Lápiz y Papel para Pensar en Tiempos de Inteligencia Artificial
En 2025, Nataliya Kosmyna y sus colaboradores, en una investigación vinculada al MIT Media Lab, compararon cómo 54 participantes elaboraban ensayos con ayuda de ChatGPT, con un buscador o sin estas herramientas. El grupo que utilizó ChatGPT mostró menor conectividad cerebral durante la tarea, menor sensación de autoría y mayores dificultades para citar correctamente su propio texto. Estos resultados no permiten generalizar a todos los usos educativos de la inteligencia artificial. Sin embargo, plantean una pregunta relevante: ¿cómo aprovechar esta tecnología y asegurar que los estudiantes desarrollen su capacidad de pensar por sí mismos?
La IA ofrece oportunidades para explicar conceptos, explorar perspectivas, formular preguntas y revisar argumentos. Su contribución educativa depende, en buena medida, de cómo se incorpora al aprendizaje. Por ello, junto con enseñar a utilizarla, la universidad debe preservar espacios donde el estudiante construya una postura propia, encuentre razones para sostenerla y explique cómo llegó a ella.
En este contexto, vale la pena reconsiderar una práctica sencilla: escribir a mano. Flanigan et al. (2024) reunieron 24 estudios publicados en 21 artículos y encontraron una ventaja pequeña, pero estadísticamente significativa, de tomar y revisar apuntes manuscritos en el rendimiento académico. Aunque escribir en computadora permitió registrar más información, esa mayor cantidad no se tradujo en un mejor desempeño. El hallazgo se refiere a la toma de apuntes; no demuestra directamente que los ensayos manuscritos sean superiores a los digitales. Aun así, ofrece una razón para conservar la escritura manual entre nuestras herramientas educativas.
Mi propuesta es reservar algunas actividades de clase para la elaboración de ensayos breves escritos a mano, seguidos de una exposición y una defensa oral. Dos caras para desarrollar el argumento y una tercera para las referencias bibliográficas serían suficientes. La brevedad exigiría seleccionar lo relevante, establecer una posición y sostenerla con claridad.
El ensayo requeriría una preparación académica previa. Los estudiantes revisarían artículos científicos, capítulos de libros y casos de negocios seleccionados. Durante la actividad, podrían consultar esos materiales y sus apuntes para elaborar una respuesta propia, citando las fuentes utilizadas. El objetivo sería evaluar su capacidad para comprender, relacionar y aplicar el conocimiento.
Por ejemplo, en un curso de liderazgo, el profesor podría plantear el siguiente dilema: un gerente obtiene excelentes resultados financieros, pero humilla a sus colaboradores y provoca una alta rotación de personal. ¿Debería continuar en el cargo?
Cada estudiante tendría que tomar una decisión, sustentarla con las lecturas y considerar sus consecuencias para las personas y la organización. Los casos de negocios permitirían contrastar situaciones, identificar alternativas y discutir hasta qué punto una solución resulta aplicable en otro contexto. También sería necesario reconocer las objeciones que podrían formularse contra la postura elegida. Después, cada participante dispondría de tres minutos para exponer y defender su argumento, seguidos de preguntas del profesor. Este diálogo permitiría profundizar en su comprensión: ¿por qué tomó esa decisión?, ¿qué evidencia la respalda?, ¿qué información adicional necesitaría?, ¿en qué circunstancias cambiaría de opinión?
La IA se incorporaría en una etapa posterior. El estudiante podría pedirle que identifique debilidades en su razonamiento, formule contraargumentos o proponga otras perspectivas. Luego explicaría qué aportes considera válidos, cuáles rechaza y qué modificaría en su ensayo. Esta secuencia propone comenzar con una elaboración propia y utilizar después la tecnología para someterla a revisión. La evaluación se centraría en la calidad del razonamiento, el sustento académico, la aplicación de las lecturas y los casos, y la capacidad de defender oralmente una posición. Escribir a mano, por sí solo, no garantiza originalidad ni comprensión. Por eso, la propuesta combina preparación, escritura en clase, diálogo y revisión, con las adaptaciones necesarias para quienes requieran otros medios de expresión.
Esta actividad constituye una propuesta pedagógica que debe evaluarse en la práctica. Los estudios mencionados aportan elementos para reflexionar sobre ella, pero no han probado esta combinación específica de ensayo manuscrito, defensa oral y contraste posterior con IA.
La academia tiene la oportunidad de integrar la inteligencia artificial mientras fortalece las capacidades que permiten utilizarla con criterio. Una página puede ser un buen comienzo: un espacio para ordenar ideas, asumir una postura y encontrar las palabras para defenderla. Después, la tecnología puede ayudar a llevar esa reflexión más lejos.
Referencias
Flanigan, A. E., Wheeler, J., Colliot, T., Lu, J., & Kiewra, K. A. (2024). Typed versus handwritten lecture notes and college student achievement: A meta-analysis. Educational Psychology Review. https://doi.org/10.1007/s10648-024-09914-w
Kosmyna, N., Hauptmann, E., Yuan, Y. T., Situ, J., Liao, X.-H., Beresnitzky, A. V., Braunstein, I., & Maes, P. (2025). Your brain on ChatGPT: Accumulation of cognitive debt when using an AI assistant for essay writing task [Preprint]. arXiv. https://doi.org/10.48550/arXiv.2506.08872
Declaración de uso de inteligencia artificial: Se utilizó ChatGPT como herramienta de apoyo para mejorar la redacción y la claridad del texto. El autor revisó y aprobó la versión final y asume plena responsabilidad por su contenido.

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