El rol del turismo en la descentralización económica del Perú
El turismo en el Perú ha experimentado una lenta recuperación después de la pandemia; eso es incuestionable. Sin embargo, más allá de una eventual pérdida de competitividad regional, la concentración territorial en el sector turístico es lo que realmente preocupa en términos de sostenibilidad económica. Un pequeño número de regiones concentra la mayor parte del flujo —y, por ende, del ingreso— mientras extensas áreas con potencial quedan fuera de la cadena de valor del sector. Si realmente aspiramos a que el turismo impulse la descentralización económica, es necesario asumir ese diagnóstico sin rodeos y pasar de las declaraciones a la creación de un diseño institucional, financiero y operativo que permita distribuir oportunidades.
Por lo tanto, es apropiado iniciar un debate fundamentado en evidencia para reducir las brechas: examinar datos oficiales recientes, cotejar la distribución del turismo a nivel nacional e internacional por región, identificar las barreras que perpetúan la concentración y comprometer a las autoridades y empresas con acciones concretas, factibles y auditables. No se trata de “promover más”, sino de gestionar mejor: convertir el turismo en un verdadero motor de descentralización que vincule la inversión, el empleo y el orgullo local.
Una radiografía al flujo turístico
Mientras esperamos las cifras oficiales de 2025, el análisis se realizará con la información disponible hasta 2024. Los datos consolidados del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur) correspondientes a ese año muestran dos aspectos centrales: progreso y asimetría. El turismo receptivo generó alrededor de USD 4 860 millones en divisas y el país recibió 3 256 693 turistas internacionales, lo que representa un incremento del 29 % respecto al año anterior. Paralelamente, el turismo interno produjo un impacto económico de USD 6 456 millones y movilizó 44,1 millones de viajes. Asimismo, los principales atractivos turísticos registraron 14,1 millones de visitas en 2024, alcanzando el 95,4 % de los niveles prepandémicos.
El matiz que no se puede pasar por alto es el siguiente: la distribución continúa siendo absolutamente desigual. Cusco encabezó el conteo con 5,1 millones de visitas, seguido por Lima, Ica y San Martín. Solo el Santuario Histórico de Machu Picchu superó 1,5 millones de ingresos en 2024. La imagen final es nítida: estamos creciendo, pero el crecimiento está centralizado; y si el gasto se enfoca en pocos destinos, no se descentraliza. Estas cifras sitúan al turismo como un sector de importancia macroeconómica y con capacidad para redistribuir, siempre que sus beneficios no se concentren en unos pocos destinos y agentes.
Dinámica entre turismo nacional e internacional: diferencias relevantes
En términos absolutos, el turismo interno es más masivo y, especialmente, más disperso geográficamente que el turismo receptivo. Los viajes nacionales (44,1 millones en 2024) presentan patrones distintos: Lima, Ica y La Libertad tienen una mayor participación como destinos locales. Por otro lado, regiones que suelen ser “receptivas”, como Cusco, continúan siendo relevantes debido a su atractivo internacional. El viajero nacional suele trasladarse por razones de diversión, fiestas locales y visitas a familiares y amigos, lo cual produce efectos estacionales y posibilidades para recorridos de corto alcance que vinculan ciudades intermedias.
El visitante extranjero es el mayor generador de ingresos porque cada uno de ellos durante su visita gasta más divisas. No obstante, están fuertemente concentrados en corredores con buena conectividad aérea o terrestre y en lugares de marca mundial (Lima cosmopolita, Arequipa, Cusco/Machu Picchu, Puno). A pesar de que la variedad de la demanda global (Sudamérica, Norteamérica, Europa y Asia con diferentes perfiles) requiere una oferta segmentada, la mayor parte del gasto continúa concentrándose en unas pocas regiones, lo cual restringe la descentralización natural que algunos promotores anticipan.
Fallas estructurales de la distribución de turismo
Para que el turismo funcione como un agente de descentralización económica, además de voluntad, que no falta, también son necesarias condiciones básicas que actualmente no están presentes o son insuficientes en numerosas regiones.
A continuación, se presentan cinco problemas estructurales identificados a partir de las prácticas de gestión territorial y la evidencia:
- Conectividad costosa e insuficiente: Los viajes hacia destinos emergentes (Pasco, Huancavelica, Ucayali o Madre de Dios, por citar algunos ejemplos) se hacen más costosos y tardan más debido a la falta de vuelos comerciales en aeropuertos regionales, el mal estado de las carreteras y la carencia de conectividad multimodal. Esto limita la llegada de turistas extranjeros y el flujo de excursionistas nacionales. Recordemos que sin conectividad no hay turismo.
