Prieta Quebranta: una casa nombrada por la historia
Prieta Quebranta toma su nombre de una uva y de un término que anteceden a la nomenclatura moderna del vino en el Perú. No es una elección estética, sino histórica. “Prieta” fue durante siglos la forma coloquial de nombrar a la uva negra introducida por los españoles en el siglo XVI, hoy identificada como Negra Criolla. “Quebranta” es la variedad que surge en el territorio peruano a partir de ese tronco inicial y que termina por convertirse en la uva más representativa del país.
El origen vitícola de la Quebranta
Desde una perspectiva histórica, la Quebranta no es una cepa importada sino una variedad americana. Su origen se explica por la llegada temprana de vides europeas, principalmente Listán Prieto, plantadas en los primeros viñedos coloniales de la costa central y sur del Perú. En ese nuevo entorno, marcado por suelos arenosos, climas áridos y prácticas agrícolas en formación, se produjeron cruces naturales y procesos de adaptación que dieron lugar a una uva distinta, vigorosa y estable.
El nombre Quebranta aparece documentado hacia el siglo XVII y se consolida en el uso local para designar esta nueva variedad. A partir de entonces, la uva se integra de manera profunda a la historia vitícola del Perú, vinculándose al paisaje costero y a la economía agrícola del virreinato.
De uva agrícola a base del pisco
Durante gran parte de su historia, la Quebranta fue una uva funcional. Se utilizó para la elaboración de vinos sencillos de consumo cotidiano y, sobre todo, para la destilación de aguardientes que con el tiempo darían origen al pisco. Su importancia fue estructural, aunque rara vez celebrada.
Con el avance del siglo XX y la consolidación de una vitivinicultura orientada a cepas internacionales, la Quebranta quedó asociada casi exclusivamente a la destilación. El vino peruano buscó legitimarse mirando hacia afuera, mientras su uva más antigua permanecía en segundo plano.
El retorno vinícola de la Quebranta
En las últimas décadas, este panorama comenzó a modificarse. Una nueva generación de productores y enólogos volvió a observar la historia vitivinícola peruana y decidió vinificar la Quebranta con intención contemporánea. Aparecieron blancos de contacto breve con pieles, rosados sobrios y tintos ligeros que permitieron comprender mejor su perfil.
Estas expresiones vinícolas muestran una uva de estructura firme, fruta contenida y una relación directa con el territorio. Más que imitar modelos externos, revelan una identidad construida desde la adaptación y la continuidad histórica.
“Prieta” como memoria vitícola
Recuperar el término “Prieta” implica rescatar una forma antigua de nombrar la vid, anterior a la estandarización técnica. Es una palabra ligada al habla agrícola y a una viticultura transmitida por uso y experiencia más que por clasificación académica. En ese sentido, el nombre Prieta Quebranta no remite solo a una variedad, sino a un proceso largo de mestizaje agrícola y memoria productiva.
Una curaduría vitivinícola del Perú
Esa lectura histórica se refleja en la curaduría del espacio. La vinoteca reúne más de 240 etiquetas provenientes de 9 regiones vitivinícolas del Perú, todas resultado de procesos vitícolas y vinícolas desarrollados en el país. En un solo lugar es posible recorrer la diversidad del vino peruano a través de proyectos pequeños, producciones de escala limitada y estilos diversos.
Ica aparece como eje fundacional, con vinos y piscos ligados a la Quebranta y a otras uvas tradicionales. Lima aporta proyectos costeros de pequeña escala y enfoques contemporáneos. Arequipa y Moquegua suman expresiones marcadas por suelos volcánicos y condiciones más severas. Tacna mantiene una tradición pisquera de estructura y carácter. Cusco, Apurímac y Áncash incorporan la variable de la altura y de la viticultura andina, con producciones desarrolladas en contextos extremos.
Junto al vino, la tienda incorpora otros productos peruanos pensados para acompañar la experiencia. Aceites de oliva, quesos artesanales y productos gastronómicos locales completan la propuesta sin desplazar al protagonista. Todo lo que se ofrece responde a un mismo criterio de origen, identidad y coherencia territorial.
El vino como experiencia compartida
Esta vocación de difusión se extiende a las actividades que organiza la casa. En fechas programadas, principalmente viernes y sábados, Prieta Quebranta realiza el formato All You Can Wine, una degustación abierta con una selección curada de etiquetas peruanas durante un horario determinado. El encuentro permite probar, comparar regiones y reconocer uvas patrimoniales desde la experiencia directa.
En este contexto, la presencia de Pedro Cuenca, uno de los principales promotores del renacimiento del vino peruano, resulta central. Si se tiene la suerte de encontrarlo en la tienda, la experiencia se amplía. Su conocimiento, su trabajo de difusión y su lectura del territorio han sido fundamentales para visibilizar una escena vitivinícola que hoy se muestra diversa, sólida y en plena construcción.
Una lectura del Perú en copa
El nombre que identifica a esta vinoteca resume su propuesta. Prieta Quebranta es una síntesis entre historia vitícola, producción vinícola y relato vitivinícola contemporáneo. Un espacio donde la memoria agrícola del Perú se traduce en botellas y donde el país puede recorrerse, con calma, desde una mesa. Salud!

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