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2019 comenzó con una noticia que aumenta la turbulencia política. No es una buena noticia para la economía. En principio podría haberse pensado que el ruido político de 2018 se mantendría en 2019, pero ahora simplemente no lo sabemos. Aun así, se hace necesario realizar algunas proyecciones, con el margen de error esperado y sabiendo que en un año veremos si lo escrito aquí se acercó o no a la realidad.

En primer lugar pienso que la disciplina fiscal y monetaria se va a mantener. Es una buena noticia, a pesar que la mayoría la da por descontada. Control de la inflación, déficit fiscal a la baja, deuda pública (como porcentaje del PIB) menor que 30%, entre otros, configuran una primera lectura que hacen ver bien al país.

En segundo lugar, existen nubarrones en el entorno económico externo. Por un lado, el recrudecimiento de la guerra comercial entre los Estados Unidos y China. Ahora se encuentran en una tregua de 90 días que termina la primera semana de febrero, pero no se ven señales de solución al problema. Ambas economías representan cerca del 35% de lo que produce el mundo. El principal mercado de destino de las exportaciones chinas es Estados Unidos y viceversa. Los aumentos de aranceles en ambos lados frenan el crecimiento de los dos. Perú le vende a China cerca del 25% del total de lo que exporta y a los Estados Unidos, alrededor del 20%. Si nuestros mercados de destino nos compran menos, es esperable que las materias primas caigan de precio y con ello las exportaciones peruanas. Por lo tanto, es claro que la guerra comercial impacta de manera negativa sobre el crecimiento peruano.

Por otro lado, las ya anunciadas subidas de la tasa de interés de los Estados Unidos, que hacen más caro el acceso al financiamiento externo de las entidades financieras y no financieras en el Perú y además impactan sobre un aumento en el precio del dólar en el Perú. Tampoco es positivo el proceso que Estados Unidos ha denominado normalización monetaria.

Los dos episodios combinados con la caída de la bolsa de Nueva York y la explosión de las burbujas en las criptomonedas configuran un escenario que en el mejor de los casos terminará en una recesión mundial con efectos simétricos en el Perú y en el peor en una crisis financiera de mayor alcance.

En el frente interno es difícil hacer proyecciones, pero la lenta respuesta de la inversión pública dado el contexto de destape de la corrupción en 2018 unida al hecho que las autoridades subnacionales recién han asumido sus cargos, determinará un año de bajo crecimiento. Y digo bajo, porque la inversión del gobierno central en los juegos panamericanos, la línea 2 del metro y la reconstrucción con cambios, harán que no sea cero.

En paralelo otro riesgo es que ante todo el escenario descrito, la inversión privada, principal motor de crecimiento, no aumente como se esperaría. Para 2019 se esperan megaproyectos mineros por 10 mil millones de dólares: Quellaveco, Mina Justa y la ampliación de Toromocho.

¿Cuál es la conclusión? Pues es esperable que en 2019 la economía crezca menos que en 2018; si 2018 cierra con 3.8% o 3.9% entonces podríamos esperar un 3.5%, aproximadamente en 2019. Está claro que esta proyección puede alterarse por cualquier hecho inesperado, como una pronta solución a la guerra comercial de Estados Unidos con China, un fenómeno del Niño de mayor o menor impacto al esperado y un desenlace de la crisis del poder judicial positivo o negativo. Simplemente no lo sabemos.

 

 

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