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Oportunidades y desafíos económicos 2016-2021 (por Juan Mendoza)

Nuestro país no puede darse el lujo de no invertir con celeridad en proyectos rentables que ya tienen financiamiento.

La principal tarea del nuevo gobierno debería ser retornar a una senda de mayor crecimiento económico. El crecimiento es el combustible para erradicar la pobreza, que aún afecta a más de un quinto de los peruanos, y financiar reformas estructurales para alcanzar el desarrollo económico y social.

El crecimiento del 2014 (2.4%) y del 2015 (3.3%) ha estado por debajo del crecimiento promedio de 5.2% entre el 2000 y el 2015. El 2016 pinta mejor. Pero el crecimiento de este año se explica por las nuevas minas. El problema es que el impulso de la minería se agotará en el 2017 y no hay proyectos similares a Las Bambas o a la ampliación de Cerro Verde en cartera.

El nuevo gobierno tiene el desafío central de evitar que la caída en los precios de los metales siga reduciendo la inversión, fuente del crecimiento futuro. En efecto, la inversión privada se ha contraído en -2.1% y -4.5% en el 2014 y 2015. Es esencial destrabar las inversiones detenidas por la conflictividad social. Urge darle agilidad a las múltiples APPs que marchan a paso de tortuga. Nuestro país no puede darse el lujo de no invertir con celeridad en proyectos rentables que ya tienen financiamiento.

La nueva administración enfrentará condiciones externas poco auspiciosas. El FMI y el Banco Mundial proyectan menor expansión de la China, destino fundamental de nuestras exportaciones, en el siguiente quinquenio. Asimismo, se anticipa que, como resultado del proceso de normalización monetaria en los países desarrollados, habrá tasas de interés más altas en los próximos 24 meses.

Hay, sin embargo, varias razones para el optimismo. No hay duda que el nuevo gobierno continuará con el modelo de economía de mercado que nos ha permitido doblar el ingreso per cápita desde 1990. Las políticas socialistas del ayer fueron un meridiano desastre: el ingreso per cápita en dólares constantes se redujo 1% por año entre 1968 y 1990.

Tampoco hay duda de que habrá una sustantiva mejora en la calidad de la gestión pública. La construcción de la segunda pista del Jorge Chávez no seguirá durmiendo el sueño de los justos. Es improbable que nos embarquemos en nuevos elefantes blancos de dudosa rentabilidad social como Talara. Más allá de las propuestas de campaña, tampoco hay duda de que el nuevo gobierno será prudente en el manejo de las finanzas públicas.

El nuevo gobierno no reducirá la inversión pública como, de forma inexplicable, lo hizo esta administración durante los dos últimos años. Es seguro que el nuevo gobierno tendrá una política social mucho más eficaz. Hoy, a pesar del mayor gasto en programas sociales, la incidencia de la anemia infantil es mayor que en el 2011.

Pero para volver a crecer de manera sostenida se necesita retomar las reformas estructurales de economía de mercado abandonadas en 1996. Estas reformas incluyen la mejora sustantiva en la provisión de bienes y servicios públicos (como seguridad, educación, salud), la revisión del proceso de descentralización (lo cual requiere una reforma política radical), la reducción de la informalidad, y el diseño de un nuevo sistema previsional con mayor cobertura y eficiencia.

Emprender nuevas reformas estructurales supondrá el decidido apoyo de todas las fuerzas políticas, en especial el del fujimorismo, el partido más grande y organizado del país. Las coincidencias programáticas entre PPK y Keiko son abrumadoras. Es crucial cerrar pronto las heridas de campaña. Hay que dejar atrás el encono y los odios. No podemos vivir congelados en el 5 de abril de 1992. No es saludable que la política nacional se defina en términos del antifujimorismo.

Si priman la sensatez y el diálogo, el nuevo gobierno será muchísimo mejor que el que termina. Los ganadores seremos los peruanos.

Juan Mendoza, Publicado en Gestión, página 21, 10-Jun-2016.

 

 

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