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Desde la aparición de White Zombie (1932) hasta la fecha, el cine sobre muertos vivientes ha pasado por diferentes etapas; unas algo desapercibidas y otras de gloria. Entre las más destacadas está la que viene experimentando este subgénero desde el inicio del nuevo milenio.

Sin embargo, fue George A. Romero quien en 1968 le dio una mirada distinta a esta variante del cine de terror. La noche de los muertos vivientes se despojó del clásico argumento donde los zombies eran controlados por humanos de mentes malévolas (clave acorde con las viejas creencias haitianas que practican el vudú) y apostó, entre otras características, por hordas de seres monstruosos que acechaban a sus víctimas. Romero instauró algunos tópicos como la infección por mordidas, el regreso a la vida y el disparo letal en la cabeza. El maestro no solo refundó el mundo zombie: influyó considerablemente en este subgénero y en las siguientes generaciones de directores occidentales.

Los nuevos herederos de Romero ampliaron el rango de acción de sus criaturas convirtiendo los ataques grupales en descomunales invasiones globales que derivarían en situaciones apocalípticas. Filmes como 28 días después (2002) o Guerra mundial Z (2013) dan fe de ello. Pero la temática zombie también ha seducido a realizadores y públicos de otras latitudes. La semilla más reciente -exitosa en términos de taquilla y elogiada por la crítica- ha germinado en Oriente.

Estación zombie/Train to Busan (2016) es una película del director surcoreano Yeon Sang-ho que narra la historia de un grupo de personas que intentan sobrevivir a bordo de un tren de KTX (transporte que supera los 300 km/h) tomado parcialmente por unos furiosos zombies. Fuera del tren, la avanzada de estos seres es inminente al punto que su presencia llega a toda Corea del Sur, y sin duda por Asia o todo el planeta. Si bien la temática no es nueva –las pandemias a causa del contagio por mordidas de los muertos vivientes son habituales desde el tiempo de Romero- Estación zombie encierra una propuesta que abarca temas de interés mundial –la sociedad de consumo y sus codiciosos tentáculos-, una narración ágil –donde destacan muy buenas escenas de acción- y, sobre todo, una verosimilitud que nos aleja de las puestas en escena sobredimensionadas que caracterizan a tantas producciones de este tipo.

Yeon Sang-ho reinstala con convicción la idea de que el enemigo del hombre no son los zombis sino el propio hombre. Es más, el protagonismo no recae en los muertos vivientes, ni en el origen del mal que los empuja a moverse extraviadamente, eso no importa. Son los conflictos interpersonales y la idea de la sobrevivencia entre los que más pueden, tienen y “merecen” sobre los que menos posibilidades ostentan lo que marca el argumento de la película.  Las diferencias entre los mismos integrantes de un grupo que tienen un objetivo común se respaldan con escenas donde la supremacía de ideas, fuerza y poder zanjan las pugnas distinguiendo un líder positivo y otro negativo.

Yeon Sang-ho explora el hecho de asumir una tragedia de formas diferentes en personas de orígenes opuestos en medio de una situación extrema donde aflora la ambivalencia humana de la bondad y la maldad. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a sacrificarnos por el bien común? ¿Hasta qué punto somos conscientes que la fuerza conjunta es el pilar de la subsistencia individual? El director asiático es recurrente en la estrategia de criticar con inteligencia a los grupos de poder, en general, y a la codicia del hombre, en particular. De cierta manera, elabora un retrato de la sociedad coreana.

Estación zombie se apresura al presentar las acciones detonantes, pero eso no advierte que se haya dejado algo a medio camino. En los primeros 15 minutos vemos cómo las acciones pasan de la tranquilidad al caos sin pausa ni retorno, generando un efecto cautivador. Un ejercicio dinámico de narración donde las representaciones de los zombies, la musicalización y un puñado de personajes blindan bien el filme. Hasta en los pocos momentos de sosiego la atención se mantiene elevada. No obstante, el problema que arrastra la película es la carga dramática telenovelada en algunas escenas. Más allá de este defecto, Estación zombie es un estreno que vale la pena ver y disfrutar.

 

 

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