Salsa, la revolución se inició con 2,000 dólares
Fania All-Star llegará este sábado 19 a Lima. En sus más de 40 años de existencia, ofrecerá un primer concierto en nuestro país. La siguiente es la corta historia de la fundación de esta orquesta, que no solo impuso la salsa en el mundo, sino que creó una forma de hacer negocios musicales.
Nueva York. Jerry Masucci caminaba intensamente, aunque con pasos muy
cortos, como si estuviera midiendo el largo y ancho de su aún
silenciosa oficina. Eran las ocho de la mañana, y había estado haciendo
lo mismo desde una hora antes. Tenía el rostro encendido, la mirada en
un punto fijo de la oscura pared y el pensamiento en 1964, en la fría
tarde en la que conoció a Johnny Pacheco. El músico dominicano le pedía
consejos legales, él le entregaba opiniones musicales. Habían
transcurrido siete años de aquella cálida conversación en una tarde
fría, y Masucci caminaba intensamente, aunque con pasos muy cortos,
pensaba ahora ya no en 1964. Era el jueves 26 de agosto de 1971, y
estaba nervioso, preocupado, porque la noche de ese día coronaría o
sepultaria el sueño compartido con Pacheco.
Uno era rumbero, latino y callejero, el otro era abogado, ítalo-judío,
modoso y elegante. Los desunía casi todo, los unía la música. Uno había
llegado a la oficina del otro para pedirle ayuda legal y así salir bien
librado de un juicio por divorcio. Hablaron de mujeres, de casamientos,
de hijos, de divorcios, de pensiones, y también de música, de músicos,
sobre todo de músicos latinos y de sus dificultades con los empresarios
de Nueva York.
Pacheco, quien ansiaba acabar con esa explotación, deseaba crear un
sello discográfico latino. Se lo dijo a Masucci, y este tocó el cielo.
Tomaron un crédito de US$ 2,000 y en 1964 fundaron Fania Records, el
más grande sello de música latina de todos los tiempos, como suelen
decir legos y entendidos. “Sin la unión de los dos no se hubiera
logrado nada”, sentenció años después Alex Masucci, el hermano menor de
Jerry, también involucrado en la aventura.
En los años 60 vivía medio millón de latinos en Nueva York. Muchos eran
de Puerto Rico, y también había algunos miles de Cuba. y todos hacían
bulla, mucha bulla en las calles con tambores y congas, con trompetas y
trombones, con pianos y acordeones. Sin embargo, esos parranderos no
tenían una identidad musical en suelo norteamericano, vivían entre la
agitación del rock and roll de Elvis Presley, la elegancia de The
Beatles, la reflexión del jazz y la exagerada sofisticación de las
orquestas latinas que interpretaban en costosos clubes mambos, boleros
y otros ritmos sandungueros.
Los jóvenes, atrapados entre esos frentes, encontraron una salida en el
boogaloo, creado, dicen unos, por el legendario percusionista cubano
Mongo Santamaría, y, otros, por el pianista y trombonista Johnny Colón.
Sean unos u otros los que tengan razón, lo cierto es que este ritmo,
fusión de la música afro-cubana y el soul norteamericano, fue adoptado
como la primera expresión de música original latina, aunque los músicos
la consideraban de muy baja calidad.
Johnny Pacheco, quien ganaba dinero con el boogaloo, llegó a confesar
que “lo odiaba, porque (…) no era música”, y Willie Colón, quien
inició su carrera musical a los 14 años con este ritmo, lo calificó de
“horrible y ruidoso”. Pero a los jóvenes les encantaba. Era 1965, y
tres años después Pacheco y Masucci combinaron la energía del boogaloo
con el desenfreno de la música cubana: fundaron la Fania All-Star para
lograr la nueva identidad musical de los latinos y dar paso a la salsa,
e iniciar una armoniosa revolución cultural y social.
Tres años más debieron transcurrir para que llegue el 26 de agosto de
1971, el día en que Jerry Masucci, agitado, nervioso, emocionado,
intentaba sobreponerse a la preocupación. Ralph Mercado, empresario
musical puertorriqueño, había sido el único que lo había escuchado en
Nueva York, y le había cedido su Cheetah, uno de los clubes musicales
de moda, para la presentación de la Fania. Era jueves, y ese día, poco
propicio para los espectáculos musicales, fue escogido por Mercado,
quien no estaba dispuesto a arriesgar, porque nunca fue un tonto, en un
viernes o sábado.
Mercado (insistimos, nunca fue un tonto) estaba asombrado, por decir lo
menos, puesto que eran más de cuatro mil las personas que aplaudían,
transpiraban, juntaban sus cuerpos y los soltaban, que contemplaban y
alababan, que cantaban y lloraban. En la tarima eran Willie Colón,
Héctor Lavoe, Larry Harlow, Ray Barretto, Ismael Miranda, Santos Colón,
Cheo Feliciano, Roberto Roena, Nicky Marrero, Barry Rogers, Reinaldo
Jorge, Roberto Rodríguez, Héctor Zarzuela ‘Bomberito’, Larry Spencer,
Richie Ray, Bobby Valentín, Yomo Toro, Pete ‘El Conde’ Rodríguez,
Adalberto Santiago y Bobby Cruz, todos dirigidos por Johnny Pacheco.
Masucci y Pacheco habían logrado reunir a los mejores del barrio en un
mega concierto, el que marca la fecha del bautizo de la Fania
All-Stars, y el inicio de la revolución latina llamada salsa.
Jerry Masucci, 20 años después despertó de lo que describió como un sueño, y solo declaró: “Estoy muy orgulloso”.

