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El cine es un espejo Raúl Ortiz Mory Raúl Ortiz Mory

Videofilia (y otros síndromes virales) Crítica de la película y entrevista al director

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La iniciativa de arriesgar por una película con rasgos experimentales que llegue a un público amplio es algo que pocos cineastas se atreven a plantear, sobre todo en el cine peruano. Juan Daniel F. Molero propone con Videofilia (y otros síndromes virales) la reestructuración del lenguaje audiovisual a partir de una historia donde los jóvenes son los agentes de este cambio.

Luz y Junior, se conocen por chat e intiman de a pocos hasta que llegan a tener cibersexo, no con la finalidad de satisfacción primaria que desde siempre ha caracterizado al hombre, sino para alcanzar cierta experiencia novedosa donde el medio es lo más importante. Es decir, el teclado, la pantalla, los sonidos y, especialmente, la conexión a internet sirven de instrumentos sensoriales que desinhiben y transfiguran el mensaje.

En esta historia, que despliega una serie de personajes urbanos y desarraigados, Molero reflexiona sobre la intervención del hombre en su relación con la tecnología y su tradicional manera de construir el pensamiento para cerrar la idea con un análisis de la forma en que se relaciona.

Videofilia trae de vuelta una idea que Giovanni Sartori ya había sostenido en los años noventa: el homo sapiens formado mediante el lenguaje verbal y con la escritura, se está convirtiendo por medio de su exposición continua a las imágenes en un homo videns, algunas veces incapaz de desarrollar procesos cognoscitivos, concretamente asociado a la capacidad de abstracción.

Si bien el homo videns de Sartori aparece en Videofilia hasta el cansancio, no es precisamente la falta de abstracción lo que caracteriza al coro de personajes del realizador peruano. Quizá sea el postulado de Nicholas Negroponte el más adecuado para entender el comportamiento de Luz, Junior y sus amigos, siempre en el entorno digital: “el que recibe puede elaborar la información ‘reseteándola’ como quiera, con lo que el control formal sobre el mensaje se individualiza”.

Y más allá de esta transfiguración de la narrativa audiovisual donde el pixeleo y los sonidos distorsionados se suman a la utilización del idioma inglés como indicador de uniformidad  y el lenguaje de programación establece un patrón de conducta, Molero también combina texturas para romper con la idea de que solo se puede hacer cine con equipos convencionales manejados por grandes proyectos cinematográficos. Molero crea, innova y se aleja de la tradición para proponer sin esnobismo ni exclusividad.

Otro de los soportes de Videofilia es el trabajo de los actores protagónicos interpretados por Muki Sabogal y Ter Om. Después de haber ganado uno de los tigres de Rotterdam, Molero ha declarado en diferentes medios que la libertad en los diálogos y la capacidad de improvisación de ambos ayudó para que el filme tenga ese aire de naturalidad próximo al registro documental.

El recorrido de Luz y Junior por las calles de Lima, muchas de ellas ajenas a los lugares donde normalmente filman los cineastas locales, también otorga una visión de amplitud. Lince, Jesús María y algunas zonas del Centro de Lima, no son exactamente los sitios turísticos que promocionaría un catálogo de PromPerú, pero sí una muestra de “la otra Lima”: popular, subte, friki, pornera, otaku, más real, más cercana, más genuina.

Molero puede ser acusado de proponer una película difícil de calar en el público masivo; sin embargo, nunca pierde la brújula de la diversión. También recibirá la crítica de los puristas por el uso de equipos dispares al momento de grabar en perjuicio de la estética; no obstante, esa propuesta lo acerca a un procedimiento inclusivo y democrático. Es por todo lo anotado antes que Videofilia (y otros síndromes virales) marca un punto de inflexión en la propuesta y el tratamiento que comprende el cine peruano de los últimos años.

 

ENTREVISTA

“La falta de glamour de Videofilia amplía las fronteras de la realidad limeña” *

Videofilia (y otros síndromes virales) se estrenó la semana pasada en salas comerciales con mucha expectativa. Su principal mérito no es menor: en febrero del año pasado ganó el premio Tiger Award 2015 en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam. A continuación una entrevista con Juan Daniel F. Molero, director de la película, quien dio algunos alcances sobre su forma de concebir una idea cinematográfica, el trabajo de grabación y la importancia de la relación entre la contextualización y la mirada de la realidad.

¿Cómo nace la idea de realizar una película orientada a un público joven sin caer en las fórmulas y los efectismos del género?