- Gobernanza fragmentada y recursos mal gestionados: no existen instrumentos fiscales que vinculen la recaudación de impuestos turísticos con la inversión pública en el ámbito local, además de que no hay coordinación eficiente entre los distintos niveles del gobierno (nacional, regional y local). Los incentivos que existen en la actualidad no garantizan que los beneficios turísticos se reinviertan en la zona de demanda. Esto genera un comprensible descontento en las comunidades.
- Limitaciones en la formalización y capacidad empresarial: las microempresas y los negocios turísticos ubicados en zonas periféricas enfrentan dificultades para acceder a financiamiento, capacitación digital y normas de calidad que les permitan integrarse a cadenas de valor más lucrativas. Si bien “Turismo Emprende” tenía ese propósito, aún requiere cambios en la escala y el enfoque.
La consecuencia de este panorama es un ecosistema en el que la oferta emergente no se vincula a cadenas de valor lucrativas y el visitante acaba optando por rutas predecibles.
¿Por qué tenemos regiones rezagadas en turismo?
Las cifras más recientes del Mincetur vinculadas a la afluencia de turistas permiten identificar una tipología de regiones:
- Polos internacionales de concentración: Arequipa, Cusco, Lima y Puno.
- Destinos con gran demanda interna y potencial (pero con impacto moderado): Piura, Junín, La Libertad e Ica.
- Zonas con una oferta abundante no aprovechada (alto potencial, bajo impacto real): En ciertos segmentos, Loreto, Huancavelica, Huánuco, Tacna, Moquegua y Apurímac.
Es en este tercer grupo donde se juega la descentralización: si no se integran con corredores consolidados, si no elevan estándares y si no aseguran reglas estables, continuarán excluidos de la distribución. Todo ello, además de la seguridad integral brindada a los turistas.
Ahora, en esta última tipología, vale la pena hacer un zoom a cuatro de estas regiones para reflexionar sobre la paradoja que existe, dado que son regiones con gran potencial:
Apurímac: A las sombras de una eterna espera
Apurímac alberga valiosos recursos naturales y arqueológicos, como la laguna de Pacucha, Choquequirao y el Santuario de Ampay; estos tienen posibilidades para la aventura y la cultura. La dificultad es la accesibilidad: un trekking exigente, servicios limitados y débil coordinación comercial. La propuesta de un teleférico para disminuir los tiempos de acceso ha sido planteada en el debate público desde hace varios años, siendo esta opción necesaria por sus efectos económicos favorables: mayor número de visitantes, empleo directo e indirecto, pero también tiene riesgos medioambientales y gentrificadores si no se planifica con criterios de gobernanza local y sostenibilidad.
Se necesita un esquema mixto para resolver el problema: una mejora progresiva de la infraestructura de acceso a través de rutas sostenibles, inversión en los servicios locales (guías certificados y alojamiento comunitario) y una evaluación medioambiental estricta para cualquier proyecto de mayor envergadura.
Moquegua: un destino costero y gastronómico no aprovechado
Moquegua fusiona patrimonio colonial (Cerro Baúl, Torata), actividades marítimas y costeras (Ilo, playas) y termalismo (Ticsani, baños de Putina). La cercanía al puerto de Ilo posibilita la articulación de cadenas de valor con turismo, gastronomía y pesca. La región tiene la oportunidad de convertir su oferta en un gasto turístico local más elevado, pero si no implementa una estrategia integrada de producto y de fortalecimiento gastronómico/artesanal, esta oportunidad se pierde. Medidas específicas: impulsar redes mar-sierra (Ilo-Torata), certificar lugares para el turismo de pesca y destinar recursos para adecuar las termas con estándares logísticos y de calidad.
Pasco: un paraíso geológico
Pasco posee uno de los patrimonios geológicos más singulares del país: el Bosque de Piedras de Huayllay, un ambiente natural excepcional que tiene el potencial de transformarse en un sitio para el turismo natural, científico y de aventura. Sin embargo, su potencial se ve limitado debido a la escasa promoción en el ámbito nacional e internacional, la limitada formalización de servicios (escasa certificación de los alojamientos y guías) y la baja conectividad (malas condiciones de las carreteras y señalización turística deficiente). Además, el reto para la zona es diversificar su economía, que hoy en día se sustenta en la minería, en actividades sostenibles que generen más empleo formal.
