Vino, oficio y una mesa que se revela en Lima
Durante muchos años, el vino fue el elemento más constante en mis estancias de trabajo en el InterContinental Santiago. Al final de la jornada, una copa bien servida y la posibilidad de acceder a ejemplares destacados del vino chileno formaban parte de una rutina habitual. La cocina acompañaba ese contexto sin ocupar un lugar protagónico en la experiencia.
Esa percepción se amplió recientemente en Lima.
En el Hotel InterContinental Real Lima, la experiencia en torno a la mesa comenzó a adquirir mayor relevancia. Sin expectativas previas, la propuesta gastronómica fue mostrando consistencia y coherencia. En una ciudad donde la cocina ocupa un lugar central en la conversación cultural, estas cualidades resultan especialmente evidentes.
Una cocina construida desde el oficio
La propuesta culinaria que encontré en Lima se apoya en fundamentos claros. Producto bien tratado, técnica sólida y una lectura contemporánea de sabores locales aplicada con mesura. Se trata de una cocina que responde a su contexto y que se expresa con sobriedad, una forma de trabajo que se reconoce en la regularidad y en la precisión.
Julio Ferradas y el valor de la continuidad
Al frente de esta propuesta está el chef Julio Ferradas, un profesional con una trayectoria amplia en cocinas de gran escala. Su experiencia incluye cargos ejecutivos en hotelería de alto nivel, reconocimientos dentro de la industria y un trabajo constante en la formación y conducción de equipos.
Ferradas desarrolla una cocina basada en el control, la organización y la atención al detalle. Su perfil responde a una lógica de largo aliento, donde la calidad se sostiene en el tiempo y se refleja en el funcionamiento integral de la cocina.
The Factory y una cena pensada desde el vino
La experiencia tomó una forma más definida en The Factory, durante una cena maridaje experimental desarrollada a partir de una selección de vinos de LC.
El punto de partida fue el vino. Desde sus perfiles, estructura y expresión, se diseñaron platos específicos que acompañaron con precisión y equilibrio. La relación entre copa y cocina se desenvolvió de manera natural, dando lugar a una experiencia armónica.
No entraré en detalles sobre los platos. El video que acompaña esta nota permite observar con claridad lo sucedido y apreciar mejor el diálogo entre vino y cocina.
Mi experiencia previa en Vitacura estuvo ligada al trabajo y al vino. En Lima, la cocina pasó a ocupar un lugar central dentro de esa misma experiencia. La mesa se convirtió en un espacio de atención y descubrimiento.
Cuando el oficio está bien aplicado, el vino encuentra un lugar claro en la conversación y la cocina acompaña con solvencia. La experiencia se construye desde ahí, sin necesidad de énfasis adicionales.

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