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Economía para todos Carlos Parodi Carlos Parodi

Crisis en Grecia

Desde el lunes de esta semana, el gobierno griego dispuso el cierre de los bancos durante seis días, colocando un límite de 60 euros diarios como máximo de retiro en efectivo a través de los cajeros. ¿Qué ha ocurrido?

Desde el lunes de esta semana, el gobierno griego dispuso el cierre de los bancos durante seis días, colocando un límite de 60 euros diarios como máximo de retiro en efectivo a través de los cajeros. ¿Qué ha ocurrido? Grecia enfrenta una crisis de sobreendeudamiento desde 2010 y el debate se ha centrado en la siguiente pregunta: ¿gasto menos para poder pagar (ajuste), con el costo de generar una fuerte desaceleración y desempleo? La alternativa es gastar más, pero para ello, necesita la capacidad de emisión de euros, algo que no puede hacer pues desde que se conformó la eurozona, cada país miembro dejó esa tarea a un ente supranacional: el Banco Central Europeo (BCE), que es el único con capacidad de emitir euros. Además, como nadie quiere prestarle a Grecia su supervivencia ha dependido de sucesivos “préstamos” (emisión)  del BCE en los llamados “programas de rescate”.

¿Y quién le puede prestar? Pues entidades internacionales, como el BCE, el FMI y la Comisión Europea (UE), más conocidos como “troika”. El  BCE es quien se ha encargado de emitir dinero y prestarle al gobierno,  dinero con el que el gobierno griego paga su deuda y así no entra en moratoria o default; además, una parte la canaliza a través de los bancos comerciales, quienes así tienen el dinero para el movimiento normal de los bancos.  Sin embargo, esos préstamos vienen condicionados al cumplimiento de una serie de reformas, que permitan generar los recursos para el repago. La deuda griega asciende a más de 175% del PBI. Es como si una persona tuviera que pagar 10 soles cada mes y obtuviera de ingresos solo 6. No solo no puede pagar, sino que asumiendo que todo el ingreso se destine al pago de deuda (algo irreal), aún le faltarían 4. De ahí la necesidad de endeudarse más, situación que no es sostenible.

De acuerdo con algunas fuentes, en los últimos cinco años, la “troika” le ha prestado a Grecia alrededor de 240 mil millones de euros que han tenido el siguiente destino: 11% a financiar actividades del gobierno, 16% a pagar los intereses de la deuda y el 73% restante a bancos y fondos privados de inversión. 

El martes por la noche, a más tardar, el gobierno griego debía pagar 1600 millones de euros al FMI y no lo hizo. Las negociaciones se rompieron en los días previos, pues el gobierno no aceptó las condiciones para recibir nuevos préstamos. Para colocar los hechos en contexto, en 2014 fue electo Primer Ministro, el izquierdista radical, Alex Tsipras, quien hizo campaña señalando su negativa a más programas de ajuste y una eventual salida de la eurozona. Además ha anunciado un referéndum o consulta popular para preguntar a los ciudadanos griegos si deben o no aceptar la propuesta de la “troika”, fijado para el domingo 5 de julio. Mientras tanto, para evitar una huida de euros del país, se decretó el “corralito”, pues el BCE dejó de emitir y prestar los euros al gobierno griego, que a su vez los canalizaba a los bancos comerciales que así tenían el dinero para los ahorristas.

El pasado miércoles, Grecia envió una carta a la “troika” indicando que aceptaba las condiciones a cambio de mantener el programa de rescate del BCE quien, como se ha mencionado, emite y presta a Grecia. La respuesta de la Comisión Europea fue la siguiente: posponer cualquier decisión con respecto de qué medidas tomar hasta después del referéndum del domingo. Cero liquidez hasta conocer qué pasa el domingo.

El problema es complejo; si el BCE decide seguir emitiendo y prestando, genera un precedente para otros países de la eurozona, quienes pensarán: “al final me prestan igual”. Si no lo hace, entonces Grecia entra en default o moratoria. Las reglas de la eurozona son claras: no es posible que un país incumpla con sus pagos.

Se han planteado varias opciones. En primer lugar, si revisamos la historia económica, encontramos que en casos similares se “perdona” una parte de la deuda. En segundo lugar, existe la opción de una nueva moneda creada por el gobierno, lo que en la práctica significaría una salida de la eurozona. Se habla del “nuevo dracma” y del IOU (del inglés, I owe you), aunque estas opciones se supone que están prohibidas en la eurozona; de ahí que significaría la salida de la zona del euro o “Grexit”, como se le conoce. Los siguientes días serán claves.

 

 

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