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Todos amamos los vinos, como siempre, los tintos son los de mayor demanda, luego le siguen los blancos, las burbujas y los rosados. Muchas sociedades tienen esta radiografía enológica y en Perú ese es casi también el orden. Somos una sociedad que gracias a la gastronomía Top Rank que gozamos y al Pisco, llama a que el vino se apodere de nuestra sangre. De hecho Argentina, Chile, Brasil, tienen producciones inmensas, vecinos nuestros que cada día hacen más y mejores caldos. Pero la balanza se tira hacia nuestro lado por una gran factor, nuestra mesa. Cada bebida que se nos pone de moda es porque las recetas nos piden una cepa enérgica. Nuestra sazón exige mayores retos, denominaciones de origen, universos más amplios, la facilidad de ampliar nuestras cartas de vinos y ser más de mundo.

Cada peruano que lucha dentro o fuera del litoral, merece por su esfuerzo una buena botella en casa. Como comentaba en anteriores artículos, la mesa es el premio a la lucha, estar unidos compartiendo el pan y el vino no tiene nombre. Al día es darle algo puro y franco a nuestros recuerdos, que al final de éstos vivimos y crecemos.

Sabiendo ya que Luján de Cuyo está de moda, Mendoza, Argentina no para de evolucionar, de darnos lo que queremos. La historia de la bodega a continuación se remonta a 1888, cuando inmigrantes Italianos arriban a Sudamérica en busca de terrenos sólidos para el vino. Las familias Nieto y Senetiner adquieren en 1969 la bodega, ampliando e inyectándole lo que sería hoy por hoy uno de los líderes gauchos en el mundo. Su Don Nicanor, gran vino, amor por la tierra, un vino seguro, confiable y adulto, de precio fabuloso, nos ofrece su blend. Un vino de regalo para el que cumple función de tutor, de padrino, de tío, de maestro. La mezcla sale de muchos retos y de seguir conquistando con aroma y sabor el equilibrio infinito que ha sabido calzar en nuestro lenguaje gastronómico Nieto Senetiner. Con los más altos estandares de calidad e innovación cruza la idea de ser un buen acompañante de nuestra compleja e histórica cocina. Malbec, Cabernet Sauvignon y Merlot, distribuidos en este blend en partes iguales, gracias al análisis exhaustivo de especialistas, uniendo así un rompecabezas difícil de lograr y fácil de amar. Una viña de 37 años, cosecha manual, 12 meses de barricas francesas de segundo uso, uno vino que te da más por lo que pagas. El balance de este blend es un secreto que ellos han sabido guardar y nosotros somos un paladar único que hoy lo podemos degustar. 400 hectáreas de mucho amor, pasión y sacrificio.

Vino para la cava, vino que se acaba. Degústalo con amigos a ciegas y encuentren los lazos varietales, los recuerdos hay que seguir alimentándolos de buen vino.

Este vino es para siempre, no le falles.

 

*Marca Perú

 

 

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