Para aprovechar al máximo este recurso, se requiere una estrategia integral a nivel regional que vincule al sector académico, operadores turísticos y gobiernos locales; desarrollar un plan promocional diferenciado que conecte Huayllay con recorridos turísticos culturales y científicos (comidas de alta montaña, celebraciones); y destinar inversiones para infraestructura vial a través de proyectos de obras por impuestos (OxI). Con este modelo, Pasco podría reubicarse como un centro turístico emergente y disminuir su dependencia del sector extractivo.
Madre de Dios: Un paraíso tras las sombras de la minería ilegal
Madre de Dios es la puerta de entrada a la Amazonía sur y contiene varias áreas naturales protegidas, entre las que se incluyen el Parque Nacional del Manu y la Reserva Nacional Tambopata, que son de los espacios más emblemáticos del país. Su extraordinaria biodiversidad convierte al destino en el sitio ideal para hacer turismo de naturaleza, avistar aves y tener experiencias inmersivas en la Amazonía. Sin embargo, el sitio afronta presiones significativas: la minería ilegal, el turismo sin regulación y la deforestación, que amenazan la sustentabilidad de ese destino.
Aunque la zona tiene un aeropuerto en Puerto Maldonado y lodges con reconocimiento internacional, todavía no ha establecido un sistema de gobernanza que asegure la regulación de la capacidad de carga, la certificación ambiental de los hospedajes y la inclusión de las comunidades en el proceso de creación de valor.
Una política efectiva debería priorizar tres puntos: crear un sistema regional de certificación ecológica obligatoria para lodges y operadores; destinar una fracción de los ingresos del turismo a la supervisión y protección de áreas naturales; y optimizar la conectividad terrestre y aérea con el fin de reducir la dependencia de operadores informales. Por lo tanto, Madre de Dios tiene el potencial de convertirse en un referente de turismo sustentable en la Amazonía, siendo capaz de generar ingresos sin comprometer su patrimonio natural único.
¿Cómo generar una descentralización turística?
Recetas generalistas y teóricas abundan. Ahora, se necesitan estrategias con aplicación inmediata y métricas que permitan un monitoreo en tiempo real. Entre otras se proponen:
1) Gobernanza colaborativa en el sector turístico
Aunque cada región formula su Plan Regional de Turismo (PERTUR) en la actualidad, hay grandes oportunidades de mejora para una colaboración entre regiones cercanas. Una acción fundamental consistiría en establecer Consejos Macrorregionales de Turismo (como Costa Centro-Sur, Sur Andino o Noramazónico) para administrar proyectos conjuntos relacionados con la infraestructura, la promoción y la capacitación. Esto facilitaría la coordinación de grupos turísticos evitando que cada región “jale agua para su molino”. Podría organizarse bajo la dirección del Mincetur, basándose en el modelo de mancomunidades regionales que ya está establecido en la Ley Orgánica de Gobiernos Regionales.
2) Potenciar y mejorar la eficacia del Fondo para la Promoción y Desarrollo Turístico Nacional
En el 2022 se creó la Ley N.º 27889 (Ley que crea el fondo y el impuesto extraordinario para la promoción y desarrollo turístico nacional) cuyo propósito fue crear un sistema constante para financiar proyectos y actividades que promuevan el desarrollo del turismo a nivel nacional. En 2025 se modificó la distribución del fondo del siguiente modo: Promoción turística (a cargo de PROMPERÚ) 50% y mejora de la infraestructura turística (a cargo de Plan COPESCO Nacional y regiones) 50%. Antes, la promoción recibía entre 70% y 80% del Fondo.
Una alternativa para mejorar la eficiencia del fondo sería crear un ente gestor independiente del Fondo con participación tripartita: Estado, gremios turísticos regionales, y sociedad civil. Asimismo, podría desarrollarse un mecanismo de focalización dinámica territorial, donde las regiones menos turísticas reciban mayor cofinanciación o mayor porcentaje de recaudación in situ. Actualmente, existen muchas críticas porque se priorizan zonas consideradas como patrimonio Unesco, lo cual deja fuera muchas otras regiones que también necesitan promoción y apoyo.
También, se podría destinar una parte del Fondo (mínimo un 5 a 10%) al empoderamiento de comunidades nativas y campesinas para desarrollar ecoturismo, turismo vivencial y artesanía responsable.
