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Corrupción bajo la lupa Eduardo Herrera Velarde Eduardo Herrera Velarde

¿SE HA PERDIDO TODO YA?

Un nuevo escándalo de corrupción remece al Perú. De manera muy parecida al descubrimiento del caso Odebrecht, se ha puesto al descubierto la forma desviada –por decirlo elegantemente- en la que opera y funciona el sistema de administración de Justicia.

¿En quién pueden confiar los ciudadanos cuando tengan una controversia? ¿cómo garantizar la inversión privada? ¿cómo hacer empresa en un país en donde no parecen existir reglas claras? Porque, ojo, en todo interviene el sistema de Justicia.

Pero vayamos más allá del escandalete. Y es que, tal como están las cosas, parece que se hubiera perdido todo. Hoy, asistir a una fiesta, tomarse una foto con alguien o tener una amistad con una persona pública puede ser signo de complicidad y sospecha. En todo este caos hace muy pocos días, un gremio empresarial ha tomado la iniciativa de solicitar a sus miembros declaraciones de no encontrarse involucrados en casos de corrupción.

La regla entonces es, serlo y parecerlo. Parecerlo en grado extremo, según algunos. Serlo siempre, la mejor fórmula de prevención.

El empresario necesita seguridad y control, cosa que parece que, a la luz de lo graficado, inviable de momento; vamos a algunas dudas en concreto: ¿podría estar seguro señor empresario que nadie en su organización está sobornando a un funcionario público para –por ejemplo- obtener una licencia? ¿podría recomendar a sus ejecutivos reunirse a almorzar con funcionarios públicos para conversar de un proyecto en común? ¿cuál es el límite?

Ante este panorama de incertidumbre, aparecen personajes -al límite- para explotar el conflicto de interés y jugar con la ambigüedad. Como nada está marcado, todo está permitido. Sí, como aquella regla constitucional que –en simple- reza así: lo que no está prohibido, está permitido. Luego, viene la parálisis generalizada. Los empresarios ya no quieren arriesgar, los funcionarios no quieren firmar nada. Todo detenido.

Si se ha perdido el límite entonces, habría que volverlo a encontrar y para eso hace falta ser conscientes de los peligros (de los riesgos). Solamente conociendo lo prohibido, se pueden plantear acciones y no acciones, líneas corporativas, protocolos, códigos de ética y demás. Posteriormente, a consecuencia, vendrá el dinamismo por la seguridad generada. Así de simple.

Señores, para eso sirve el compliance. El viejo cumplimiento de la norma, de la ley, no la positiva (la norma legal), toda norma, toda pauta rige bajo ese paraguas porque el cumplimiento implica asumir responsabilidades. Porque todos somos responsables.

 

 

 

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