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largo tiempo

Para clasificar al mundial de Rusia, la selección peruana recorrió un camino largo y complicado. Trascurridas siete fechas solo pudo alcanzar cuatro puntos de 21 posibles. La prensa creía que revertir la situación era imposible y pedían la cabeza del entrenador. Los más incondicionales hinchas apoyaban, pero no bastaba. Sin embargo, hubo un punto de quiebre en que los dirigidos por Ricardo Gareca creyeron que la clasificación era posible. Llegar a la tierra de Chéjov no solo dependía de la pizarra del técnico argentino y de la capacidad técnica de un grupo de jóvenes deportistas. Gareca y su grupo de trabajo inyectaron a los futbolistas una idea sencilla y demasiado conocida: debían creer en ellos mismos. Ese mensaje -que puede parecer insumo para un libro de autoayuda charlatana al estilo de Paulo Coelho-, junto a una seria gestión administrativa, fue lo que llevó a Perú a una cita mundialista después de 36 años. La esencia de ir contra todo pronóstico y creer que cada paso es posible -gracias a un trabajo organizado donde todos los integrantes conforman un grupo sólido- es recogida por Gonzalo Benavente en su documental Largo tiempo (2018).

El trabajo del realizador peruano no solo aborda el proceso de formación de una escuadra de fútbol y los partidos que esta afronta, Benavente se apoya en el contexto político, social y económico de las últimas tres décadas y media para explicar las causas de la frustración de un país que estuvo marcado por la incertidumbre que infundió el terrorismo y la inflación. No obstante, más allá de un panorama sombrío y sin esperanzas ¿se puede asociar al fútbol con la descomposición que una sociedad va experimentando? ¿Es el fútbol una herramienta que ayuda a aliviar los malos momentos sociales? ¿Puede un futbolista ser el símbolo de un país y la bandera de orgullo para millones de ciudadanos? ¿Se puede incluir al deporte como una columna de la identidad nacional? En Largo tiempo se plantean interrogantes de tipo sociológico que ayudan a descubrir cómo el fútbol influye en el ánimo de un país. Benavente se apoya en material de archivo y en entrevistas a periodistas, escritores y sociólogos quienes explican la relación fútbol-sociedad.

Otra de las fortalezas del trabajo de Benavente consiste en haberle dado un ritmo vibrante como si estuviéramos apreciando un buen partido de fútbol. El trabajo de musicalización y edición es tan depurado que por momentos se acerca a la narración de una gesta épica (¿acaso lo alcanzado por la selección no ha sido eso?). Sin embargo, esta epopeya audiovisual tiene todo tipo de dramas. Desde un héroe depuesto y la ascensión de un nuevo caudillo (Pizarro y Guerrero); el castigo, la regeneración y la vuelta del hijo pródigo (Farfán y Advíncula); la revalorización de los ninguneados (Gallese, Cueva, Flores, Ramos y Ruidíaz); la visualización de las figuras del futuro (Tapia); hasta la caída de los falsos héroes y los talentos desperdiciados que pueden ser nocivos para un grupo (Zambrano y el mito de los Cuatro Fantásticos). La exposición de estas situaciones va respaldada por las reflexiones de los entrevistados, quienes permiten que el documental no caiga en un ejercicio de fanatismo. Menos mal. El equilibrio de información tampoco desdibuja el objetivo del director: narrar una buena historia con toda la pasión que el fútbol representa para millones de hombres y mujeres. Además, Benavente sabe que contar una historia como la que aborda abre una oportunidad para reflejar las emociones y los pensamientos de una generación desesperanzada deportivamente, aquella que hoy está integrada por personas de entre 30 y 40 años de edad.

En conclusión, Largo tiempo es un documental no solo recomendable para los amantes del fútbol, también los es para aquellos que deseen descubrir la relación que el deporte tiene con el contexto histórico reciente y donde la voluntad, y el trabajo responsable, dan buenos resultados.

 

 

 

 

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