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Economía para todos Carlos Parodi Carlos Parodi

¿Por qué disminuyen los precios del petróleo y cobre?

Partamos de un hecho obvio: en los últimos meses los precios del petróleo (en dólares por barril) y del cobre (en dólares por libra) se han desplomado; en el caso del petróleo, el precio por barril se redujo de 110 dólares en junio de 2014 a 46.6 dólares en enero de 2015, mientras que en el caso del cobre, la reducción fue de 3.25 a 2.55 en el mismo período.

Partamos de un hecho obvio: en los últimos meses los precios del petróleo (en dólares por barril) y del cobre (en dólares por libra) se han desplomado; en el caso del petróleo, el precio por barril se redujo de 110 dólares en junio de 2014 a 46.6 dólares en enero de 2015, mientras que en el caso del cobre, la reducción fue de 3.25 a 2.55 en el mismo período. En general, parece que mientras que lo ocurrido con el petróleo ayuda a la economía peruana, la tendencia en el caso del cobre generaría el efecto contrario. Veamos.

En primer lugar, así como el crecimiento de los precios de las materias primas entre 2003 y 2012 fue hacia el alza en medio de un auge de la economía mundial, ahora es hacía la baja. Una primera explicación es que subieron muy rápido y que luego del auge tenían que bajar, siguiendo el ciclo económico mundial, que luego de la crisis de 2008 ha mostrado una clara dirección hacia la desaceleración. Esta explicación se refuerza por los recientes datos presentados por el FMI sobre el crecimiento económico mundial para 2015: China, principal comprador de materias primas, crecería solo 6.8% en 2015, por debajo del 7.4% de 2014. La evolución económica mundial es cíclica.

Entonces, un primer problema es la desaceleración económica mundial, manifestada en una reducción de la demanda, en general, por todas las materias primas.  La lenta recuperación de la economía mundial estaría afectando a los precios de las materia primas. Note, estimado lector, los efectos de la primera crisis financiera internacional del siglo XXI, que seis años después y a pesar de los programas de estímulo económico están lejos de disiparse. En la medida que nadie sabe cuándo ocurrirá una recuperación sólida y sostenible, la incertidumbre contrae las decisiones de inversión. Ante ello, una “huida” de las materias primas por parte de los inversionistas es otro probable factor.

En segundo lugar, también hay un exceso de oferta de petróleo.  En los Estados Unidos, la tecnología “fracking” está convirtiendo al mencionado país en autosuficiente de petróleo.   Hace menos de un año, cada vez que el petróleo caía de precio, Arabia Saudita reducía su producción para mantener estable el precio; sin embargo desde hace un tiempo decidió no hacerlo. Las razones no están claras.

 Como cualquier estudiante de economía sabe, la menor demanda combinada con una mayor oferta solo puede terminar en un colapso del precio.  Como Perú es importador neto de petróleo, se ve beneficiado; caso contrario de Rusia (estimado de crecimiento en 2015, -3%), Venezuela (-3%), Arabia Saudita, Irán, Argelia y Nigeria, entre otros.

En el caso del cobre, en que el Perú es el tercer productor mundial, los analistas coinciden en dos explicaciones: la primera, la desaceleración de China, que es el principal comprador de cobre en el mundo y la segunda, relacionada con el hecho que cuando el precio del cobre subía (2003-2012), las empresas generaron una sobreproducción de cobre que, dada la menor demanda china, no tienen a quién vender.

El problema con el Perú es que gran parte del crecimiento económico esperado está basado en la puesta en marcha de una serie de proyectos mineros, que bien podían retrasarse esperando precios más altos. Y ello ahondaría aún más la desaceleración. Quellaveco y La Granja pueden ser dos ejemplos. Más aún, la menor producción cuprífera incidiría en la recaudación tributaria y por ende en el canon regional y local.

Nadie sabe lo que pasará con estos precios en el futuro, aunque los analistas tienden a coincidir en que la tendencia, al menos en este 2015, se mantendrá. Menudo problema para las arcas fiscales en un año prelectoral y con un alto grado de “ruido” político. 

 

 

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