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Estados Unidos: Del abismo fiscal al tope de la deuda

El 2 de enero de 2013, el Presidente Obama firmó la
ley que "evita" el precipicio o abismo fiscal (en inglés se conoce como fiscal
cliff). ¿Está solucionado el problema y Estados Unidos podrá retomar un
crecimiento sólido? ¿Realmente evita el abismo fiscal? Comencemos por
comprender el problema. El abismo fiscal que hubiera entrado de manera
automática el 1 de enero de 2013 era una combinación de aumentos en impuestos y
reducciones del gasto público, de modo de reducir el déficit fiscal en 5 puntos
porcentuales a lo largo de 2013 (actualmente es de 9% del PIB). Ello habría
generado una contracción en la demanda interna de tal magnitud que el resultado
más probable hubiera sido una recesión, con efectos negativos sobre la economía
global. Sin embargo, el 1 de enero, el Congreso llegó a un acuerdo. 

El 2 de enero de 2013, el Presidente Obama firmó la
ley que “evita” el precipicio o abismo fiscal (en inglés se conoce como fiscal
cliff). ¿Está solucionado el problema y Estados Unidos podrá retomar un
crecimiento sólido? ¿Realmente evita el abismo fiscal? Comencemos por
comprender el problema. El abismo fiscal que hubiera entrado de manera
automática el 1 de enero de 2013 era una combinación de aumentos en impuestos y
reducciones del gasto público, de modo de reducir el déficit fiscal en 5 puntos
porcentuales a lo largo de 2013 (actualmente es de 9% del PIB). Ello habría
generado una contracción en la demanda interna de tal magnitud que el resultado
más probable hubiera sido una recesión, con efectos negativos sobre la economía
global. Sin embargo, el 1 de enero, el Congreso llegó a un acuerdo. 

¿Por qué depende del Congreso? Porque en los
Estados Unidos la autorización de gastos por encima de los ingresos y por lo
tanto de endeudamiento federal debe llevar la autorización del Congreso.  En términos simples es el Congreso quien
autoriza que el gobierno federal se pueda endeudar para financiar el déficit
fiscal  (determina el “techo de la deuda”),
es decir, el exceso de gastos sobre ingresos. De ahí que en los últimos días de
2012, en el Congreso, las negociaciones entre demócratas y republicanos hayan
estado en el centro de la noticia.  La
historia es así: en agosto de  2011 se
llegó al techo de la deuda y entonces Obama solicitó al Congreso dominado por
los republicanos, en especial a su ala radical (tea party), que ampliara el
techo. El Congreso autorizó la ampliación del techo a cambio de una serie de
aumentos en impuestos y reducciones de gasto público que entrarían en vigor el
1 de enero de 2013 de manera automática; a eso se le conoció como el abismo o
precipicio fiscal por la magnitud del ajuste.

 

¿Qué ha ocurrido?  El Congreso ha aprobado algunos aumentos
menores en los impuestos, a cambio de la entrada en vigencia automática de los
recortes de gasto el 1 de marzo de 2013. ¿Qué se ha evitado? Que la demanda del
gobierno (gasto público)  se reduzca
violentamente y con ello la demanda interna. El mundo se ha calmado; sin
embargo, ¿qué pasará el 1 de marzo?  Como
los impuestos han aumentado poco y no se ha bajado el gasto, el problema real,
que es el déficit fiscal se mantendrá. Y con ello, el endeudamiento federal. En
consecuencia, el 1 de marzo se alcanzará nuevamente el techo de la deuda (en
inglés se denomina debt ceiling), por lo que Obama deberá pedir al Congreso
nuevamente autorización para aumentarlo, pues de lo contrario no podrá afrontar
los gastos, entre ellos el pago de la deuda previa. Y lo más probable es que
comience una discusión entre demócratas y republicanos. En síntesis solo se ha
postergado el problema. De ahí que pronto se hablará nuevamente del abismo
fiscal, pues en caso no se aumente el techo de la deuda, Estados Unidos caerá
en una situación de moratoria, tal como la que estuvo a punto de caer en agosto
de 2011. Como telón de fondo, cabe mencionar que desde 2001, el Congreso ha
aprobado los aumentos del techo de la deuda once veces.

 

Hagamos una analogía con una tarjeta de crédito; el
aumento en el techo de la deuda es como una ampliación de la línea disponible;
en el caso de los Estados Unidos, es el Congreso quien debe dar la autorización,
pero con un ingrediente adicional: el destino del gasto también es aprobado por
el Congreso; esto ocurre en los Estados Unidos desde 1917. Si el Congreso
siempre ha autorizado que el gobierno pueda endeudarse, entonces también tiene
responsabilidad con el déficit fiscal existente.  

 

Muchos pensamos que de hecho se llegará a un nuevo
acuerdo a fines de febrero a cambio de algunos recortes del gasto público; sin
embargo, eso no quita que la incertidumbre sea la protagonista de las
siguientes semanas, lo que incluye postergaciones en decisiones de inversión y
consumo privadas, lo que reducirá aún más el ya anémico crecimiento del país
del norte. ¿Se mantendrá en el mundo la creencia que prestarle (comprar bonos)
del gobierno federal es una alternativa libre de riesgo? 

 

 

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