Tom Wicker y sus 3,993 palabras sobre el asesinato de J. F. Kennedy
Kennedy es asesinado por un francotirador”…Este es el titular de la que es considerada la crónica periodística más importante sobre la violenta muerte del presidente de Estados Unidos John F. Kennedy.
La nota, publicada en la edición del
sábado 23 de noviembre de The New York Times, es una de las piezas
modelo en la enseñanza del periodismo en universidades de todo el mundo.
Su autor, Tom Wicker, falleció este sábado 25 a los 85 años de edad.
La tarde en la que ocurrió el asesinato (22 de noviembre), Wicker viajaba en una furgoneta para periodistas, a pocos metros del automóvil descubierto de Kennedy. Posteriormente revelaría que no llevaba una libreta para tomar notas, y menos una grabadora, que los periodistas comenzaron a usar a partir de la década de 1970. El redactor del New York Times debió anotar lo que presenciaba en cuanto papel encontró en sus bolsillos y en los que pudo recoger del piso. En consecuencia, la observación y la memorización se constituyeron en sus principales herramientas de trabajo para escribir la histórica crónica.
Así, pudo relatar datos objetivos: “El presidente John Fitzgerald Kennedy murió de una herida en el cerebro causada por una bala de fusil (…) Le dispararon a las 12:30. Fue declarado muerto a las 13:00″; y también subjetivos: “La señora Kennedy caminaba junto al ataúd. Su rostro estaba triste y miraba fijamente al suelo. Todavía vestía el traje de color frambuesa con el que había recibido la multitudinaria bienvenida en Fort Worth y Dallas, pero se había quitado el sombrero que llevaba al principio del día, y su pelo oscuro era arrastrado y enredado por el viento”.
A Wicker le bastaron 3,993 palabras para contarle al lector absolutamente todo lo que había ocurrido, desde hechos de absoluta importancia: “Poco después del asesinato, Lee H. Oswald (…) fue detenido por la policía de Dallas, y por la noche fue acusado del crimen”, “El vicepresidente Lyndon Baines Johnson (…) fue juramentado como el trigésimo sexto presidente de los Estados Unidos, 99 minutos después de la muerte de Kennedy”; hasta descripciones que un inadvertido podría considerar triviales, pero que el redactor juzga sustanciales para instalar en la mente del lector el espacio, el tiempo y los sentimientos del momento en que se produjo la historia y de los protagonistas del hecho: “La señora de John F. Kennedy permanecía de pie. Sus medias estaban salpicadas con la sangre de su marido”.
La BBC recuerda ahora que pese a que la noticia fue intensamente cubierta por la televisión, los estadounidenses se informaron del acontecimiento principalmente por el artículo de Tom Wicker. Un histórico del The New York Times, Gay Talese, comentó a la agencia Associated Press que esa crónica fue un ejemplo de cómo ordenar los hechos ante el caos y la confusión, y recordó que la dictó por teléfono con una voz “que apenas se dejó romper por la emoción”.
>Su viuda, Pamela Wicker, reveló que Tom había muerto “mirando por la ventana el paisaje rural que tanto amaba”, la misma serenidad que lo embargó para dominar el drama y el desconcierto que generó el asesinato de John F. Kennedy.

