La corrupción de las costumbres
He pasado revista a muchas de las portadas de los diarios de Lima del 2010, y observo que las noticias sobre corrupción se constituyeron en el asunto político que mayor espacio ocuparon en los medios de comunicación, y – de hecho- al que mayor atención le prestó la opinión pública, tanta que la mayoría señala en las encuestas que es el principal problema del país, por encima de temas que deberían ser de más urgente resolución, como la pobreza y el desempleo.
La VI Encuesta Nacional sobre Percepciones de la Corrupción en el Perú,
realizada por Ipsos Apoyo, y presentada en julio último por Proética,
mostró que el 80% de la población cree que el Perú es un país muy
corrupto o corrupto, y el 56% considera que la corrupción de
funcionarios y autoridades son el principal factor que impide el
desarrollo del país.
Si bien es cierto que los niveles de corrupción de ahora no son
semejantes a los registrados durante el régimen de Fujimori, la
población percibe que el Gobierno hace pocos esfuerzos o no le interesa
luchar seriamente contra este flagelo. Esto se traduce en una baja
aceptación del Poder Ejecutivo y de instituciones de inmensa
trascendencia, como el Congreso, el Poder Judicial y los partidos
políticos.
De esta manera, es muy difícil que se le pueda dar consistencia a
cualquier proyecto para modificar las condiciones sociales del país,
pues la población desconfía de que las autoridades y los funcionarios
actúan de buena fe y bajo el estricto cumplimiento de la ley. La
población siempre está sospechando que las obras se realizan por el
interés ulterior de obtener ilegales ganancias por favorecer a
determinada empresa.
En definitiva, el examen político del año 2010 arroja una nota de
desaprobación, fundamentalmente porque el Gobierno ha perdido la guerra
contra la corrupción, y esto porque ha carecido de sentido para
anticiparse al delito, y porque más allá de la encendida retórica para
censurar a los corruptos, no ha hecho nada en serio para sancionarlos
judicialmente.
La pregunta es, entonces, ¿cómo nos irá en este 2011?