La idea original nació por encargo para escribir un guión sobre una serie de adolescentes con referencias a Larry Clark, es decir algo más clásico. Como iba a entrar a este mundo decidí investigar y vi de todo, había cosas divertidas pero que no encajaban con el tipo de adolescencia que hay en Lima. Imaginaba a mis amigos, los actuales, cómo habían sido en el pasado y no los ubicaba como cool ni lornas, extremos que sí podríamos distinguir como estereotipos estadounidenses muy marcados. En lugar de inventar desde cero el género adolescente, la idea era hackear y deformar lo que había para adaptarlo a la realidad limeña, siempre con la intención de romper los estereotipos.

Tus personajes han llamado mucho la atención. Sin embargo, tampoco llegan a ser unos frikis aunque sí tienen mucho de desarraigados como producto de un sistema.

Para mí tampoco son frikis pero quizá para alguien que no es de ese mundo lo pueda parecer. Este tipo de personajes son el reflejo de un sector de la sociedad limeña, por más que parezcan alienados, por las referencias anime, porno o bizarras que manejan. La idea central de Videofilia, por más perturbadora que le parezca a algunas personas, tiene su origen en una realidad cercana. Lamentablemente, no parte de mi cabeza. Se inicia en todo lo que se puede leer en los diarios chicha, por ejemplo. Lo que hice fue darle cierta unión a una serie de mundos inconexos para representar la sociedad limeña.

Quizá sean personajes con un nivel de desarrollo muy variado. ¿Cuánto han cambiado desde el guión original hasta el momento en que grabas la película?

Al inicio, en el 2010, hubo un intento por hacer una película comercial con ciertos toques de humor. Con el paso del tiempo lo fui reescribiendo y, más o menos, en el 2012 todo se fue complejizando. Llegó a tener una onda más apocalíptica, religiosa; que evadía y profundizaba, a la vez, en algunos clichés. Sin embargo, durante el rodaje yo estaba dividido porque una parte de mí se inclinaba por lo accesible y otra por lo experimental. Como me demoré un año y medio filmando, cada día que pasaba sentía que podía servir para agregar algo popular y algo de experimento. Lo que nunca varió fue la estructura. Si bien había mucha libertad creativa en diálogos u otros detalles, yo sabía desde el inicio por dónde iba la historia.

¿Crees que eres un director más intuitivo que esquemático?

Quizá. En realidad soy distinto en las diversas etapas que lleva el emprendimiento de una película. Ahora mismo estoy en una etapa de escritura que me lleva a profundizar y pensar mejor las cosas. Pero cuando estoy filmando sale una parte más intuitiva. Cuando edito me convierto en un maniático y rigurosidad, jaja.  Como cinéfilo hago películas que me gustaría ver y si no voy a disfrutar de mis películas, porque no me asombran ni me sorprenden, entonces para qué las hago. El hecho de ejercer una especie de creación colectiva en Videofilia me hizo disfrutar mucho. Los actores pusieron mucho de sí, improvisaron y ayudaron a darle naturalidad al producto final.

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En Videofilia, los actores aportan una buena cuota de espontaneidad y hacen que las escenas sean muy naturales. ¿Hasta dónde llega esa libertad que das durante el rodaje y cómo es la relación que hay entre los actores y tú?

La película está filmada con muy pocas pretensiones. En más, diría que al verla uno se puede dar cuenta de eso. En el rodaje yo solo le di a los actores la primera capa de la historia, no debían preocupase por cómo iban a ser grabados, ni nada que tenga que ver con el resultado de la imagen. Además, varios de ellos son amigos. La confianza fue básica para trabajar mejor. En algún momento llegué a adaptar los personajes de acuerdo a cómo eran los actores, eso potenció mucho la construcción de los propios personajes. Nunca hice casting. En eso sí soy muy intuitivo. Cuando se trata de actores, más me interesa lo que pueden dar como personas a lo que pueden fingir como actores.

La relación entre el sexo y el humor es otra de las claves de Videofilia

Desde el arranque yo sabía que no quería hacer una película erótica. Las escenas de sexo se van dando como algo absurdo que no busca provocar excitación. Más bien ayudan a entender las relaciones sexuales desde su nivel más básico, algo muy cercano a lo animal. Es más, nunca se ve ni un beso en la película. Tengamos en cuenta que la película habla más sobre la perversión, en este caso sobre la postergación del contacto. No sé si Videofilia es sobre sexo, como ya se ha dicho alguna vez, pero este sirve como herramienta para llegar a algo más.

Más allá del premio, ¿cómo fue recibida Videofilia en Rotterdam?

