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Perú: Promoción de la inversión y el crecimiento

Gracias al boom de inversión que vivió durante una década, Perú logró incrementar su capacidad productiva. Sin embargo, la caída de los precios de las materias primas y la incertidumbre en torno a las condiciones externas mermaron la inversión en 2014 y empañaron las perspectivas de crecimiento.

Por 

Kevin Ross

 y 

Melesse Tashu

(Versión en  English)

Gracias al boom de inversión que vivió durante una década, Perú logró incrementar su capacidad productiva. Sin embargo, la caída de los precios de las materias primas y la incertidumbre en torno a las condiciones externas mermaron la inversión en 2014 y empañaron las  perspectivas de crecimiento. El interrogante que se plantea es, entonces, si Perú podrá sustentar ese mayor potencial de crecimiento. La experiencia indica que es necesario hacer renovado énfasis en la ejecución de reformas estructurales para estimular la productividad y el crecimiento.

 

Fuente de aumento del crecimiento potencial

En las últimas décadas, Perú aplicó continuamente una serie de reformas estructurales y sólidos marcos macroeconómicos y de inversión. Por ejemplo, el gobierno instituyó una regla fiscal en 1999 y un régimen de metas de inflación bien diseñado en 2002.

De acuerdo con el  índice de reformas estructurales elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo, Perú ha pasado a ser un líder en la región, en tanto que a mediados de los años ochenta ocupaba el último lugar dentro de una clasificación relativa de las seis economías más grandes de América Latina. Estos avances le permitieron aprovechar al máximo una mejora sustancial y prolongada de los términos de intercambio, así como el nivel mundial históricamente bajo de las tasas de interés. El resultado fue una escalada de los flujos de inversión e inversión extranjera directa, y un aumento significativo de la productividad.

En el período 2003−13, el crecimiento promedió 6,2%, y la inversión contribuyó alrededor de la mitad al crecimiento efectivo del PIB. Naturalmente, en esta coyuntura también aumentó la tasa de crecimiento potencial estimada: de alrededor de 4% en 2003 a aproximadamente 6% en 2013. De un sencillo análisis del crecimiento se desprende que aproximadamente la mitad de la expansión de la capacidad potencial se debió a un aumento de la contribución de la productividad total de los factores (PTF), y el resto, al capital y la mano de obra en proporciones iguales.

La nueva realidad

La evolución de las condiciones externas, sin embargo, exige una reevaluación del crecimiento potencial. Los dos factores clave que dieron un fuerte empujón al crecimiento —las variaciones positivas de los términos de intercambio y las favorables condiciones financieras internacionales— han comenzado a revertirse, y el crecimiento de la inversión viene enfriándose. Para determinar el impacto de esta debilidad del entorno económico en el crecimiento potencial, utilizamos los supuestos del pronóstico de base del personal técnico del FMI respecto a la evolución de la mano de obra y el capital, y estimamos los efectos que las variaciones de los términos de intercambio y un índice de reformas estructurales tendrían en el aumento de la productividad (PTF).

Nuestros resultados muestran que, por ejemplo, si las reformas estructurales avanzaran al mismo ritmo que lo hicieron durante el auge de las materias primas —un período con pocos incentivos para realizar mejoras estructurales—, el crecimiento potencial sería de apenas 3,2%. Nuestro escenario de base estima un crecimiento potencial de 4½%, suponiendo una ligera aceleración de las reformas estructurales, en consonancia con los planes actuales de las autoridades, como exponemos más adelante.

Impulso a la inversión

La infraestructura y el desarrollo del capital humano en Perú aún son relativamente débiles, existen rigideces en el mercado laboral y hay escasa capacidad institucional. Un reto primordial es la elevada informalidad, que limita el tamaño de las empresas, el desarrollo del capital humano, la innovación y la profundización financiera; todo lo cual, a su vez, obstaculiza la productividad.

Las rigideces del mercado laboral, reflejadas en una remuneración no salarial fijada por ley que es elevada dentro de la región, constituyen un ejemplo de barrera a la formalidad con un impacto negativo en la competitividad. Otro importante impedimento, que se puso de manifiesto con la desaceleración del crecimiento ocurrida el año pasado, es la tramitología, que encarece y complica la inversión.

El amplio programa de reformas estructurales de las autoridades está pensado en función de estos importantes retos. Los esfuerzos iniciados para reformar la función pública, racionalizar los procedimientos de habilitación, afianzar la gobernanza de las empresas públicas, simplificar los procesos de inversión pública, promover la innovación y diversificar las exportaciones apuntan en la dirección correcta. Es crítico seguir perseverando con la reforma del mercado de trabajo, centrándose en la reducción de los costos no salariales y racionalizando las reglas de trabajo. Un compromiso político generalizado sigue siendo un elemento esencial para que puedan avanzar los esfuerzos de reforma a corto y a mediano plazo.

 

 

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