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Una de las gratas sorpresas que podemos encontrar por estos días en la cartelera, a pesar de la canibalización sometida por Avengers: Endgame, es Nosotros. La segunda película de Jordan Peele está enmarcada en el terror de influencia clásica y se desarrolla en una década atractiva para el género, los años ochenta.

La expectativa que ha generado Nosotros tras el éxito de ¡Huye! (2017) -la ópera prima de Peele que llegó a ser nominada a los últimos premios Oscar en la categoría Mejor Película y obtuvo una estatuilla dorada por Mejor Guion Original- cubre las ilusiones depositadas por un buen sector del público y de la crítica, aunque tiene algunos aspectos que la hacen menos apreciable que su antecesora.

En Nosotros se narra la historia de Adelaide Wilson (Lupita Nyong’o), una mujer que regresa al balneario de Santa Cruz después de 30 años. Este lugar no guarda gratos recuerdos para la mujer. De niña le sucedió algo que la marcó para toda la vida. En su nueva visita a Santa Cruz, Adelaide estará acompañada de su esposo y sus dos hijos. Una noche, en la casa de recreación donde los Wilson pasan sus días de esparcimiento, reciben la incómoda visita de cuatro personas misteriosas que tienen más de un punto en común con los veraneantes.

Si bien Peele sigue algunos tópicos que ya había abordado en ¡Huye!, como la segregación racial en clave de ironía y el rol de un gobierno torpe que poco o nada sabe sobre sus ciudadanos, en Nosotros es el atractivo planteamiento de su trama lo que llama la atención a fin de explorar lo más recóndito y oscuro del ser humano, por un lado.

La otra arista del discurso propuesto por Peele está fundamentada en que a partir de una explicación de lo que podría ser la familia convencional, dentro de los parámetros que dictan las reglas sociales estadounidenses, sobre todo blancas y predominantes respecto a los núcleos básicos afroamericanos, el realizador vuelve al humor negro para enfatizar su ideario de denuncias contra las minorías en su país. Peele sabe cómo “burlarse” de la comunidad afroamericana -su comunidad- sin ser irresponsable, mucho menos victimizándose, y eso es un gran mérito. Sin duda, su anterior faceta de comediante respalda el ingenio que aplica a sus obras.

Pero, si solo creyéramos que Nosotros es una película de terror disfrazada de proclama política reivindicadora, alimentaríamos una corriente que se defiende mejor en las protestas de las calles. Cuando Adelaide y su familia reconocen que tienen versiones idénticas de sí mismos y que vienen por ellos para ajustar deudas del pasado, todo en la película adquiere un tono siniestro, sórdido y excitante.

Apoyado en la figura legendaria del doppelgänger -ese doble distorsionado y, en ocasiones, hasta malévolo que todos tenemos, supuestamente- Nosotros recorre el camino del suspense sin que el componente fantástico se desvíe por la ruta de la exageración o la ridiculez; por el contrario, el aura de cinta home invation que desprende el filme de Peele es, por momentos, una muestra ejemplar de tensión claustrofóbica; además de la incomodidad que transmiten las persecuciones y el descenso simbólico hacia un mundo lóbrego del que será imposible escapar.

No obstante, al igual que Tim Burton en Dumbo (2018), a Peele se le nota condicionado por las preferencias de la industria, diluyendo, especialmente en la media hora final, la esencia de Nosotros y que expuso ¡Huye! Así, apreciamos a Peele esforzándose demasiado por extender sus giros argumentales e intentar una explicación innecesaria, detallada, de todo lo que sucede. Aunque con menos ruido que el director californiano, Peele añade cuestiones de valoración que tienden a debilitar el desenlace. Cuando mayor intensidad agarra la película, y la expectativa aumenta por conocer cómo se resolverá la trama, los hechos se manipulan de forma calculada y se abandona la emoción forjada desde el inicio gracias a un ritmo escalonado y potente. Los mecanismos para acercarse hacia un final satisfactorio pierden consistencia cuando Nosotros mira exclusivamente en dirección a la historia y descuida el método para cerrarla.

A pesar de ello, el segundo trabajo de Jordan Peele se disfruta y emociona mucho más que el promedio de la oferta de películas de terror que se exhiben en los espacios cinematográficos comerciales.

 

 

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