Emprendimiento Académico: un puente entre la acción emprendedora y la carrera investigadora
El presente artículo nace de una conversación, hoy 31 de marzo de 2026, entre el Dr. Diego Noreña y el Dr. Herman Aguinis.
Diego Noreña: Profesor Aguinis, en su artículo usted propone una idea muy sugerente: entender la carrera académica como una forma de “emprendimiento académico”. ¿Qué significa exactamente eso?
Herman Aguinis: Lo que planteamos es que la carrera de un investigador no avanza de manera lineal ni totalmente predecible. Se parece más a un proceso emprendedor: uno identifica oportunidades, trabaja con los recursos que tiene, se adapta a la incertidumbre, aprende de los errores y va ajustando el rumbo sobre la marcha. En ese sentido, ser académico también implica emprender, pero dentro del mundo de la investigación.
Diego Noreña: O sea, no se trata de crear una empresa, sino de pensar la vida académica con una lógica similar a la del emprendimiento.
Herman Aguinis: Exactamente. No estamos diciendo que publicar artículos sea lo mismo que crear una startup. Lo que decimos es que ambos procesos comparten dinámicas: incertidumbre, necesidad de adaptación, negociación con distintos actores y construcción de legitimidad. En la academia, eso ocurre cuando un investigador formula preguntas, busca fondos, responde a revisores, construye redes y redefine sus proyectos con el tiempo.
Diego Noreña: En la tabla central del artículo ustedes muestran un paralelo muy claro entre el proceso emprendedor y la vida académica. ¿Cuáles son esos puntos de contacto?
Herman Aguinis: Son cuatro. Primero, el reconocimiento de oportunidades. En emprendimiento, las oportunidades surgen cuando posibilidades inciertas se vuelven comprensibles frente a audiencias evaluadoras. En la academia ocurre algo parecido: una pregunta de investigación no vale solo por ser original, sino porque el investigador sabe ubicarla dentro de una conversación disciplinar, interpretar tensiones en la literatura, anticipar lo que esperan revisores y editores, y alinear su contribución con criterios reconocidos.
Diego Noreña: Es decir, una buena idea también necesita ser bien enmarcada.
Herman Aguinis: Exactamente. Segundo, está la effectuation. En emprendimiento, esto significa actuar con los medios disponibles en lugar de esperar condiciones perfectas. En la academia pasa igual: los investigadores construyen proyectos con los datos que tienen, con su experiencia metodológica, con sus colaboraciones actuales. Y a medida que cambian las prioridades de financiamiento, llega nueva retroalimentación o cambian las expectativas institucionales, también ajustan el rumbo de la investigación.
Diego Noreña: O sea que la trayectoria académica no se sigue como un plan rígido.
Herman Aguinis: Correcto. Tercero, está el bricolage, que consiste en recombinar recursos limitados bajo condiciones de restricción. Eso describe muy bien la experiencia académica. Muchas veces un proyecto avanza juntando pequeñas becas, colaboraciones, bases de datos parciales, métodos distintos y mucho esfuerzo personal, todo ello en medio de cargas de docencia, exigencias administrativas y una distribución desigual del financiamiento.
Diego Noreña: Y el cuarto punto sería la iteración.
Herman Aguinis: Así es. La iteración significa que el desarrollo ocurre mediante aprendizaje continuo y retroalimentación, muchas veces atravesado por el fracaso. En la academia eso se ve con toda claridad: la identidad del investigador y sus proyectos se construyen a través de ciclos de envío, rechazo, revisión y nueva presentación, dentro de sistemas de evaluación como rankings de revistas, tenure clocks e indicadores de impacto.
Diego Noreña: Me gustaría detenerme en eso último, porque conecta mucho con la experiencia real de quienes investigan. Uno escribe un artículo, lo envía a una revista científica, espera meses y muchas veces recibe un rechazo. ¿Eso también forma parte de este “emprendimiento académico”?
Herman Aguinis: Sin duda. De hecho, ese es uno de los ejemplos más claros. En la academia, enviar un artículo a una revista es un acto de exposición y de apuesta. Usted cree que ha construido una contribución valiosa, pero entra en un proceso de evaluación incierto. A veces el artículo avanza, a veces recibe una revisión mayor y muchas veces es rechazado. La capacidad de afrontar ese rechazo, aprender de los comentarios, reelaborar el trabajo y volver a intentarlo es una parte fundamental del desarrollo académico.
Diego Noreña: Entonces el rechazo no sería solo un obstáculo, sino también una instancia formativa.
