En debate: ¡topes a las tasas de interés!
Ernesto está ilusionado porque muy pronto podrá comprar un televisor a crédito, pues ha escuchado que en el Congreso se ha propuesto poner límites a las tasas de interés. “Así podré hacer estas y otras compras gastando menos, al igual que mi compadre Pocho, que piensa hacer lo mismo. ¡Mas crédito y mas barato!”, reflexionaba Ernesto.
La receta es provocadora, y además parece fácil y directa de ejecutar. ¿Pero qué consecuencias podría traer una medida como esta?
Mencionemos ante todo que este debate no es nuevo y que, además, ha sido ensayado en muchos países. Las preguntas claves son: ¿Qué buscamos con la medida? ¿Queremos tanto ampliar el acceso al crédito como abaratar su costo?
Los que se oponen al planteamiento expresan que en muchos de los casos en los que se ha ensayado este control, se han generado graves distorsiones que llegan a contradecir el alcance del objetivo. Las entidades financieras, al no poder cubrir sus costos adecuadamente, optarían por cubrirlos con otro tipo de cobros, haciendo incluso menos transparente para el usuario el precio del servicio. Peor aún, podría ocurrir que las entidades financieras busquen darles crédito a los clientes menos riesgosos que ya conocen, y con ello limitarían el acceso al crédito especialmente a las personas de menos recursos económicos. En consecuencia, los objetivos trazados quedarían claramente incumplidos.
Entonces, sí soy de las personas que ya recibe crédito, ¿la medida más bien me favorecería? En apariencia, sí, pues las instituciones financieras buscarán en simultáneo a los mismos clientes, tentándolos indirectamente a que se endeuden más de lo usual. Concentraría sus operaciones en un menor grupo de personas, con lo cual, en épocas de “vacas flacas” (cuando la economía deja de crecer), perdería más dinero que cuando diversificaba el crédito, pues proporcionalmente habrá un mayor grupo de personas que podrían dejar de pagarlos.
Lo que los que se oponen al control sugieren en cambio, para propiciar que las tasas de interés bajen, es que se fomente más la competencia entre instituciones financieras, eliminando cualquier restricción que limite su acceso a los distintos segmentos de negocio que el mercado ofrece. Además, el costo de crédito se reducirá en la medida que se reduzca el riesgo de otorgarlos. Para ello se suele sugerir que se profundicen reformas que ayuden a este fin, como mejorar la calidad de información de los clientes bancarios (sí se los conoce mejor, la percepción de riesgo disminuye), mejorar la calidad de las garantías que brindan al tomar un crédito (cuanto más fácil sea ejecutar una garantía, mejor) y brindarle más educación financiera a los usuarios (un mejor usuario elige mejor y provoca competencia entre las entidades, etc.
Tal vez la verdadera discusión no es tanto qué medida preferimos, sino cuánta credibilidad le otorgamos al mercado como sistema que puede encontrar sus propias soluciones. O qué, por el contrario, necesita de una intervención más directa del Estado para hacerlo.
La ruta alternativa que proponen los contrarios al control es de hecho más compleja y dilatada de aplicar. En cambio, un control de tasas fijado normativa o administrativamente sería rápido de implementar y hasta produciría réditos políticos a los que la proponen.
Lo cierto es que el tema está en agenda y a todos nosotros, como usuarios (o potenciales usuarios) del sistema financiero, los efectos no nos son indiferentes.
Usted, amigo bloguero, ¿de qué lado de la opinión está? ¿Qué otro argumento a favor o en contra puede compartir?

