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Economía para todos Carlos Parodi Carlos Parodi

Pobreza en América Latina 2014

Hace unas semanas la Comisión Económica para América Latina (Cepal) publicó su Panorama Social 2014, documento en el cual da cuenta de la evolución de la “situación social” de la región. Existe un dato que me parece digno de comentar. En 1980, la región tenía 40.5% de pobres, porcentaje que se redujo a 28.0% en 2014. Sin embargo, si agregamos el crecimiento poblacional, observamos que el número de pobres creció de 136 a 167 millones en el mismo período. América Latina tiene más pobres que hace 25 años. Algo similar ocurre con los pobres extremos, que han aumentado de 62 a 71 millones entre 1980 y 2014.

En esos 25 años, diversos países han intentado con diferentes estrategias económicas; no se trata de “izquierda versus derecha”, pues se ha probado con ambas visiones y lo único cierto es que existen más pobres que antes. Mi lectura es que el Estado, al margen del “modelo económico”, si es que lo hubo, no ha logrado satisfacer las necesidades y servicios básicos de los habitantes de la región. El gran ausente parecer ser la transformación del Estado hacia uno eficiente, eficaz, transparente, que permita que el acceso a la educación y salud de calidad, seguridad e infraestructura rural, entre otros, sea el mismo para todos. Y eso no es lo que ocurre. Perú es un ejemplo de ello.

Para el cálculo de la pobreza existen distintos métodos. El usado por la Cepal y por la mayoría de gobiernos del mundo es el denominado “pobreza monetaria o por ingresos”, que define como pobre a todos aquellos cuya capacidad de gasto diaria es menor que cierto umbral denominado línea de la pobreza. Es un indicador unidimensional (solo considera al ingreso) y no multidimensional. La misma Cepal construye un indicador de pobreza multidimensional y encuentra que para el Perú en 2012 el indicador ascendió a 37% y no 24%, cifra que se obtuvo con el método de la pobreza monetaria.

¿Dependió de la estrategia económica la evolución de la pobreza? Parece que no; Venezuela, tras 15 años de experimento socialista, presentó en 2013, 32.1% de pobres, mientras que Chile, solo 7.8%. Colombia tuvo en 2013, 32.9% de pobres. Es cierto que también juega el punto de partida (cuanto mayor sea al inicio del cálculo, es más fácil reducirla), pero la muestra presenta países pro libre mercado y pro estatismo con niveles altos y bajos de pobreza. Sin un estado que funcione, no hay forma, desde la economía, de reducir de manera sostenible la pobreza.  Sí puede disminuirse de manera temporal cuando la coyuntura externa es favorable, como ocurrió en la región entre 2003 y 2011, pues más allá de eso, como se implementaron muy pocas reformas, la reducción de la pobreza se detuvo.

Desde luego que esto no debe llevarnos a descuidar los equilibrios macroeconómicos, que son los “cimientos” a partir de los cuales hay que construir una política de desarrollo. Los resultados económicos son necesarios pero no suficientes; sin reformas, no existirá un avance sostenible en el plano social.

¿Es correcto dejar la evolución de la pobreza a los ciclos económicos? Pues claro que no; lo que todos deberíamos saber son los niveles de pobreza por los diversos métodos que existen, pues la pregunta de “¿quién es pobre?” sigue estando en agenda. Luego de ello, fijarnos una meta: propongo que sea eliminar la pobreza extrema o indigencia, que en 2013 ascendió a 9.8% de la población en Venezuela, 2.5% en Chile, 9.1% en Colombia y 4.7% en Perú (un millón y medio de peruanos). Me parece una meta razonable. ¿Qué piensa usted, estimado lector?

 

 

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