Herman Aguinis: Exactamente. El rechazo duele, por supuesto, pero también puede convertirse en una fuente de aprendizaje. Obliga al investigador a revisar su argumento, fortalecer la evidencia, afinar el posicionamiento teórico y, en ocasiones, replantear por completo la contribución. Esa capacidad de resiliencia, de procesar la crítica sin paralizarse y transformar la retroalimentación en mejora, es central en la vida académica.
Diego Noreña: Eso suena muy realista, porque la vida académica está llena de cambios, retroalimentación y a veces frustración.
Herman Aguinis: Así es. Una de las ideas centrales del artículo es que la formación de un investigador no puede reducirse a aprender métodos o teorías. También hay que aprender a navegar la incertidumbre, a reformular proyectos y a seguir avanzando incluso cuando hay rechazo o restricciones institucionales. Enviar un trabajo, recibir críticas y volver a escribir no es un accidente del sistema: es parte del proceso mediante el cual se forma la identidad académica.
Diego Noreña: Ustedes también insisten en que todo esto ocurre dentro de un contexto institucional. ¿Por qué es tan importante ese punto?
Herman Aguinis: Porque las trayectorias académicas no ocurren en el vacío. Están moldeadas por rankings de revistas, métricas de desempeño, criterios de tenure, agendas de impacto, burocracia y estructuras de financiamiento. Esas condiciones afectan qué tipo de investigación se considera valiosa, qué proyectos reciben apoyo y qué tan fácil o difícil es innovar.
Diego Noreña: Entonces no depende solo del talento individual.
Herman Aguinis: Exacto. El talento importa, pero también importan muchísimo las condiciones del entorno.
Diego Noreña: Hablando de desigualdades, el artículo menciona que no todos los académicos enfrentan las mismas condiciones.
Herman Aguinis: Correcto. Hay asimetrías claras entre etapas de carrera. Los investigadores jóvenes suelen tener menos tiempo, menos acceso a redes, menos mentoría y menos recursos. Eso hace que los costos del error o de la experimentación sean más altos para ellos. En cambio, académicos más consolidados suelen tener más respaldo institucional y más capacidad para absorber fracasos o cambios de dirección.
Diego Noreña: Y eso también influye en cómo se vive un rechazo editorial.
Herman Aguinis: Muchísimo. Un académico senior puede recibir un rechazo y tener más margen para absorberlo, reposicionar el artículo y enviarlo de nuevo. En cambio, para un investigador en etapa inicial, un rechazo puede sentirse mucho más amenazante, porque está bajo presión por publicar, conseguir empleo, obtener financiación o avanzar en su carrera. Por eso insistimos en que no basta con decir “el rechazo es normal”: las instituciones también deben crear condiciones para que ese proceso sea formativo y no simplemente expulsivo.
Diego Noreña: Eso cambia bastante la manera en que deberíamos formar y evaluar a los investigadores.
Herman Aguinis: Totalmente. Y ahí entra una de las contribuciones prácticas del artículo. Para los líderes de programas doctorales, por ejemplo, sugerimos que no se enfoquen solo en habilidades técnicas, sino también en enseñar a formular preguntas relevantes, entender sistemas de evaluación y ver los cambios de rumbo como parte normal del proceso académico. También sería muy útil preparar a los doctorandos para lidiar con el rechazo, interpretar comentarios de revisores y desarrollar resiliencia intelectual.
Diego Noreña: Si tuviera que dejar una idea final para quienes están empezando un doctorado o una carrera académica, ¿cuál sería?
Herman Aguinis: Que una carrera académica no es una línea recta. Es un proceso de aprendizaje, adaptación e iteración. Y eso incluye algo tan concreto como enviar un artículo, recibir un rechazo, revisarlo, fortalecerlo y volver a intentarlo. Entender esto ayuda a afrontar mejor la incertidumbre, pero también debería llevarnos a construir instituciones más justas, más humanas y más alineadas con la realidad del trabajo académico.
Declaración de uso de IA:
Se declara que se utilizó inteligencia artificial para mejorar la redacción del documento; no obstante, el contenido se fundamenta en el artículo Academic entrepreneuring: Bridging entrepreneurial action and academic careers de los Drs. Herman Aguinis, Yanhong Ding, Marilyn A. Uy y Maw-Der Foo, así como en la conversación sostenida entre el Dr. Diego Noreña y el Dr. Herman Aguinis el 31 de marzo de 2026.

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