Si bien no es el tipo de película latina que normalmente se muestra en ese festival, se puede encontrar algo más cercano a Videofilia cuando proyectan retrospectivas japonesas o de cine independiente americano. En ese aspecto, Rotterdam es muy abierto. Incluso en estética glitch y arte de internet, como medio, ya se han visto muchos trabajos. Igual hubo bastante suerte. Quizá si la película no entraba en Rotterdam hubiera tenido un paso discreto. El hecho que me haya demorado un año también jugó a favor porque en esta edición del festival se tomó mucho en cuenta un “redespertar” del surrealismo. Quizá el año pasado no hubiese ganado nada. Creo que se dieron las condiciones adecuadas.

La película se hizo con la necesidad de mostrar un momento con pura honestidad, sin juzgar la influencia de la tecnología. No hay un mensaje moralista. Solo se muestra algo que realmente está ocurriendo: lo difícil que resulta escapar de la tecnología. Junto a Reminiscencias, mi primera película, busco reflejar lo que a mis ojos pasa con los jóvenes. Sería hipócrita pensar que Lima no es así. La crudeza o falta de glamour de Videofilia amplía las fronteras de la realidad limeña.

Y pensar que lo marginal no lo es tanto como se cree…

Eso es lo loco de la política y la imagen. Los que no conocen Lima, es decir, los que solo se mueven entre Miraflores, Barranco y San Isidro, no saben que hay otras realidades, a diferencia de los que sí conocen todas las capas sociales y económicas de Lima. Si solo se mueven en las burbujas que tienen el control de las imágenes de la televisión y el cine, no van a conocer y creer que la mayoría de las personas en realidad pertenecen a esa otra cara de la sociedad; seguirán pensando que su mundo es la mayoría. Lima es una ciudad extraña, bizarra, pero las películas que se hacen no lo son. Quizá estemos reprimiendo el subconsciente y eso es peligroso.

Decías que en Europa el cine pasa por una revaloración del surrealismo. ¿Crees que en América Latina el cine sigue teniendo una cuota amplia de hiperrealismo?

Bueno creo que quisiste decir realismo minimalista. Y dije que Rotterdam estaba tratando de revalorar el surrealismo después de más de una década de sobrevalorización del realismo minimalista en Europa. Los latinos son los que más se han influenciado de ello por obvios rezagos de colonialismo cultural y problemas de identidad. Los tiempos cambian y después de corrientes minimalistas lo que sigue es un redespertar del maximalismo que creo tiene más que ver con esta cultura barroca andina y sobre todo peruana. Además de que va con estos tiempos hiperestimulados por la globalización y los medios.

Siempre se busca “elevar el cine” para parecerse a lo que se ve en Europa o en Estados Unidos, pero hay que darnos cuenta que el Perú no tiene una sociedad “elegante”. Entonces, si todo el tiempo estamos en negación a eso, siempre estaremos detrás. En ese sentido, creo que somos una sociedad cagada, traumada. Las redes sociales también ayudan a fortalecer estas burbujas. En cuanto al cine, la culpa es de los realizadores que hacen películas para agradar a los festivales europeos cuando en Europa ni siquiera saben lo que está pasando por acá. Eso es faltarle a la realidad. En Videofilia todos éramos conscientes que hacíamos una especie de realismo sucio. Sentía que para ser fiel a los personajes tenía que ir mutando, como saltar de una realidad a otra sin diferencias, de la realidad virtual a la física, de la alucinación a lo onírico. Creo que el cine es necesario como terapia psicosocial, por eso mi interés a responder a los conflictos que me incumben y no a las tendencias estéticas.

¿Videofilia superó tus expectativas?

Definitivamente ha superado mis expectativas. ¡Hasta se me ha ido de las manos, no esperábamos ganar ningún festival! Fue hecha casi con un espíritu kamikaze en el sentido que tuvimos que abandonar la idea de ser festivalera, profesional o complaciente con ciertos paradigmas del cine latino contemporáneo. Pero aun así la película ya se ha visto en más de 20 festivales y se han ganado como siete premios, además de haber conseguido distribuidor y estar pronta a estrenarse comercialmente en varias salas peruanas. Hasta incluso hay una oferta de venderla a la televisión croata. Es una locura todo esto, pero es también una señal de que hay demanda por el tipo de cine y las ideas que me obsesionan desde adolescente. Así que solo queda seguir abriendo trocha y tratar de consolidar un sistema autosuficiente de producción ultra independiente.

*Esta entrevista fue hecha por el mismo autor de la crítica y se publicó inicialmente en la edición 36 de Godard! Revista de Cine.

 

 

 

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