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El mundo de Donald Trump (por Juan Mendoza)

Los beneficios de las políticas económicas de Trump para el Perú, debido a los mayores precios de los metales que exportamos, podrían superarían a los costos.

Donald Trump ha sorprendido al mundo ganando la presidencia de los Estados Unidos. ¿Qué explica su inusitada victoria? ¿Cuáles son sus planteamientos económicos? ¿Qué posibles consecuencias tendrá su gobierno para el Perú y para la economía global?

Donald Trump ha obtenido una victoria sorprendente. En contra de la enorme mayoría de encuestas, pronósticos y análisis políticos ha derrotado a Hillary Clinton, la candidata favorita del “establishment” y de los medios de comunicación. En efecto, a diferencia de Clinton, Trump es un completo outsider al sistema político norteamericano dominado por los demócratas y republicanos. Debido a ello, Trump ha contado con muchos menos fondos para financiar su campaña que Clinton habiendo incluso invertido decenas de millones de dólares de su propio patrimonio. Además, Trump ha tenido que enfrentar la antipatía desembozada del grueso del periodismo que lo ha caracterizado como un enorme peligro para la estabilidad de los Estados Unidos.

Trump es dueño de un estilo provocador e irreverente. Muchos electores norteamericanos, si queremos darle algún valor a las encuestas a boca de urna, no consideran que tenga la preparación suficiente para ser Presidente. Muchos otros se han sentido ofendidos con algunas de sus propuestas de campaña como construir un muro entre México y Estados Unidos pagado con dinero mexicano, su abierta crítica a las políticas migratorias de su país, sus lamentables expresiones respecto a las mujeres, o su aparente intolerancia a la religión musulmana. Otros han visto en su rechazo a los acuerdos comerciales una clara amenaza al crecimiento económico del planeta. Otros más han visto con gran recelo el cuestionamiento de Trump a la política exterior de Bush y Obama pues ello podría augurar un nuevo período de aislacionismo norteamericano. Y cuando los Estados Unidos se aísla de los asuntos internacionales, tal y como sucedió luego de la Primera Guerra Mundial, no le va bien al mundo.

Pero Trump no es el ganador de la elección por casualidad. De hecho, el magnate habría derrotado a Clinton en 30 de los 50 estados de la unión norteamericana. Trump no solo ha ganado en Florida y Ohio, en que los comicios suelen ser muy ajustados, sino en Pennsylvania, Wisconsin y Michigan, estados en que los republicanos no habían obtenido victorias en casi 30 años. ¿Qué explica el éxito de Trump? ¿Cómo así puede haber convencido a tantos electores con el grueso de los medios de comunicación en su contra?

Hay tres factores clave para entender el triunfo de Trump. El primero es el gran desencanto del pueblo norteamericano con su clase política. Para muchos electores Hillary Clinton es el ejemplo del político que habla mucho y hace poco pues la fracasada candidata ya fue Secretaria de Estado durante la primera administración de Obama. Más aún, muchos ciudadanos norteamericanos consideran que los políticos tradicionales son agentes de los grupos de interés pues son los mismos financian las campañas electorales. En esta lógica, muchas políticas de los últimos gobiernos en Estados Unidos han sido diseñadas para favorecer los intereses de grupos particulares en desmedro del bienestar social.

El aumento en la desigualdad es otro elemento fundamental para comprender la victoria de Trump. Los datos nos dicen que la mediana del ingreso en los Estados Unidos apenas se incrementado desde inicios de los años ochenta. Asimismo, la brecha de ingresos entre los que más ganan y las clases medias y populares no deja de incrementarse. La reciente crisis financiera internacional del 2008, de cuyos estragos el mundo no termina de recuperarse, no ha hecho sino empeorar las tendencias de largo plazo de mayor desigualdad en los Estados Unidos. Para muchos de quienes han votado por Trump, ni Clinton ni Bush ni Obama han conseguido lidiar adecuadamente con la desigualdad.

El tercer factor decisivo que explica la victoria de Trump es la resistencia de muchos al libre comercio. La enorme mayoría de los economistas sabemos que el libre comercio incrementa el bienestar de un país en su conjunto. Además, el libre comercio es el mecanismo a través del cual el crecimiento alto de un país o región, como India y China en el Asia, se transmite a otros países, como por ejemplo el Perú y América Latina. Pero los economistas también sabemos que algunos trabajadores y empresas pueden verse perjudicados con el libre comercio. Ello ocurre pues el libre comercio estimula la especialización de la producción y, en ese proceso, algunas líneas de producción o sectores pueden perder empleo e importancia relativa. De hecho, los grandes ganadores de la mayor apertura comercial de los Estados Unidos han sido los trabajadores más calificados, por ejemplo los programadores en Silicon Valley, mientras que los grandes perdedores han sido los trabajadores menos calificados, por ejemplo los operarios en plantas industriales en Detroit o Pittsburgh.

