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Economía para todos Carlos Parodi Carlos Parodi

Europa y la crisis de deuda soberana

Varios países europeos enfrentan una crisis de deuda soberana, entendida esta última como un problema de pago de la deuda externa que tienen los  gobiernos. El temor que existe alrededor de Grecia, por ejemplo, es que haga un default, es decir, una moratoria o no pago de la deuda. En términos simples, un default es un incumplimiento de pagos, es decir, no se cumple con los pagos de deuda establecidos en el contrato; pero, ¿cómo se endeudan los gobiernos?

Varios países europeos enfrentan una crisis de deuda soberana, entendida esta última como un problema de pago de la deuda externa que tienen los  gobiernos. El temor que existe alrededor de Grecia, por ejemplo, es que haga un default, es decir, una moratoria o no pago de la deuda. En términos simples, un default es un incumplimiento de pagos, es decir, no se cumple con los pagos de deuda establecidos en el contrato; pero, ¿cómo se endeudan los gobiernos?

En general los gobiernos emiten bonos que son documentos que tienen un
valor determinado; por ejemplo, imaginemos que el gobierno de un país
emite un bono por 100 unidades monetarias (UM); al venderlo quien lo
compra le entrega (presta)  al gobierno los 100 y se queda con el bono.
Bajo condiciones estables el tenedor del bono cobrará un interés cada
cierto tiempo por haberle prestado dinero al gobierno. Este bono puede
ser colocado en los mercados secundarios (bolsas) y ser revendido.

Ahora supongamos que el gobierno ya tiene un problema de exceso de
deuda y quiere colocar bonos; lo natural es que el comprador del bono o
prestamista solicitará una tasa de interés cada vez mayor para cubrirse
del riesgo; la situación puede llegar a un extremo en que sea imposible
para el gobierno del país colocar el bono, por la alta tasa de interés
que tendría que pagar; eso es lo que le ocurre ahora a España, Grecia y
otros. Tienen que hacer pagos de bonos colocados antes y para ello
tratan de colocar nuevos bonos, pero ya nadie está dispuesto a
comprarlos o si lo hacen piden una tasa de interés prohibitiva. La
razón: las probabilidades de pago son cada vez más bajas.  Tienen que
pagar sus cuotas de deuda, no tienen cómo hacerlo, quieren endeudarse
más, pero ya nadie les presta.

¿Qué hacer en esas circunstancias? Una primera opción, defendida por
Alemania, consiste en que el gobierno deudor implemente un programa de
ajuste también llamado plan de austeridad; en términos simples, gasta
menos, ahorra y paga; si cumples con esa ruta, entonces te presto para
que pagues la deuda y no hagas un default; pero, ¿quién presta y de
dónde sale el dinero? Prestan entidades como la Comisión Europea, el
Fondo Monetario Internacional y varios más, pero el dinero no lo
producen, sino que lo consiguen de los contribuyentes de otros países;
es decir, quienes pagan impuestos en unos países subsidian a los
gobiernos que tienen que pagar deuda en otros, pero que no tienen cómo
hacerlo.  

La segunda opción es crecer, obtener los recursos vía recaudación y
luego pagar; suena atractivo, pero, ¿cómo crecer? Aumentando la demanda
interna o externa; la externa es complicado por un problema de
competitividad, que trataremos en otra entrega; queda la demanda
interna, que está compuesta por cuatro componentes: consumo privado,
consumo público, inversión privada e inversión pública. De estas
cuatro, el gasto público (mejor si es en inversión pues es más
sostenible) queda como alternativa. Sin embargo, ¿de dónde obtiene el
dinero si los contribuyentes internos no tienen cómo pagar pues la
economía está en recesión? Como los países de la eurozona no pueden
emitir dinero (el euro es emitido por el Banco Central Europeo de modo
que los 17 países no tienen política monetaria) y tampoco pueden
endeudarse más por las razones expuestas, solo queda el mismo rescate
planteado en la primera alternativa, pero no a cambio de un ajuste,
sino de crecimiento para poder pagar en el futuro.

Ambas alternativas son extremas y desde luego existen varias opciones
intermedias que serán materia de otra entrega. No obstante, conviene
mencionar que a lo largo de la historia las crisis de
sobreendeudamiento siempre han terminado con un perdón de una parte de
la deuda y una reestructuración de la economía (léase reformas) para
asegurar una senda de crecimiento sostenible. Este fue el caso de
América Latina en general y Perú en particular como consecuencia de las
crisis de deuda de la década de los ochenta. Luego de experimentos
fallidos, ¿qué ocurrió? Se perdonó parte de la deuda y se emitieron
nuevos bonos que reemplazaron a los anteriores (los llamados bonos
Brady) y a cambio de la operación se implementaron una serie de
reformas estructurales. Los rescates no son gratis.

El problema griego se agrava porque ya fue perdonada una parte del la
deuda, pero las dificultades se mantienen, pues no se hacen las
reformas y no pueden crecer; además, todavía no se forma un nuevo
gobierno que asuma una posición. Esto ocurrirá el 17 de junio con las
elecciones parlamentarias a partir de las cuales se formarán
coaliciones para nombrar al jefe de gobierno. Las posiciones extremas
son: en primer lugar, proausteridad y reformas y en segundo lugar,
procrecimiento y no pago; en esta última opción Grecia saldría de la
eurozona. Es esa incertidumbre la que está ahondando los problemas en
otros países de la eurozona, pues muchos bancos de otros países son
acreedores de los bancos y del gobierno griego.  

La lección que queda es la prevención: no se puede gastar por encima de
los ingresos de manera indefinida, pues la diferencia se financia con
deuda y eso tiene un límite. Esto es válido para una persona, una
familia, una empresa o un gobierno.

 

 

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