propuesta de trasladar feriados a los lunes va en la dirección correcta. Ayuda a conciliar productividad y turismo, facilita la planificación de viajes y puede contribuir al dinamismo económico de numerosas regiones del país. Pero no debemos caer en la ilusión de que el calendario resolverá por sí solo los problemas del sector.
Durante años hemos discutido cómo lograr que más peruanos viajen. Tal vez ha llegado el momento de discutir cómo lograr que más destinos estén preparados para recibirlos.
La demanda probablemente responderá. Los viajeros estarán listos. La verdadera incógnita no es si habrá más personas viajando por el país. Todo indica que las habrá. La pregunta es si empresarios, gobiernos locales y gestores turísticos estarán preparados para convertir esos viajes en experiencias memorables y en desarrollo económico sostenible para sus territorios.
Mover feriados es un buen comienzo. Pero el verdadero desafío está en preparar la oferta. Porque mover feriados puede ayudar a que más peruanos viajen. Preparar la oferta turística permitirá que quieran volver.

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