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Economía para todos Carlos Parodi Carlos Parodi

¿Es suficiente inyectar liquidez para reactivar la economía?

Cuatro paquetes “reactivadores” y reducciones sostenidas en la tasa de encaje configuran políticas fiscales y monetarias expansivas. Más allá de los detalles de cada una de las medidas y de los cuestionamientos respecto de cuáles eran las “mejores” medidas, la pregunta de fondo es la siguiente: la inyección de liquidez, ¿es suficiente para reactivar la economía? ¿Qué pasa si la oferta (inversión) no responde al menos en la misma proporción?

Cuatro paquetes “reactivadores” y reducciones sostenidas en la tasa de encaje configuran políticas fiscales y monetarias expansivas. Más allá de los detalles de cada una de las medidas y de los cuestionamientos respecto de cuáles eran las “mejores” medidas, la pregunta de fondo es la siguiente: la inyección de liquidez, ¿es suficiente para reactivar la economía? ¿Qué pasa si la oferta (inversión) no responde al menos en la misma proporción?

Cada uno tiene su propia opinión y todas son respetables. En los Estados Unidos, desde diciembre de 2008 y hasta octubre de 2014 se ha inyectado una cantidad enorme de dólares a través de los denominados “Quantitative Easing”, que en términos simples consistieron en la emisión (maquinita) monetaria para comprar bonos, tanto al gobierno como a bancos. En Japón, desde 2012, el primer ministro Shinzo Abe también inyectó grandes cantidades de yenes. La pregunta es, ¿funcionaron?

No tengo una respuesta concreta, pero a partir de las estimaciones del FMI, se espera una recesión en Japón y una lenta recuperación en los Estados Unidos, medida por la reducción en la tasa de desempleo a 6%. Nótese que la economía estadounidense tiene un mercado laboral flexible, por lo que el desempleo aumenta y disminuye con facilidad. En el Perú, una de las reformas pendientes es justamente la laboral, pues actualmente es caro contratar y despedir trabajadores.  ¿Tanto dinero inyectado en USA y Japón para resultados tan mediocres? Por otro lado, la eurozona no la pasa mejor, usando el camino contrario: la austeridad.  

Japón y la eurozona no se recuperan con políticas contrarias; Estados Unidos lo hace a un ritmo muy lento y China tiene sus propios problemas que se reflejan en crecimientos que girarán en torno de 7%, muy lejos de las tasas de dos dígitos de hace algunos años.

Me parece que los economistas debemos sugerir y actuar con más humildad. No encontramos recetas, si es que existen. Tampoco creo que sea el “modelo”. Me inclino a pensar que nos hemos olvidado que la economía no funciona en un vacío, sino en una realidad concreta, con características políticas, sociales, históricas e institucionales determinadas. Debemos ubicar nuestras sugerencias en cada contexto. Por ejemplo, las reducciones en tasa de encaje inundan de liquidez a los bancos, pero ¿existe la confianza suficiente en los mismos bancos para prestar y en los inversionistas a solicitar el dinero? ¿Por qué lo harían si los “espíritus animales” están dormidos? ¿No sería más fácil para un banco comercial retornar el dinero al banco central y depositar en él un exceso del encaje obligatorio? ¿Existe el marco institucional adecuado para que “despierte” la inversión? No olvidemos que 2015 es un año pre-electoral, al que habría que agregarle la incertidumbre asociada a la casi inexistencia de partidos. A ciencia cierta, nadie puede asegurar qué hará en 2016 quien gane las elecciones presidenciales.

Como consecuencia no tengo certeza del éxito de los paquetes reactivadores ni de la reducción de la tasa de encaje, no porque no sean agresivos (tema que es discutible), sino porque el entorno no es conducente a una reactivación por razones no económicas. Si algo debemos haber aprendido los economistas es a mirar el contexto dentro del cual se aplican las políticas. Lo que si veo como  necesario es la implementación de reformas que sostengan el crecimiento y la inclusión. Salud, educación, infraestructura urbana y rural, mercado laboral, informalidad, Estado,  entre otros, deben estar en el tope de la agenda de mediano plazo, para reducir la dependencia  de los vaivenes del contexto externo. 

 

 

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