Análisis de la política monetaria restrictiva actual
Jorge Guillén. Profesor de ESAN Graduate School of Business.
En una decisión unánime que marca un hito desde 2023, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) anunció el miércoles 16 de septiembre de 2026 un aumento de 25 puntos básicos en su tasa de interés de referencia. Con esta medida, el rango objetivo se sitúa entre 3,75 % y 4,00 %, consolidando el primer endurecimiento de la política monetaria desde 2023.
El ajuste responde principalmente a la persistencia de presiones inflacionarias que continúan situándose por encima de la meta de inflación de largo plazo del 2 %. De acuerdo con el comunicado emitido por la autoridad monetaria, la inflación permanece elevada y persiste una elevada incertidumbre sobre las perspectivas económicas. A ello se suman factores externos que pueden afectar la evolución de los precios, entre ellos las tensiones geopolíticas y sus posibles efectos sobre las cotizaciones internacionales del petróleo y otras materias primas. Por el estrecho de Ormuz transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, por lo que una interrupción o reducción del flujo debido al conflicto podría restringir la oferta y ejercer presión al alza sobre los precios.
Desde una perspectiva teórica, la decisión de la Fed refleja la prioridad de anclar las expectativas inflacionarias del mercado frente a las presiones de carácter político. La decisión también se produce en un contexto de tensiones entre la administración Trump y la Reserva Federal respecto de la orientación de las tasas de interés. Mientras Trump ha defendido una reducción de las tasas, la Fed ha enfatizado la necesidad de mantener bajo control las presiones inflacionarias. La decisión unánime del Comité reafirma la autonomía institucional del banco central estadounidense y su compromiso con la estabilidad de precios y el máximo empleo.
Algo similar ocurre en países con un esquema de metas de inflación, como el Perú, donde el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), bajo la conducción de Julio Velarde, ha mantenido este marco de política monetaria. El régimen de metas explícitas de inflación fue adoptado por el BCRP a comienzos de la década de 2000, durante el gobierno de Alejandro Toledo.
Las implicaciones de este endurecimiento monetario tienen un alcance sistémico y global. En el ámbito doméstico, el mecanismo de transmisión monetaria encarecerá el costo del crédito para el sector privado. Se anticipa un incremento en el rendimiento de los bonos soberanos y un alza correlativa en las tasas de interés de los créditos comerciales y de consumo, los financiamientos automotrices y los saldos de tarjetas de crédito. Este escenario busca desincentivar el gasto agregado y moderar la demanda interna para contener los componentes que ejercen presión al alza sobre los precios.
A nivel internacional, el diferencial de tasas de interés podría fortalecer al dólar estadounidense frente a otras monedas, incentivar la salida de capitales de corto plazo de los mercados emergentes y generar presiones depreciatorias sobre las monedas de estos países. Kevin Warsh, en sus declaraciones posteriores al anuncio, señaló la necesidad de evaluar la evolución de la economía y de la inflación para determinar la orientación de las próximas decisiones. Las proyecciones macroeconómicas del Comité contemplan la posibilidad de nuevos ajustes antes del cierre del año, condicionados a la evolución de los indicadores de empleo e inflación.
El desafío para Estados Unidos consiste en sostener el crecimiento económico sin descuidar las presiones inflacionarias. La política monetaria deberá, por tanto, encontrar un equilibrio entre evitar un debilitamiento excesivo de la actividad económica y garantizar que la inflación converja de manera sostenible hacia el objetivo del 2 %.

:quality(75)/blogs.gestion.pe/conexion-esan/wp-content/uploads/sites/213/2023/06/ESANa2.jpg)