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El Vino de la Semana José Bracamonte José Bracamonte

Luigi Bosca, Riesling, Las Compuertas

Es muy usual que el vino blanco siempre se beba en verano, en un día de calor, o iniciando una comida como aperitivo. Su frescura, si, su deliciosa y ácida presencia en el paladar despierta los sentidos, nos limpia y prepara para recibir alimentos o un circuito nuevo de sabores que necesitan ir increchendo, subiendo poco a poco su nivel graso o complejo. Por eso los vinos blancos siempre anteceden un gran festín. Basta ya de ir directo al tinto, despierta, sométete al rito de la ciencia festiva de la gastronomía y deja salir a ese gourmand peruano que llevas dentro. Así como son varios platos en un almuerzo que cada uno va subiendo en potencia, proteínas y carbohidratos, en el vino es igual. Por eso el vino blanco existe en la mesa.

Es muy usual que el vino blanco siempre se beba en verano, en un día de calor, o iniciando una comida como aperitivo. Su frescura, si, su deliciosa y ácida presencia en el paladar despierta los sentidos, nos limpia y prepara para recibir alimentos o un circuito nuevo de sabores que necesitan ir increchendo, subiendo poco a poco su nivel graso o complejo. Por eso los vinos blancos siempre anteceden un gran festín. Basta ya de ir directo al tinto, despierta, sométete al rito de la ciencia festiva de la gastronomía y deja salir a ese gourmand peruano que llevas dentro. Así como son varios platos en un almuerzo que cada uno va subiendo en potencia, proteínas y carbohidratos, en el vino es igual. Por eso el vino blanco existe en la mesa.

El orden adecuado sería burbujas, vino blanco, rosado, tinto, un dulce licoroso y un Pisco. Por dar un ejemplo de cómo es que sería bueno llevar la fiesta de la uva.

 

Todos pensamos que el vino blanco es para mujeres, pero hoy las encuestas mencionan que al vino blanco se le ha encontrado un sentido mucho más de complemento de vida al haber cambiado los papeles entre los sexos, hoy las féminas beben vinos de uvas más potentes que los hombres, y no potentes en alcohol sino en expresión.

En los tintos la fuerza se mide por la tanicidad o aspereza que se coge de tus encías y no se quiere ir.

La expresión se mide en los blancos por la concentración de acidez, lo que le da una mineralidad equilibrada y un acento en los maxilares inferiores que deja una huella salvaje y se combina con lo floral y untuoso que pueda ser el vino dependiendo que tanto se gastó el enólogo en estructurar su obra de arte.

 

Por eso les traigo esta roca de mar, así la llamo yo, porque me hace sentir que entro a una cueva en una isla perdida dentro de un sueño paradisíaco, lleno de esa mineralidad y equilibrio entre el relax, cazar tu propio pescado y hacerte un ceviche, sumergirte en un universo biodinámico sano y eterno, en donde no participan pesticidas ni químicos para su elaboración. Este es un vino de aquellos para llevar a un viaje donde te olvidas de todo, tú y tu pareja, llegan por fin a ese día en donde mandas todo a la papelera de reciclaje y donde la pantalla de tu compu solo tiene la sombrilla y mucho mar, aislado del oleaje de la vida.

 

Este vino es para eso, un viaje al norte, en medio de la nada con la persona que quieres estar, bebiendo este Riesling, fresco y semigraso como nunca lo has probado, más puro que un Alsaciano Francés o uno del valle del Rhin en Alemania. Sin maloláctica y sin madera, sin exageraciones, pleno y de una textura extraordinaria para beberte 10 botellas y seguir pidiendo más pescado crudo decorado de nuestro único y perpetuo limón peruano. Tuvieron que pasar 60 años para que la vid madure y podamos disfrutar de este resplandor en boca y nariz. Al beberlo siento que debo seguir de viaje y no regresar jamás.

 

Ahora en Lúján  de Cuyo, en Mendoza Argentina, brotan uvas que han alcanzado una dimensión muy sexy para el paladar, dicen que las muchas horas de sol alimentan el cuerpo elegante de esta joya. Un lenguado bien puesto, una langosta, unos calamares flambeados al Pisco, hecho a 1050 metros sobre el nivel del mar, la altura es cómplice de la pureza que atrae comida de mar y nos recuerda el viaje a las cataratas de Ocho Ríos en Jamaica o el brillo del sol en Mas Palomas en la isla de Gran Canaria. Vino para parejas, busquemos el mar ¨, es lo único que le falta decir en la etiqueta.

Ya había probado antes los viñedos de la Finca Los Nobles, pero este es un nuevo descubrimiento para mi, felizmente llegué antes que ustedes a él, recién nuevecito en nuestro mercado, así que me pareció muy buen idea en esta época de verano presentárselos. 

La familia Arizu ha sido pionera en la utilización de esta cepa desde el año 1970, así que ya saben cómo, dónde y cuándo trabajarla. Las uvas son cosechadas manualmente, de solo 6517 botellas al año, selección limitada, para algunos suertudos enófilos. Así que no te olvides de compartirla y llevarla en tu siguiente viaje de vacaciones a ese lugar por el que viniste ahorrando y sueñas con vivir ahí. Snorkel y bote listos! 

 

 

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