Huella ecológica del turismo: actualidad y desafíos en Perú
El sector turismo es uno de los pilares económicos más importantes del país, sustentado en su biodiversidad y en su extraordinaria riqueza histórica y cultural. Según las proyecciones del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés), la actividad turística habría aportado más de USD 23 000 millones a la economía peruana al cierre de 2025, lo que representa aproximadamente el 7.8 % del producto bruto interno (PBI).
No obstante, en los últimos años, se han registrado situaciones que ponen en peligro el desarrollo del turismo, como los derrames petroleros en la costa, la minería ilegal en la Amazonía o la gestión deficiente en la venta de entradas al Santuario Histórico de Machu Picchu. Por ello, es urgente apostar por un turismo regenerativo para garantizar el cuidado de la flora y la fauna, mitigar los efectos del cambio climático y recuperar lo que se ha dañado; y de esta manera garantizar una buena experiencia para las actuales y futuras generaciones.
¿En qué consiste la huella ecológica?
La huella ecológica es un indicador que mide la cantidad de naturaleza necesaria para sustentar a los seres humanos y sus economías. Fue establecido por el investigador Mathis Wackernagel en su tesis doctoral para la Universidad de Columbia Británica, entre 1990 y 1994. En este proceso, también participó su supervisor, el docente William Rees.
Para calcular la huella ecológica, primero es importante determinar la biocapacidad, es decir, la superficie mínima necesaria en el planeta para producir los recursos consumidos por cada individuo. Esta cifra se resta del total de recursos anuales generados por el planeta. El resultado final se expresa en hectáreas globales (hag).
Los cálculos globales realizados por la organización Global Footprint Network revelan que la humanidad hoy gasta recursos naturales más rápido de lo que el planeta puede regenerarlos y es necesario tomar acciones urgentes para revertir la situación.
La huella ecológica y su importancia en la actividad turística
La huella ecológica adquiere una importancia particular en el ámbito del turismo. ¿La razón? Los viajes producen residuos y emisiones de carbono que impactan directamente al medioambiente. También se genera un consumo de recursos como agua, energía y comida. En este contexto, la huella de carbono es un indicador que permite calcular con precisión cuánto le está costando al medio ambiente mantener la llegada de turistas en lugares tan frágiles como los que el país ofrece, desde los ecosistemas amazónicos hasta los de la costa y los Andes.
La medición de la huella ecológica en el turismo no solo tiene utilidad para detectar riesgos medioambientales, sino también para tomar decisiones estratégicas. Por ejemplo, contribuye a definir la capacidad de carga de un lugar, guiar las inversiones en infraestructura sostenible y fomentar modelos de gestión que logren un equilibrio entre el desarrollo económico y la conservación. Asimismo, es un instrumento esencial para que los actores públicos y privados tengan la capacidad de trazar políticas a largo plazo que prevengan el aprovechamiento excesivo de los recursos culturales y naturales.
En esta línea, la huella ecológica se vuelve un punto de partida para determinar la capacidad de sostenerse del sector y consolidar el compromiso del Estado en lo que respecta a la regulación, conservación y educación de los turistas. Para entender las contribuciones y los retos que afronta el sector público peruano, esta conexión es fundamental.
Aportes y desafíos del sector público en Perú
A la fecha, el Gobierno ha llevado adelante diversas iniciativas para reducir la huella ecológica del turismo. Entre ellas, se puede mencionar:
— Controles de acceso. Se han definido rutas y horarios específicos para visitar atractivos turísticos como Machu Picchu, por citar un ejemplo. Asimismo, se han establecido límites de visitantes para no deteriorar estas zonas naturales o arqueológicas. También se contempla una normativa donde se imponen sanciones más severas para las agencias que no cumplan con las especificaciones dadas, pudiéndo ser reportadas a las Gerencias Regionales de Turismo, al Colegio de Licenciados en Turismo o, incluso, a Indecopi.
— Conservación ambiental. Se han aprobado normativas para conformar parques nacionales y áreas protegidas en zonas que podrían sufrir daños graves si se permitiera una actividad turística intensiva. Entre ellas se puede destacar: Ley General del Ambiente (N.° 28611); Ley del Sistema Nacional de Evaluación de Impacto Ambiental (Nº 27446); Reglamento para la Protección Ambiental en las Actividades de Hidrocarburos (Decreto Supremo Nº 039-2014-EM), Reglamento para la Protección Ambiental en las Actividades Eléctricas (Decreto Supremo N.° 014-2019-EM); Reglamento de Estándares Nacionales de Calidad Ambiental del Aire (Decreto Supremo N.° 074-2001-PCM), Estándares Nacionales de Calidad Ambiental para Agua (Decreto Supremo N.° 004-2017-MINAM), entre otros.
