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rehenes

El 17 de diciembre de 1996, un grupo de terroristas del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) tomó por asalto la residencia del embajador japonés en Perú donde 800 personas, aproximadamente, celebraban el natalicio del emperador Akihito. Tras una celebrada operación militar que luego sería cuestionada por supuestas ejecuciones, el cautiverio terminó después de 126 días. Rehenes (2017) es el documental del cineasta uruguayo Federico Lemos que no solo narra este episodio, sino que acerca al espectador hacia un momento histórico en que la solidaridad entre los capturados y la expectativa de todo un país son revelados desde un punto de vista conmovedor e intimista.

Una de las características que destaca en el largometraje de Lemos es el equilibrio de la información. No se trata de un documental sesgado que aborde con superficialidad los hechos. El pulido trabajo de investigación se refleja en la recopilación de datos de archivo y las entrevistas a fuentes de primera mano a fin de explicar la experiencia de los rehenes y las circunstancias del encierro. Es la propia indagación la que marca una distancia prudente entre el director y los sucesos: Lemos no juega a construir héroes y villanos, propone un abanico de posturas sin alejarse del tema central.

Al sopesar los testimonios de Francisco Tudela, Luis Giampietri, Juan Luis Cipriani, Peter Cárdenas, Edmundo Cruz, Morihisa Aoki, los familiares de los terroristas, etc., apreciamos un documental de múltiples miradas que se aleja de la tribuna política y que tampoco pretende quedar bien con todos. Rehenes brinda información de todas las partes involucradas, se abstiene de emitir valoraciones éticas y deja que sean sus protagonistas los que juzguen.

Si la objeción a esta idea surge por el lado de “todo es tendencioso o subjetivo desde el momento en que se eligen a los entrevistados”, entonces podría argumentar que Lemos se esfuerza para que sean las mejores voces -las más confiables, con más autoridad y siempre sujetas a los hechos, así estén en las antípodas del pensamiento político, religioso y humanitario- las que narren la historia. Reitero, gran mérito del cineasta y de su equipo de investigación. Además, Rehenes goza de un buen ritmo narrativo en gran medida por la correcta dosificación de datos que contextualiza las acciones a nivel sociopolítico.

Rehenes transcurre por diferentes acontecimientos, va desde el día de la captura de la residencia del embajador japonés hasta las probables ejecuciones extrajudiciales de los terroristas, pasando por la cobertura periodística del hecho y el operativo de rescate de los cautivos, entre otros sucesos. Sigue una línea cronológica coherente donde la música funciona como respaldo o transición entre las declaraciones de los protagonistas y el material propio y de apoyo. Las verosímiles recreaciones de la acción militar y de una Lima tensa a partir de tomas nocturnas aéreas, imprimen una tensión acorde al drama del malogrado evento.

Este documental también funciona como un vehículo de reflexión que nos lleva a pensar cómo y cuánto hemos cambiado a nivel de país en los últimos 30 años. Tampoco pretendamos ser patrioteros y quitemos esa manida etiqueta de “importante” a todo aquel trabajo que escarba en la historia reciente del Perú. Quizá nuestro cambio sea mínimo, quizá no hayamos cambiado. Rehenes denota emotividad sin ser el consuelo de los desamparados, pero, sobre todo, nos recuerda que las heridas sociales siguen abiertas por más que intentemos mirar hacia otras direcciones ignorando lo sucedido.

 

 

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