3) Políticas y un plan para la conectividad multimodal
Se recomienda un programa de conectividad multimodal (aérea, por carretera y ferroviaria) que se centre en corredores secundarios. Esto supondría determinar y subsidiar rutas aéreas estratégicas, de acuerdo con modelos de Obligación de Servicio Público (PSO), hacia aeropuertos regionales con potencial de demanda turística. También se trataría de mejorar las vías críticas que afectan los tiempos de transporte desde el origen hasta el destino final. El planteamiento surge porque el acceso al turismo internacional supone una barrera debido a los costos y el tiempo, y para el turismo nacional interregional representa un desincentivo.
La ejecución de esta propuesta sería responsabilidad de las aerolíneas locales, el Mincetur, los gobiernos regionales y el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC). Esta se financiaría mediante un esquema que comprende aportes temporales para rutas emergentes, fondos del Fondo de Promoción y Desarrollo Turístico Nacional e inversión privada. La evidencia mundial muestra que abrir una ruta aérea, con potencial demanda, puede aumentar considerablemente la capacidad receptiva de un lugar en solo unos años.
4) Implementación y fomento de clusters turísticos
Se sugiere la creación de una red de clusters turísticos a escala regional, basada en el desarrollo de circuitos y paquetes comerciales que conecten destinos turísticos con una marca conocida, como Cusco, y otras ubicaciones próximas o complementarias, tales como las termas de Moquegua o Choquequirao en Apurímac. Estos paquetes incluirían tarifas combinadas, servicios logísticos coordinados y estrategias de promoción conjunta. La lógica es transformar la concentración de turismo en una herramienta para el progreso: si se les ofrece a los visitantes que llegan a un área consolidada un recorrido extra, es posible que permanezcan más tiempo y su experiencia se vuelva más enriquecedora.
La implementación del proyecto estaría a cargo de PromPerú, los gobiernos regionales, las empresas privadas dedicadas al turismo y los grupos de guías. En cuanto al financiamiento, este se sostendría mediante incentivos tributarios para los que comercialicen paquetes con varias zonas y subsidios para la promoción inicial.
5) Formación y profesionalización de servicios turísticos locales
La descentralización no solo involucra aspectos de infraestructura, sino también de capital humano. Frecuentemente, el turismo en zonas emergentes se enfrenta a servicios de baja calidad, como hospedaje inadecuado, restaurantes que no cumplen los estándares y guías poco capacitados.
Una alternativa complementaria a la primera propuesta es que el Fondo para la Promoción y Desarrollo Turístico Nacional dedique un porcentaje de sus recursos financieros a programas de capacitación y acreditación técnica, los cuales se organizarían en colaboración con universidades locales, Senati y Cenfotur. Esto brindaría confianza al visitante y garantizaría que, al dejar los lugares establecidos, la experiencia turística mejore.
Conclusiones
El turismo no debe seguir concibiéndose como un simple tránsito de turistas a los mismos destinos de siempre. Aunque los números del 2024 indican recuperación y masa crítica —más de tres millones de turistas internacionales, millones de viajes internos—, la falta de mecanismos redistributivos incrementará las brechas. Descentralizar no consiste en hacer más carteles, sino en administrar cadenas de valor regionales con creatividad, regulación, seguridad y conectividad.
La descentralización es posible si se toma en cuenta una agenda integrada: un fondo redistributivo con rendición pública, concesiones que propicien el desarrollo local, conectividad que acorte los tiempos reales, formalización y digitalización de la oferta y seguimiento de proyectos con liderazgo público-privado. Con criterios ambientales y sociales precisos, zonas como Apurímac, Moquegua, Pasco o Madre de Dios tendrían la posibilidad de dejar de ser notas al pie. No como islas turísticas, sino como nodos interconectados que distribuyen riqueza a través de todo el país.
La fórmula es conocida: un Perú que se enfoca en unos pocos destinos, mientras el resto observa desde la tribuna. La elección —tanto política como técnica— es hoy. Descentralizar el turismo no es un lema, sino una manera de invertir dinero, establecer reglas y utilizar talento en donde decimos que está el futuro. Si lo llevamos a cabo, el sector turismo dejará de ser una promesa y pasará a ser una fuente de empleo, generará ingresos a cada región y será un vehículo para aumentar la autoestima de millones de peruanos.

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