— Fomento del turismo comunitario. Este modelo de trabajo es más amigable con el entorno y garantiza no solo el respeto por las comunidades locales, sino también una distribución de beneficios más equitativa. En el 2023 se promulgó la Ley de Promoción y Desarrollo del Turismo Comunitario (Ley 31797) con el fin de fomentar y potenciar la actividad turística liderada por Organizaciones de Base Comunitaria. Se busca que las pequeñas empresas turísticas, así como las compañías familiares y las asociaciones, se organicen para disfrutar de ventajas fiscales y administrar sus activos con mayor eficacia.
— Innovación digital. Conscientes del impacto de las tecnologías emergentes en el rubro, desde el Estado se ha buscado sumarse a esta ola para que el país no quede rezagado. En esta línea, en mayo de 2025, el Mincetur se reunió con investigadores de Malasia para compartir avances en IA aplicada al turismo, en el marco del estudio “AI-Powered Tourism: Best Practices and Strategies for APEC Economies”. En esa reunión, se discutieron diversas iniciativas que incluyen el piloto del Destino Turístico Inteligente (DTI) en Arequipa, apoyado por SEGITTUR (España), que tiene como objetivo combinar tecnología, accesibilidad y sostenibilidad; el Mincetur Lab 1.0, un laboratorio público de innovación que promueve soluciones sustentables para la industria, intervenciones sociales y prototipos tecnológicos; e iniciativas como Emprende Tec Turismo, cuyo propósito es financiar startups con proyectos de realidad aumentada e inteligencia artificial, y el proyecto Innovación para el Turismo Rural, creado para disminuir las disparidades tecnológicas en comunidades locales. Otro hito para destacar en este rubro es que Perú fue sede del Seminario “Inteligencia Artificial y Turismo en las Américas”, realizado en julio de 2025 junto con la Comisión Regional de ONU Turismo, consolidando su papel como referente regional en la aplicación de nuevas tecnologías para el desarrollo turístico sostenible.
Sin embargo, pese a los esfuerzos que se han dado en los últimos años, hay grandes retos pendientes para disminuir la huella ecológica del turismo en el país. Entre los principales se pueden mencionar:
— Ajustes de la regulación en ciertas regiones. Es necesario impulsar normativas concretas para destinos con características particulares a favor de su conservación y la seguridad de los visitantes. Por ejemplo, la Montaña de Siete Colores (Vinicunca) ha presentado disputas territoriales entre las comunidades de Tintinco, Llacto, Chillihuani y Paucarpata, lo que ha generado tensiones sociales y cierres momentáneos del acceso a los turistas. A pesar de que el lugar se volvió a abrir después de mesas de diálogo, los desacuerdos continúan y la solución sostenible a los conflictos depende de acuerdos territoriales seguros y estables. Asimismo, durante las inspecciones a los accesos de Vinicunca, se han encontrado guías que no poseen carnets oficiales, lo que evidencia la premura de implementar controles más rigurosos sobre los operadores, y actores en general.
— Balance entre conservación y crecimiento. Es importante evitar el sobreturismo; es decir, no aumentar la actividad turística a un nivel que genere conflictos para la preservación del patrimonio cultural y natural. Un ejemplo es el turismo en el Valle del Colca, que ha tenido una recuperación paulatina: aunque en 2023 seguía siendo inferior a los niveles prepandémicos, entre enero y mayo de 2024 aumentó significativamente un 104 % y llegó a alcanzar volúmenes parecidos a los de 2019. No obstante, este crecimiento hace necesario que se administre con precaución la capacidad de carga del circuito, se aseguren unos servicios apropiados y se impida la sobrecarga del medioambiente natural y cultural de la zona.