Así, en la mente de muchos electores el intercambio comercial crea trabajos y aumenta ingresos de las trabajadores que ganan más (los más calificados), pero origina pérdida de empleos y caída de ingresos de los trabajadores que menos ganan (los menos calificados). En otras palabras, el libre comercio favorece a las clases acomodadas pero estaría perjudicando a los menos favorecidos. No debería extrañar, por tanto, que Clinton es la gran triunfadora en Nueva York o California, especialmente en las zonas urbanas, pero que Trump barrió en los estados con antigua base industrial, como los del norte del país. Como sabemos, uno de los caballos de batalla de la campaña de Trump ha sido revisar los tratados comerciales para proteger los empleos de la clase obrera norteamericana.

Ahora bien, más allá de las pasiones y simpatías personales ¿Qué podemos esperar de la presidencia de Donald Trump? Para comenzar, muchos de los planteamientos electorales de Trump son irrealizables. Así, por ejemplo, para denunciar tratados comerciales Trump necesitaría amplia mayoría en el Congreso lo cual está a años luz de materializarse. Asimismo, ¿qué poción mágica podría hacer que los mexicanos quieran pagar por la construcción de un muro que los fuese a separar de los Estados Unidos.

¿Cuáles de las propuestas de Trump si verán la luz del día? En mi opinión, es altamente probable que, tal y como lo prometió durante su campaña, el gobierno de Trump baje los impuestos, en particular el impuesto a la renta, lance un agresivo programa de infraestructura, e incremente sustantivamente el gasto militar. Recordemos que Trump propuso gastar más del doble que Clinton nuevas carreteras, vías férreas, puertos y aeropuertos, además de simplificar el régimen tributario. También considero que es poco probable que Trump promueva nuevos acuerdos comerciales pero que no podrá deshacer los acuerdos ya existentes.

El incremento en el gasto en infraestructura de Trump tendrá un efecto positivo sobre la demanda y el precio de las materias primas. Ello se verá reforzado por el aumento en el gasto militar pues la historia nos dice que cada vez que Estados Unidos demanda más armamento sube el precio de los metales como el cobre, el plomo y el zinc que nuestro país tiene la suerte de producir. Así, si Trump implementa sus propuestas económicas el Perú y otros países productores de materias primas se verán beneficiados.

Asimismo, el fuerte aumento en la inversión pública y en el gasto militar en los Estados Unidos reactivará la demanda agregada mundial y podría ayudar a que el mundo se recupere definitivamente de la crisis financiera del 2008. Muchos economistas pensamos que la demanda agregada mundial necesita un impulso para que las economías de Europa y Japón de dinamicen. En este sentido, la expansión fiscal de Trump se asemejaría al estímulo a la demanda debido al aumento en el gasto militar norteamericano a partir de 1940 para hacer frente a la amenaza nazi.

Como Trump propone bajar los impuestos, el incremento en la inversión pública se financiara con deuda. Muchos tienen miedo en los Estados Unidos a que un rápido aumento de la deuda pública norteamericana ponga en riesgo la solvencia fiscal del país. Pienso que estos temores son exagerados pues el Tesoro norteamericano tiene el lujo de poder endeudarse a una tasa de interés real cercana a cero. Es decir, en términos reales, la deuda no les cuesta nada a los contribuyentes norteamericanos. Así, siempre y cuando el gasto en infraestructura no se vaya en corruptelas o elefantes blancos, riesgo relativamente bajo en los Estados Unidos, la política económica de Trump puede ser la medicina que la economía mundial necesitaba para salir del bajo crecimiento de los últimos años.

El riesgo del gobierno de Trump es que éste sea el inicio de espiral proteccionista en el mundo. Hace pocas semanas los votantes británicos eligieron dejar la Unión Europea. Y considero que las mismas razones que explican la victoria de Trump están detrás del éxito de los promotores del Brexit. Si los países empiezan a adoptar políticas más proteccionistas, entonces se reducirá el potencial de crecimiento del planeta y, en particular, de economías pequeñas y abiertas como la peruana que tanto dependen de las condiciones internacionales. Considero, sin embargo, que el riesgo de un espiral proteccionista es bajo pues la resistencia contra el libre comercio no es generalizada.

Así, los beneficios de las políticas económicas de Trump para el Perú, debido a los mayores precios de los metales que exportamos, podrían superarían a los costos. Es posible que los mercados bursátiles sigan registrando volatilidad en las semanas que vienen. Pero la reducción impositiva aumentará la rentabilidad de los negocios y, por lo tanto, incrementar el precio de las acciones. Veremos en los meses venideros, por supuesto, qué políticas termina implementando Donald Trump.

Trump parece haber nacido con la estrella de la buena suerte de su lado. Dos veces se recuperó del borde de la bancarrota y pudo reconstruir y expandir su imperio de bienes raíces. Hasta hace pocas horas ni siquiera sus más fervientes partidarios creían en su victoria, al punto que no había un discurso de victoria preparado. Y es que el 9 de noviembre no parece ser cualquier fecha en el calendario. El 9 de noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín, alterando para siempre el equilibrio geopolítico internacional. La caída del muro fue el inicio del final de la Unión Soviética y de la Guerra Fría. El 9 de noviembre de 2016 Donald Trump era elegido Presidente de los Estados Unidos. Los lectores del futuro sabrán si el mundo será el mismo luego de la presidencia de Donald Trump.

Juan Mendoza, Lima, 11 de noviembre de 2016.

 

 

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