Más allá del cargo (y del mando): claves desde la gestión de proyectos
Por: Jhonnatan Horna. Profesor del área de Operaciones y Tecnologías de la Información de ESAN Graduate School of Business
Siempre me sorprendió una paradoja en mi carrera como gestor de proyectos: muchas veces somos responsables de resultados sin tener autoridad formal sobre las personas o recursos involucrados. Y en ese “vacío de mando”, lo que realmente sostiene el progreso no es el cargo, sino la credibilidad. Y aunque suene abstracto, es tan tangible como una hoja de ruta bien definida.
En organizaciones híbridas, ágiles o funcionalmente fragmentadas, las líneas jerárquicas tradicionales se diluyen. Lo que antes parecía claro —“yo mando, tú haces”— ya no aplica. Entonces, ¿qué hacemos cuando no tenemos autoridad para mandar? La respuesta es liderar desde la influencia, desde la confianza, desde el respaldo que nos dan nuestras acciones y relaciones.
Construir credibilidad desde el arranque
Para liderar sin autoridad se requieren tres ingredientes clave: claridad, credibilidad y conexión. Al gestionar proyectos, lo primero que hago es definir el contexto en el que estamos, quiénes son los interesados, cuáles son los incentivos y qué variables compiten por atención. Porque si no lo hago, estoy entrando en terreno desconocido sin mapa.
Pero definir el mapa no basta. Necesito que el equipo y demás stakeholders empiecen a ver que “sí, este gestor de proyectos sabe lo que hace”. Eso no aparece por el título; aparece cuando cumples compromisos, cuando anticipas problemas, cuando eres consecuente con lo que dices. Esa es la “credibilidad de resultados”.
Y luego está la credibilidad de relación: que la gente sepa que cuando te comprometes, estás ahí, que no desapareces cuando todo va bien. Porque la credibilidad se construye tanto en los momentos de calma como en los de turbulencia.
En proyectos donde no existía autoridad formal, una vez propuse: “Este reporte llega puntual cada lunes y vamos a revisarlo juntos. Si algo no cuadra, lo levantamos inmediatamente”. Al empezar esa rutina, el equipo comenzó a confiar, a ver que había consistencia. Y, poco a poco, mi influencia creció porque antes habían visto que el sistema funcionaba.
Influenciar sin cargo: el juego real de la gestión de proyectos
Liderar sin autoridad no es “hacer lo que pidan otros”. Es, más bien, orquestar, alinear, facilitar. Me cuesta pensar en “imponer”; me gusta más pensar en “activar”. Cuando no puedes mandar, lo que puedes hacer es convocar, acordar y acordar de nuevo. Y eso exige herramientas.
Una herramienta que uso siempre es el mapa de stakeholders: ¿quién tiene influencia de verdad?, ¿quién se opone y por qué?, ¿quién puede arrastrar la opinión de otros? Con ese mapa en mente, mi rol como gestor se vuelve estratégico: me acerco, escucho, formo alianzas. Y eso me permite llevar iniciativas adelante sin necesidad de jerarquía.
Otra cosa que aprendí es llevar datos y propuestas. Cuando apenas llegas con “¿podemos hacer esto?” sin respaldo, la resistencia aparece. Pero cuando vas proactivamente diciendo “Aquí está el impacto esperado, aquí los recursos necesarios, aquí los riesgos mitigados”, generas credibilidad. Y con credibilidad, generas influencia.
Finalmente, cuando tus recomendaciones funcionan, por pequeñas que sean, empieza a correrse la voz. En un proyecto de integración de TI no tenía línea de reporte directa sobre el equipo de infraestructura, pero al entregar resultados concretos me gané un asiento en la mesa donde se decidían los recursos. ¿Cuál fue el cambio? No solo lo técnico: el equipo me veía ya no como gestor “externo”, sino como aliado.
Hacer que tu credibilidad sea el centro de tu liderazgo
Ahora, si la credibilidad es tu moneda, tienes que decidir en qué la inviertes. ¿La gastas en promesas grandiosas que quizá no se cumplan? ¿O la usas para construir pequeñas victorias que suman? Yo opto por lo segundo. Porque cuando la credibilidad falla, todo cae. Cuando falla, incluso tener autoridad formal no salva el proyecto.
Una práctica que recomiendo es ser transparente con tus fallas: mostrar que escuchaste, que corregiste y que aprendiste. Cuando el equipo ve que eres humano y coherente, tu respaldo crece. Y cuando eso ocurre, empiezan a cruzar contigo decididos, incluso cuando no tendrían por qué hacerlo.
También ayuda dar visibilidad a los demás. El liderazgo sin autoridad florece cuando otros se reconocen y aportan. Si apareces siempre a curar el problema, pero no das espacio a que el equipo brille, generas dependencia, no autonomía. Y la autonomía es el mejor fertilizante para la credibilidad.
Y no olvides que el juego es largo. La credibilidad no se construye de un día para otro, pero se puede perder en un segundo. Cuida las promesas, exprésalas bien, entrega lo que dijiste que ibas a entregar. Así, esos bordes donde “nadie manda” se van convirtiendo en tu zona de influencia natural.
Ahora, mirando hacia atrás, veo que siempre le di demasiado valor a la autoridad formal. Lo que hizo que los proyectos avanzaran fueron los puentes invisibles que tejí: tiempos entregados, conversaciones conscientes, una visión compartida del valor. Cuando dejas de depender del cargo o puesto para liderar, entras en otra dimensión de la gestión.
Para quienes lideran hoy, en entornos fluidos y distribuidos, la invitación es clara: convierte tu credibilidad en tu capital más valioso. Porque no se trata solo de “mandar al equipo”; se trata de que el equipo, los stakeholders y la organización quieran moverse contigo. Ese es el verdadero liderazgo, y ese es el liderazgo sin autoridad que marca la diferencia.

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