— Inversión en infraestructura ecológica. El Estado debe invertir en infraestructura más sostenible, acelerar y potenciar la reducción de residuos plásticos y continuar con la adopción de energías renovables. Algunos avances, aún insuficientes, pero que vale destacar son los siguientes: se ha autorizado una inversión de S/ 331 millones en Arequipa y el Valle del Colca para fomentar el turismo sostenible a través de 33 proyectos multisectoriales que abarcan medioambiente, cultura, transporte, saneamiento y turismo. Por otro lado, la evolución de las energías renovables —esencial para reducir la huella de carbono del turismo— está adquiriendo importancia: en Latinoamérica, Perú ocupa el quinto lugar en cuanto a atractivo para la inversión en energías renovables. Al mismo tiempo, firmas como Zelestra están promoviendo proyectos solares en el sur (por ejemplo, la planta San Martín en Arequipa) que logran reducir más de 500 000 toneladas de CO₂ anualmente.
Fortalecimiento de la educación turística
Otro aspecto vital para un real impacto de la huella ecológica es la concientización de los turistas acerca de cómo sus acciones afectan al medioambiente. El turismo responsable no solo está determinado por las políticas públicas o las inversiones de las empresas, sino que también necesita que cada viajero comprenda cómo contribuir a la preservación de los lugares visitados. Un viajero informado tiene la capacidad de disminuir su huella ecológica y, al promover prácticas responsables a su alrededor, ser un agente de cambio positivo. Algunas acciones que pueden ser muy útiles son las siguientes:
- Usar un transporte que sea sostenible. Las emisiones de CO₂ disminuyen notablemente cuando se camina, se utiliza la bicicleta y el transporte colectivo (por ejemplo, los autobuses turísticos oficiales). Además, posibilitan vivencias más genuinas e inmersivas, pues promueven el contacto directo con las comunidades locales y la naturaleza. Por ejemplo, en el Valle Sagrado se han estado fomentando rutas de trekking y cicloturismo como opciones al transporte motorizado.
- Implementar la regla de las tres erres (reutilizar, reciclar, reducir). Esta filosofía, simple pero potente, contribuye a que los visitantes tomen decisiones más responsables: usar bolsas y botellas reutilizables, optar por envases retornables, evitar productos desechables y separar correctamente los residuos. Lugares de interés como Machu Picchu ya han establecido limitaciones al uso de plásticos desechables, lo que subraya la urgencia de que los turistas nacionales modifiquen sus costumbres.
- Involucrarse en programas de turismo comunitario. Una manera de aprender y contribuir es mediante experiencias que unen al viajero con las comunidades anfitrionas. En áreas como Puno o el Valle del Colca, varias iniciativas muestran prácticas artesanales y agrícolas tradicionales, evidenciando la manera en que la cosmovisión de los Andes une el respeto a la naturaleza con la sostenibilidad.
- Utilizar la tecnología para tomar mejores decisiones y adquirir conocimientos. Hoy en día, hay aplicaciones para dispositivos móviles y plataformas de información que guían a los turistas sobre la huella de carbono, las certificaciones ambientales o las opciones de transporte sostenible. Por ejemplo, las campañas digitales que promueve el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur) tienen como objetivo instruir a los viajeros sobre sostenibilidad, mientras que las guías interactivas privadas ayudan a descubrir servicios y alojamientos responsables.
Para impulsar un turismo regenerativo en Perú, es necesario considerar la huella ecológica como una parte central del progreso nacional, no como un concepto secundario. Disminuir el impacto medioambiental del turismo no solo conserva los recursos, sino que también protege la propia base de la competitividad del sector frente a otros lugares internacionales en un país cuyo principal punto fuerte es lo exclusivo de su patrimonio cultural y natural. Cada esfuerzo que se hace para regular la capacidad de carga, invertir en energías limpias o educar a los turistas es, en realidad, una inversión en el futuro económico del país y en mantener al Perú como un destino seguro, auténtico y responsable dentro del mapa global.
Asimismo, el progreso hacia un turismo con una huella ecológica más baja posibilita la disminución de conflictos sociales y el fortalecimiento de la relación con las comunidades locales. En sitios como el Colca, la Amazonía o Vinicunca, los conflictos relacionados con el aprovechamiento de los recursos indican que un crecimiento turístico sin considerar el espíritu regenerativo se vuelve insostenible. Para que los beneficios económicos se distribuyan de manera justa y perdurable, es necesario optar por modelos de turismo comunitario, hospedajes ecológicos e innovación digital con criterios verdes. Por lo tanto, el país no solo mantendrá su biodiversidad y su cultura milenaria, sino que además fortalecerá una narrativa turística que puede atraer a un viajero cada vez más consciente, en busca de experiencias responsables y transformadoras.

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