Creación de valor en la empresa: más allá de la rentabilidad inmediata
Por Leandro Mariátegui, decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP)
En el entorno empresarial peruano, la presión por resultados a corto plazo sigue marcando la pauta de muchas decisiones corporativas. En un mercado competitivo, incierto, complejo y aún volátil, no es extraño que la rentabilidad inmediata se convierta en el principal, y a veces único, indicador de éxito. Sin embargo, esta visión puede resultar limitada frente a los desafíos actuales.
Perú ofrece un contexto particular: alta exposición a ciclos de precios internacionales, brechas institucionales y una creciente sensibilidad social frente al impacto empresarial. En este escenario, crear valor sostenible exige ir más allá de los estados financieros trimestrales, incluso anuales.
Durante décadas, el paradigma dominante —popularizado por pensadores como Milton Friedman— sostenía que la responsabilidad principal de la empresa era maximizar las ganancias para sus accionistas. Sin embargo, este enfoque ha sido crecientemente cuestionado en un entorno en el que los riesgos reputacionales, sociales y ambientales inciden directamente en la sostenibilidad del negocio.
Algunas empresas en el país han comenzado a incorporar una visión más integral de creación de valor. Esto implica invertir en relaciones de largo plazo con comunidades, fortalecer estándares de gobernanza, apostar por la sostenibilidad ambiental, así como innovar como parte del modelo de negocio, no como un componente accesorio. Este enfoque también empieza a exigir perfiles profesionales con una mirada más amplia del negocio, capaces de articular sostenibilidad, innovación y eficiencia en la toma de decisiones.
En esta línea, conceptos como el “valor compartido”, promovidos por Michael Porter, adquieren especial relevancia. La posibilidad de generar rentabilidad, al mismo tiempo que se contribuye al desarrollo local, por ejemplo, integrando proveedores regionales o impulsando encadenamientos productivos, no solo mejora la competitividad, sino que reduce riesgos operativos.
Asimismo, el avance del modelo Enviromental, Social & Governance (ESG) ya es visible en el mercado peruano. Inversionistas institucionales, fondos internacionales e incluso la banca local comienzan a incorporar estas variables en sus decisiones.
Pero el reto principal sigue siendo de liderazgo. Apostar por la creación de valor de largo plazo implica, en muchos casos, asumir costos inmediatos: formalizar procesos, invertir en talento, innovación, mejorar prácticas ambientales o fortalecer la transparencia. Esto no solo supone una decisión estratégica, sino también el desarrollo de capacidades profesionales que acompañen esta transformación dentro de las organizaciones. Son decisiones que no siempre impactan el EBITDA del próximo trimestre, pero que construyen una ventaja competitiva.
En un país como Perú, donde la estabilidad de los negocios depende tanto de factores económicos como sociales, crear valor ya no es solo una cuestión de eficiencia, sino de visión estratégica.
En este contexto, los distintos sectores productivos enfrentan desafíos cada vez más complejos: transición hacia economías más sostenibles, adopción acelerada de tecnologías digitales, cierre de brechas de productividad y fortalecimiento de la gobernanza. En esa línea, la formación de los futuros profesionales cobra un rol clave, ya que las empresas requerirán líderes capaces de integrar sostenibilidad, innovación y ética, contribuyendo así a construir organizaciones más resilientes y comprometidas con el desarrollo del país.
Porque, al final, las empresas que logren perdurar no serán las que optimicen únicamente sus resultados de corto plazo, sino aquellas que entiendan que la rentabilidad sostenible se construye sobre confianza, legitimidad, compromiso con su entorno y visión de futuro.

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