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Economía para todos Carlos Parodi Carlos Parodi

¿Es saludable que bajen los precios?

Durante los meses de abril y mayo los precios han caído -0.26% y -0.42%. El fenómeno se denomina deflación y la pregunta es la siguiente: ¿Es bueno que haya ocurrido? A primera vista la respuesta parece ser obvia: claro que sí, pues ahora todos podemos comprar más barato. Sin embargo, el asunto no es tan simple; veamos.

Durante los meses de abril y mayo los precios han caído -0.26% y -0.42%. El fenómeno se denomina deflación y la pregunta es la siguiente: ¿Es bueno que haya ocurrido? A primera vista la respuesta parece ser obvia: claro que sí, pues ahora todos podemos comprar más barato. Sin embargo, el asunto no es tan simple; veamos.

En primer lugar, se trata de una disminución promedio de precios, lo que significa, como con cualquier promedio, que algunos precios bajan y otros suben, pero el promedio resultó en -0.42% en mayo y-0.26% en abril.

En segundo lugar, la caída de precios puede ocurrir por dos razones no excluyentes: o se ofrece mucho de esos productos (oferta) o se compra poco (demanda); en ambos casos los precios caen. Si miramos cifras del caso peruano, el determinante de la caída en precios ha sido la menor demanda interna, que cayó en 0.8% en el primer trimestre. El consumo privado se ha desacelerado y con ello los precios. En simple, los precios caen porque la gente compra menos y eso no es deseable.

En tercer lugar, al caer los precios disminuye el incentivo a la inversión, justo en un momento en el que se necesita elevar la inversión privada. ¿Por qué? Se lo pregunto a usted estimado lector: si quisiera poner un pequeño negocio, digamos de fotocopiadoras, y observa que los precios están cayendo, ¿Se animaría a hacerlo? Por supuesto que no; nadie invierte en un sector en el que los precios están bajando. Una prueba clara: entre 2003 y 2011 los precios de los metales subieron y la inversión minera aumentó bastante, lo que sostuvo el boom, tanto exportador, como de crecimiento económico. Desde 2011, la tendencia de los precios se revirtió como consecuencia del enfriamiento de China. El resultado: disminuyó la inversión minera.

En cuarto lugar y como consecuencia, se necesita que los precios suban “un poquito”; no tanto como para que se convierta en un problema inflacionario, que nadie desea, pero tampoco que caigan, pues al retraerse la inversión, las posibilidades de crecimiento futuro casi desaparecen. Por eso, el Banco Central tiene una meta inflacionaria de 2% al año, con un margen de error de 1%, es decir, entre 1% y 3%, que se convierte en un símbolo de estabilidad monetaria. Mientras la inflación se ubique dentro del rango, aparecerán los inventivos a invertir en aquellos precios que suben. Si caen por debajo de 1%, el banco central actúa para colocar la inflación dentro de la meta.

En quinto lugar, no olvidemos que nuestros salarios también son un precio, por lo que si deseamos que haya deflación, estamos aceptando menores salarios, algo que nadie quiere.

La economía siempre tiene dos caras. Lo que parece positivo para unos, no lo es para otros. Tener esto claro reduciría la gran cantidad de debates que existen, en los que una parte trata de convencer a la otra, en un acto, casi sin sentido. Si usted es comprador deseará que los precios bajen, pero si es vendedor, lo contrario. Dos posiciones en las que cada una depende de dónde se mire el problema.

 

 

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