Las amunas: una solución milenaria para la seguridad hídrica del siglo XXI
Por: Mayra Arauco. Directora de la carrera de Ingeniería Ambiental de ESAN University.
Cuando se habla de soluciones frente a la crisis hídrica, suele pensarse primero en grandes obras: plantas desalinizadoras, represas, megaproyectos de trasvase. Son necesarias, pero no las únicas, ni siempre las más costo-efectivas. En las laderas andinas que alimentan a Lima existe una tecnología de más de mil años que hoy se revalora como una de las soluciones basadas en la naturaleza más eficientes para enfrentar el estrés hídrico: las amunas, sistemas ancestrales de siembra y cosecha de agua.
Las amunas captan el agua de lluvia en las partes altas de la cuenca y la conducen por canales hacia terrenos permeables, donde se infiltra y recarga los acuíferos. Esa agua reaparece semanas o meses después en manantiales y quebradas, justo en la temporada seca cuando más se necesita. Según el monitoreo hidrológico de Aquafondo, el Fondo de Agua para Lima y Callao, un kilómetro de amuna rehabilitada aporta en promedio cerca de 148.000 metros cúbicos de agua infiltrada al año. En la microcuenca de Carhuayumac, en Huarochirí, 27 kilómetros de amunas recuperadas entre 2016 y 2022 contribuyen con más de 6 millones de metros cúbicos de agua infiltrada anualmente, volumen suficiente para abastecer el consumo doméstico de más de 119.000 habitantes de Lima y Callao. La UNESCO ha reconocido ese sitio como demostración global de ecohidrología.
Estos resultados confirman lo que distintos organismos internacionales vienen señalando: las soluciones basadas en la naturaleza pueden ser hasta un 50% más rentables que las intervenciones de infraestructura convencional para reducir riesgos hídricos y climáticos, según la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres. Sin embargo, la región invierte muy poco en prevención: cada dólar destinado a reducción del riesgo de desastres puede ahorrar entre cuatro y siete dólares en costos posteriores de atención de emergencias, pero el financiamiento climático que considera explícitamente el riesgo de desastres no supera el 4% a nivel regional.
El valor de las amunas no es solo hidrológico. Su recuperación exige que comunidades altoandinas, empresas, ONG y cooperación internacional trabajen de forma articulada, sosteniendo durante años un mismo objetivo de cuenca. Es, en otras palabras, gobernanza del agua en estado puro: ciencia moderna dialogando con conocimiento ancestral, y actores diversos compartiendo la responsabilidad de un recurso común. Ese es el tipo de articulación que la Ley de Recursos Hídricos peruana (Ley N.° 29338) busca promover a través de los Consejos de Recursos Hídricos de Cuenca, aunque su implementación efectiva en muchas cuencas del país todavía está pendiente.
Escalar estas soluciones —amunas, qochas, bofedales y otras infraestructuras naturales— requiere algo que solo la articulación entre Estado, academia, sector privado y comunidades puede ofrecer: visión de largo plazo y financiamiento sostenido. Las universidades tienen un papel central en esa tarea, formando a los ingenieros ambientales y gestores del agua que el país necesita, y generando evidencia técnica que respalde decisiones públicas informadas.
Por ello, el Foro Internacional 2026 de la Red RiesGIRD-ACC LAC, organizado por ESAN, la Universidad Nacional de Ingeniería, la Universidad Nacional Agraria La Molina y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos los días 2 y 3 de septiembre, dedicará uno de sus ejes a la gobernanza del agua y la seguridad hídrica. El reto para América Latina y el Caribe ya no es demostrar que estas soluciones funcionan, sino multiplicarlas con la misma urgencia con la que avanza la crisis climática.

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