El nuevo lenguaje de la barra: Coctelería de autor en La Cabrera
La escena gastronómica global está atravesando una transformación silenciosa pero contundente: el auge de la Afternoon Society. Esta tendencia, que ya domina las principales capitales del mundo y se consolida con fuerza en Lima, responde a un cambio en los hábitos del consumidor corporativo y cosmopolita, quien hoy prefiere adelantar sus encuentros sociales a la caída del sol. Ya no se trata solo de un after-office convencional, sino de una migración hacia cocteles de baja graduación alcohólica y perfiles botánicos que permiten prolongar la conversación sin la solemnidad de una cena formal. Los restaurantes han dejado de ser solo templos del plato para convertirse en laboratorios de mixología donde la barra tiene tanto peso estratégico como la cocina.
Como curiosa especialista que suele poner el foco en la cultura del vino, reconozco que esta evolución nos obliga a ampliar el espectro sensorial. La gastronomía es un ecosistema dinámico y, aunque mi brújula apunta casi por instinto hacia la cava, ignorar la sofisticación de la nueva coctelería de autor sería perderse la mitad de la historia. En mi reciente visita a la sede de Miraflores de La Cabrera, pude confirmar que esta corriente ha llegado para redefinir el concepto de la parrilla tradicional. Allí, la propuesta de barra ha dejado de ser un preámbulo para convertirse en un destino con nombre propio, ideal para quienes buscan un refugio de alta gama este verano.
Tres paradas para refrescar la tarde
Si el plan es una reunión relajada con amigos o un encuentro tras la jornada laboral, estos tres cócteles marcan una pauta distinta y permiten explorar maridajes menos estructurados:
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El Distinto Spritz: Esta versión es la elegancia hecha burbujas. Es el acompañante ideal para esos primeros minutos de charla, funcionando como un puente refrescante que prepara el paladar sin saturarlo. Como sommelier, lo recomiendo para acompañar opciones cremosas como la provoleta o la burrata, donde la carbonatación del cóctel ayuda a limpiar la untuosidad del queso.
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Capitán Bachiche: Una reinterpretación con carácter que equilibra pisco y vermouth. Tiene la estructura necesaria para sostenerse frente a las entradas clásicas de la parrilla, como unas mollejas grilladas o chorizos artesanales. Los botánicos del cóctel potencian el ahumado de la brasa, logrando un equilibrio que usualmente buscamos en los tintos.
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Chilcano del Bosque: La frescura en su máxima expresión. Los matices botánicos y de frutos rojos transforman un estándar local en una experiencia de autor. Es el tipo de trago que invita a quedarse una ronda más mientras cae la tarde, y va de maravilla con carnes blancas como el matambrito de cerdo, donde las notas frutales elevan el sabor de la carne.
Más allá de la carne
Lo interesante de este giro es que la barra ya no se percibe solo como el acompañamiento de una cena pesada. Se ha vuelto un punto de encuentro para quienes valoran los insumos de alta calidad, los destilados artesanales y las mezclas equilibradas. En un mercado donde los sabores botánicos ganan terreno, esta propuesta se siente actual, necesaria y, sobre todo, muy acorde al ritmo de nuestra ciudad.
Abrir el espectro más allá de la cava me permitió confirmar que, a veces, el mejor maridaje no se encuentra necesariamente en la etiqueta de siempre, sino en la curiosidad de probar algo nuevo bajo la brisa de Miraflores.

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