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Corrupción bajo la lupa Eduardo Herrera Velarde Eduardo Herrera Velarde

BANCOS, CONSTRUCCIÓN Y CORRUPCIÓN

Al hablar de construcción en Latinoamérica inmediatamente se plasma en el imaginario la evocación a la actividad de construcción sin ningún tipo de diferencia. Resulta ser que, ahora, quien se dedica a construir (vivienda o infraestructura), tiene sobre sus espaldas la sospecha de corrupción (concretamente soborno).

El asunto reputacional ha jugado al sector un golpe fuerte que será difícil remontar y esto -a riesgo de equivocarme- solamente podrá pasar con una mezcla de dos aspectos: tiempo y confianza. Pero como el tiempo no podemos controlarlo, entonces hay que trabajar en la confianza.

Precisamente lo que ha ocurrido con la construcción ha generado un repliegue por desconfianza por parte de los bancos. Ahora, los bancos ya no quieren prestar y si lo hacen, probablemente, utilizarán condiciones mucho más desfavorables (para los empresarios).

La lógica es la siguiente: si te dedicas a construcción tengo la sospecha que puedas incurrir en actividades de soborno. Entonces si te atrapan (el sistema de Justicia), es probable que te apliquen sanciones sumamente drásticas que, posteriormente, hagan inviable cualquier devolución del crédito. Por eso, mejor no te presto.

Más allá de lo injusto o no que pueda parecer el razonamiento antes planteado, lo cierto es que a los bancos ya les entró temor.

¿Cómo recuperar la confianza perdida? El asunto, pienso, debería de abordarse a nivel gremial y tiene que ver con mostrar transparencia. La empresa de construcción debe estar en condiciones de decir: mira banco he implementado modelos de prevención de corrupción que mitigarán el riesgo de que cualquier funcionario de mi corporación quiera (y pueda) sobornar a un estatal. En respuesta el banco debería estar en condiciones de ejecutar una auditoría anticorrupción sobre la constructora por una entidad de su escogencia (la del banco). Y listo. Si pasas el examen, entonces puedo prestarte (desde luego si eres viable crediticiamente).

No hay que perder de vista que el solo mostrar las cartas (es decir sostener que se tiene un modelo anticorrupción o el famoso ISO 37001) no es suficiente, hay que estar dispuestos a entrar al test. Ahí está el verdadero desafío. Porque ya hay muchas experiencias que demuestran que, siempre, se puede construir un modelo de prevención (y un ISO) cosmético o ineficaz.

Lo más importante también es entender que el sector construcción hoy fue el que salió más afectado y, como se dice coloquialmente, “pago pato”; pero eso no obsta que en otros sectores el riesgo sea similar (o incluso más grande). Por eso debemos entender que la corrupción es transversal.

 

Lima, 09 de abril de 2018.

 

 

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