Prestar dinero a la familia: ¿un negocio riesgoso?
“El que presta a un amigo, pierde el dinero y pierde el amigo” (Anónimo)
Inocencio colgaba nuevamente el teléfono luego de un quinto intento de hablar con su primo Juancho; a quién le quería recordar que había vencido el plazo acordado para que le retorne los 3 mil soles que le había prestado. En medio de su mortificación, Inocencio recordaba que aceptó hacer el préstamo porque su primo más querido le había explicado que necesitaba liquidez para comprar mercaderías que luego en la campaña fiestas patrias recuperaría con creces y devolvería el dinero. “Hasta me ofreció 20 % de interés; pero yo no acostumbro a lucrar con los amigos” reflexionaba Inocencio.
Lo más probable es que la situación descrita la hayamos visto o vivido de cerca. De hecho, distintas encuestas en varios países revelan que la primera fuente de “financiamiento” a que recurren las personas es hacia la propia familia. La interrogante natural es ¿qué hacer en estas circunstancias?, ¿debo negarme o aceptar?; y si acepto ¿qué condiciones estipulo?.
De darse tal situación, enfrentamos una de las decisiones más complejas; donde además llega a jugar un rol sustancial las relaciones interpersonales de los involucrados. ¿Será diferente sí quién me pide prestado es mi padre o mi hijo?
No hay solución universal al caso, pero sí algunas estrategias de acción que se podrían considerar:
oEstrategia evasiva: evaluar la real necesidad de prestar el dinero solicitado.
-Indaga para que será usado el dinero, pueden tratarse de gastos dispensables o carentes de urgencia
-Procura orientara tu familiar para que evalúe otras alternativas e incluso darle consejo de cómo administrar mejor su dinero
-Puedes también negociarle “una rebajita”; esto es tratar de minimizar la cantidad de dinero que te solicita.
oEstrategia de reflexión: es importante poner por delante la idea que el dinero que prestas, es dinero que deja de estar disponible para tu familia. Así, en general lo pertinente es no comprometer dinero que no sean parte de un excedente o dinero que vayas a necesitar pronto.
Del mismo modo, no te expongas en calidad de garante o aval de un familiar pues ello podría poner en riesgo tu patrimonio familiar. Si habías decidió no prestarle no habría razón para que avales a quién te genera dudas financieras.
oEstrategia diligente: siempre será menester conocer de qué forma maneja sus finanzas la persona que te pide prestado. Así sabrás que posibilidades tienes de ver tu dinero de vuelta. ¡Conoces sus antecedentes?, ¿Es un (a) buen (a) pagador (a)?
En esta misma línea, en caso decidas finalmente prestar el dinero; es también sano que el compromiso quede formalizado por escrito, donde se especifique las condiciones de devolución.
En cambio, si tu decisión ha sido la de no prestar; deberás saber mantenerte firme en tu respuesta, y aunque siempre con la delicadeza del caso comunicarlo sin sentirte obligado a dar explicaciones.
oEstrategia desprendida: Señala la sabiduría popular que dinero que se presta a familiares no se recupera; por tanto lo más pragmático sería obsequiarlo a manera de ayuda, y evitarse así potenciales conflictos familiares derivados de esta entrega de dinero. Lo riesgoso es que la historia se repita, apelando sobre todo los lazos emocionales.
Nótese que estas estrategias no son necesariamente excluyentes, y pueden darse de manera secuencial en el tiempo para un mismo caso.
Estimado lector, ¿Qué estrategia prefiere o utiliza usted?; ¿o es que la misma la cambia caso por caso?.

