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Economía para todos Carlos Parodi Carlos Parodi

¿Qué es el déficit fiscal?

Los gobiernos funcionan como una familia:
tienen ingresos, que provienen de la recaudación tributaria y gastos. El
déficit fiscal aparece cuando los gastos del sector público exceden a los
ingresos; entonces, la diferencia debe ser financiada; para ello existen
alternativas, como la deuda interna, la deuda externa y el uso de  ahorros anteriores, tal como lo haría
cualquier familia. 

Los gobiernos funcionan como una familia:
tienen ingresos, que provienen de la recaudación tributaria y gastos. El
déficit fiscal aparece cuando los gastos del sector público exceden a los
ingresos; entonces, la diferencia debe ser financiada; para ello existen
alternativas, como la deuda interna, la deuda externa y el uso de  ahorros anteriores, tal como lo haría
cualquier familia. 

La recaudación tributaria, principal fuente de ingresos del gobierno, aumenta cuando crece el PBI. A mayor crecimiento, mayor recaudación. Ahora bien, para que se eleve el PBI a tasas mayores, como ocurrió entre 2005 y 2008 deben aumentar la inversión privada y/o las exportaciones, pues éstas no solo aumentan el empleo, sino que además permiten elevar la recaudación.  En 2008 y 2009 el gobierno enfrentó un déficit fiscal (-1.3% y – 0.2% del PBI, respectivamente) debido al menor crecimiento, consecuencia de la crisis externa. El financiamiento provino básicamente del superávit fiscal acumulado de los tres años previos (2.3%, 2.9% y 2.4% del PBI, respectivamente). El mensaje es claro: “ahorrar en los tiempos de bonanza para usar el ahorro en los tiempos de desaceleración”.  
2011 y 2012 volvimos a crecer y apareció nuevamente el superávit fiscal (2.0% y 2.2% del PBI, respectivamente). Sin embargo, en el último Reporte de Inflación del BCR (setiembre 2013) se proyecta una reducción del superávit para llegar al equilibrio fiscal (ingresos igual a gastos) en 2015. ¿Las razones? Un mayor gasto público y una reducción de los términos de intercambio (caída de los precios de las exportaciones). Si se exporta menos, el PBI se desacelera y con él, la recaudación tributaria; si se agrega un aumento del gasto público, es lógico que caiga el superávit fiscal.  
Volvamos al comienzo. El financiamiento del déficit no soluciona el problema de fondo que es el déficit en sí mismo; es decir, a través del financiamiento se cubre la diferencia, pero no se ataca la causa del problema, que es una baja recaudación tributaria y/o en un alto nivel del gasto público, así como en un lento crecimiento del PBI. 
¿Y cómo se endeudan los gobiernos? A través de la emisión de unos documentos llamados bonos, que ponen a la venta a través de la bolsa de valores (sea de Lima o de Nueva York); el bono genera un interés, por lo que quien compra el bono le “presta” al gobierno del país y a cambio se queda con el documento que luego le genera un interés. Sin embargo, un mayor endeudamiento externo vía la emisión de bonos soberanos, debe tomarse con cautela. Los mercados internacionales constantemente evalúan la capacidad de pago del país, que se resume en el riesgo país y si el gobierno se encuentra sobreendeudado, entonces o compran los bonos pero exigen una tasa de interés muy alta o simplemente no le compran los bonos.  Un claro ejemplo de lo que puede ocurrir de no realizar lo anterior es Grecia, cuyo elevado déficit fiscal fue una de las causas principales de la crisis en la que se encuentra.  
Por último, como los casos de Italia, Portugal, España y Grecia enseñan,  debe tomarse en cuenta que la reducción del déficit enfrenta costos políticos en el corto plazo, pero beneficios en el largo plazo. No es una tarea fácil, más aún, en un contexto de demandas sociales en crecimiento. El gobierno peruano tiene un manejo fiscal responsable, pues tiene un marco legal que impide que el déficit fiscal exceda a 1% del PBI y otras reglas numéricas. 
La única forma de crecer es aumentando la inversión, las exportaciones y la productividad del gasto público. La claridad en las reglas de juego y la reforma institucional son condiciones básicas para ello. Como la inversión es un asunto de confianza, una parte de la preocupación actual está en el campo político, que no es capaz de generar la credibilidad necesaria. Los problemas políticos afectan al crecimiento económico.

 

 

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