Ecosistemas empresariales: la ventaja competitiva de crecer en red
Por: Dr. Enrique Louffat. Profesor Principal de ESAN Graduate School of Business.
El término ecosistema fue propuesto en la década de 1930 por el botánico británico Arthur Tansley, quien lo basaba en la descripción de una comunidad de organismos (plantas, animales y microorganismos) que interactúan y compiten entre sí y con sus entornos y que, con el objetivo de prosperar, evolucionan juntos y se adaptan a los impactos externos.
Es en el año 1993 cuando James Moore, estratega empresarial, adaptó el término al campo de los negocios con ocasión de la publicación de un artículo de su autoría en Harvard Business Review, titulado “Depredadores y presas: una nueva ecología competitiva”, indicando que una empresa no puede considerarse como un negocio único y aislado, sino como un miembro dentro de un ecosistema empresarial con participantes que abarcan múltiples industrias.
Efectivamente, las empresas no son “islas”; forman parte de una sociedad a la cual deben aportar contribuciones, en forma de productos y/o servicios, que satisfagan las necesidades de las personas que la constituyen, sin causar perjuicios o daños al entorno del cual forman parte. Una empresa que no actúa de manera coordinada e integrada con su entorno, es decir, que se aísla o “mira hacia dentro”, corre un serio riesgo de no conocer ni integrarse a la realidad que la rodea, más aún en los actuales contextos VUCA (volátil, incierto, complejo y ambiguo) y BANI (frágil, ansioso, no lineal e incierto).
En ese contexto, resulta necesario que las empresas se integren en ecosistemas con otros actores o grupos de interés, con los cuales alinean propósitos colectivos, a efectos de formar redes o cadenas que generen vínculos estratégicos, tácticos y/u operacionales que les permitan generar valor compartido. Los potenciales integrantes de un ecosistema empresarial lo conforman clientes, proveedores, competidores, comunidad, organismos del Estado, etc., los cuales asumen diversos roles de manera cambiante:
- Orquestador, actor central que diseña, coordina y gobierna el ecosistema.
- Productor, quien genera los bienes o servicios principales que lo sostienen.
- Proveedor, quien suministra insumos, componentes o servicios que permiten su funcionamiento.
- Complementador, quien enriquece y amplía la propuesta de valor con productos o servicios adicionales.
La idea central es que todos los miembros del ecosistema se influyen entre sí y mantienen una relación flexible y adaptable para afrontar los constantes cambios del entorno y lograr sostenibilidad.
Uno de los casos más emblemáticos de ecosistema empresarial lo constituye Silicon Valley, conformado por la coexistencia de grandes empresas tecnológicas como Google, Apple o Facebook, junto a miles de startups, universidades de renombre como Stanford y una red de inversores de capital de riesgo. Sin embargo, también existen matices más amplios, como señalan Pidun, Reeves y Schusler (2019): “…en el comercio minorista (Amazon, eBay, Taobao), la hostelería (Airbnb, TripAdvisor, Open Table), los servicios de transporte (Uber, Lyft, Didi) y el trabajo autónomo (Upwork, Craigslist, Fiverr); sistemas informáticos que integran componentes y aplicaciones de múltiples proveedores en una plataforma común (como Microsoft Windows, Apple iOS, Android, SAP NetWeaver); ofertas que integran componentes de distintos actores, por ejemplo, videojuegos, lectores electrónicos, sistemas domésticos inteligentes, soluciones de energía solar residencial, vehículos autónomos, impresión 3D, soluciones de IoT; y ofertas que integran servicios de distintos proveedores, por ejemplo, sistemas de tarjetas de crédito, plataformas de gestión de enfermedades, soluciones de agricultura o minería inteligentes”.
De lo comentado en el párrafo anterior, podemos inferir que existen diversas taxonomías o categorizaciones de ecosistemas empresariales. Para Pidun, Reeves y Schusler (2019), se pueden clasificar en:
a) Ecosistemas de soluciones, que crean o entregan un producto o servicio mediante la coordinación de diversos participantes
b) Ecosistemas de transacción, que conectan a los participantes en un mercado bilateral a través de una plataforma digital.
Independientemente de la tipología, existen cuatro características principales en cualquier ecosistema:
- Modularidad, pues los módulos se complementan de modo independiente.
- Multilateralismo, basado en relaciones múltiples y complejas.
- Personalización, para adecuarse a las necesidades requeridas.
- Coordinación, evitando relaciones jerárquicas asimétricas.
Si bien es cierto que los ecosistemas empresariales traen beneficios —entre ellos, acceso a una amplia gama de capacidades, posibilidad de escalar rápidamente y mayor flexibilidad y resiliencia—, también enfrentan desafíos, retos o problemas. Algunos de ellos, según Sayol (2023), se refieren a: cómo se definen reglas y procesos compartidos; cómo se establecen los requisitos y procesos de admisión al ecosistema; cómo se reparten los roles y responsabilidades entre los participantes; cómo se coordinan entre ellos; cómo se distribuyen las inversiones y los eventuales beneficios; y cómo se resuelven de forma eficiente los conflictos.

:quality(75)/blogs.gestion.pe/conexion-esan/wp-content/uploads/sites/213/2023/06/ESANa2.jpg)