Cuando resolver un problema social también impulsa la competitividad
Por: Carlos Aguirre. Profesor de Finanzas de ESAN Graduate School of Business.
Imagine una empresa de transporte urbano. Tiene una flota moderna, demanda suficiente y capacidad para seguir creciendo. Sin embargo, enfrenta un problema que amenaza su operación: no consigue suficientes conductores por distintas razones, entre ellas las oportunidades laborales en Europa para conductores y el problema de la extorsión. Las vacantes permanecen abiertas durante meses. Los costos laborales aumentan. Algunos buses dejan de operar por falta de personal y la calidad del servicio comienza a deteriorarse.
Al mismo tiempo, existe otra realidad. Muchas mujeres jóvenes, especialmente de sectores de menores ingresos y con pocas oportunidades, no acceden a empleos formales como conductoras de buses porque nunca tuvieron la oportunidad de obtener una licencia profesional ni recibir la capacitación necesaria. La empresa decide entonces financiar su formación, cubrir el costo de las licencias y brindarles capacitación para posteriormente contratarlas. Muchos describirían esta iniciativa como un programa de responsabilidad social. Otros la llamarían una inversión estratégica. Este es un caso real de una empresa de transporte público que opera en Lima.
Un problema social convertido en una oportunidad de negocio
Durante décadas, la discusión sobre sostenibilidad ha partido de una premisa equivocada: que las empresas primero generan utilidades y luego destinan parte de ellas a producir impacto social. La sostenibilidad racional invierte completamente esa lógica. El impacto social puede ser precisamente el mecanismo mediante el cual la empresa resuelve uno de sus principales problemas de negocio.
En este caso, la inclusión de mujeres no responde únicamente a un objetivo de equidad. Responde también a una restricción crítica: la escasez de conductores. La empresa amplía radicalmente el universo de talento disponible.
El verdadero retorno de la inversión
Naturalmente, el programa tiene riesgos y costos. Hay que financiar licencias, capacitación, entrenamiento y acompañamiento. Pero también aparecen beneficios que muchas veces no se incorporan al análisis. Menor tiempo de cobertura de vacantes. Mayor utilización de la flota. Reducción de horas extras. Menor rotación. Mayor continuidad operacional. Posible mejora en la satisfacción de los usuarios. Fortalecimiento de la reputación frente a reguladores y a la comunidad. Si esos beneficios superan el costo de la inversión, la empresa no solo habrá generado un importante impacto social, sino que habrá creado valor económico. Eso es exactamente lo que Alex Edmans denomina sostenibilidad racional.
El error sería quedarse únicamente con la inclusión
Aquí aparece una diferencia fundamental. Sería un error defender el programa únicamente porque promueve la igualdad de oportunidades (salvo que los dueños o accionistas dentro de su función de utilidad consideren que sacrificar rentabilidad financiera por la satisfacción de apoyar a estas mujeres mejore su nivel de utilidad o bienestar personal, lo cual es también racional, pero que en el largo plazo y especialmente si solo se atendiera a este criterio, podría poner en duda su sostenibilidad de la empresa). También sería un error rechazarlo únicamente porque implica un gasto adicional. La decisión correcta exige responder una pregunta mucho más difícil. ¿La inversión crea más valor que las alternativas disponibles? Ese es el verdadero análisis económico.
La sostenibilidad también debe competir
Supongamos que la empresa dispone de un presupuesto limitado. Con ese dinero podría comprar nuevos buses, automatizar sus talleres, desarrollar una aplicación para usuarios o capacitar mujeres conductoras. Todas son inversiones potencialmente valiosas. La sostenibilidad racional no afirma que siempre deba elegirse el programa social. Afirma que debe elegirse aquella alternativa que produzca mayor creación de valor sostenible de largo plazo. Y precisamente ahí reside la fortaleza del enfoque. No reemplaza el análisis económico. Lo exige.
La nueva ventaja competitiva
Durante mucho tiempo se creyó que las empresas debían escoger entre ganar dinero o generar impacto social. El ejemplo demuestra que esa dicotomía es falsa. Las mejores oportunidades aparecen cuando un problema de negocio y un problema social comparten la misma solución. Encontrarlas requiere creatividad. Demostrarlas requiere evidencia. Y ejecutarlas requiere buena gestión.
Quizá ese sea el verdadero futuro de la sostenibilidad empresarial. No preguntarnos cuánto estamos ayudando a la sociedad. Sino descubrir cuántos de los grandes problemas sociales esconden, en realidad, las próximas grandes ventajas competitivas de nuestras empresas.
Al final del día, se requiere un equilibrio racional entre objetivos económicos y no económicos: sostenibilidad racional.

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