Oportunidades globales que transforman trayectorias
Por Jonathan Golergant, rector de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP)
Para muchos estudiantes peruanos, estudiar en una universidad extranjera de reconocido prestigio puede parecer una posibilidad lejana. Las barreras económicas, la falta de información o la idea de que ciertas experiencias están reservadas para unos pocos reducen, muchas veces, el horizonte de lo que un joven cree posible. La universidad tiene la capacidad de cambiar esa percepción cuando construye caminos concretos para conectar a sus estudiantes con el mundo.
La internacionalización de la educación superior suele medirse por el número de convenios firmados entre instituciones. Sin embargo, una alianza internacional adquiere verdadero sentido cuando se convierte en una experiencia de aprendizaje. Estudiar durante algunas semanas en otro país, participar en una investigación junto a científicos extranjeros o aprender con estudiantes de distintas culturas puede modificar la forma en que una persona entiende su profesión y, también, sus propias capacidades.
Esto es especialmente relevante en un contexto en el que los problemas profesionales han dejado de tener fronteras claras. La tecnología, la salud, el cambio climático o el desarrollo económico plantean preguntas que se investigan simultáneamente en distintos lugares del mundo. Un ingeniero peruano puede terminar colaborando con un equipo ubicado en otro continente. Un profesional de la salud necesitará comprender avances producidos fuera del país. Las empresas, a su vez, operan con equipos cada vez más diversos. Formar profesionales para esta realidad exige ampliar los espacios donde aprenden.
Las experiencias internacionales permiten precisamente ese cambio de perspectiva. En la UTP hemos visto a estudiantes de distintos campus acceder a programas académicos y de investigación en algunas de las universidades más prestigiosas del mundo como Harvard, Purdue, UC Berkeley, UCLA, el Politécnico de Milán, UPenn, o la Universidad de York en Inglaterra. El valor de estas oportunidades se observa con mayor claridad cuando conocemos las historias de quienes las viven.
Ivanna Yllahuaman, estudiante de Ingeniería Biomédica de la UTP y egresada de un Colegio de Alto Rendimiento, encontró en la investigación internacional un espacio para desarrollar su vocación por la innovación en salud. Primero realizó una estancia en el Laboratorio de Biofabricación Avanzada de la Universidad de Calgary, donde participó en proyectos de bioimpresión 3D y desarrollo de biotintas para ingeniería de tejidos. Más adelante, fue seleccionada como la única participante peruana del programa UREP Latin America 2025-2 de Purdue University. Allí investigó biomateriales magnetorresponsivos y dispositivos biomédicos flexibles junto a investigadores especializados de Purdue.
Su experiencia muestra algo importante. El talento puede surgir en todos lados, pero necesita oportunidades para desarrollarse. La posibilidad de entrar a un laboratorio de investigación de alto nivel, formular preguntas junto a especialistas y trabajar con tecnologías emergentes puede ayudar a un estudiante a imaginar una trayectoria profesional que desconocía.
Algo similar ocurre cuando la experiencia internacional sucede en el aula. Jeremy Ayala, estudiante de Administración de Negocios Internacionales del campus UTP Huancayo, realizó un ciclo académico en la University of Pennsylvania (UPenn). Durante su estancia fortaleció sus conocimientos de marketing, economía y emprendimiento y pudo aprender de profesionales vinculados a empresas como Airbnb e Instacart. Al regresar al Perú, esa experiencia amplió su visión profesional y ahora sueña con oportunidades que antes no imaginaba.
También hemos visto a estudiantes de Ingeniería Civil e Ingeniería Industrial participar en un programa de siete semanas en Harvard. En ese periodo enfrentan una experiencia académica intensiva, trabajan con profesores de esa universidad, participan en debates y proyectos y obtienen créditos académicos oficiales. Para un joven universitario, comprobar que puede responder a un entorno académico altamente exigente tiene un efecto que va más allá de los conocimientos adquiridos. Puede transformar la percepción que tiene de sí mismo y de aquello a lo que puede aspirar.
Por ello, las alianzas internacionales no deberían ser entendidas solo como símbolos de prestigio institucional. Su propósito es abrir puertas. Esto exige que las universidades conviertan sus redes globales en becas, programas académicos, experiencias de investigación y oportunidades accesibles para estudiantes con talento provenientes de distintos contextos y regiones.
La educación universitaria tiene la responsabilidad de ampliar el horizonte de posibilidades del ser humano. A veces, una estancia de investigación, siete semanas de estudio o un semestre lejos de casa bastan para que un estudiante descubra una capacidad que no sabía que tenía. Construir esos puentes con el mundo importa porque, cuando una oportunidad global llega al estudiante adecuado, el viaje más importante es el que transforma su idea de hasta dónde puede llegar.

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