Más allá del régimen: por qué el futuro de Venezuela depende del capital humano
Por: Jorge Guillén. Profesor Asociado de ESAN Graduate School of Business.
En la madrugada del 3 de enero se anunció la captura del dictador Nicolás Maduro y de su esposa, quienes serán procesados por narcotráfico. La operación que permitió sacarlo de Venezuela y llevarlo a Estados Unidos fue de precisión quirúrgica y refleja la naturaleza de las incursiones modernas, las cuales priorizan el uso de tecnología remota para minimizar las víctimas colaterales.
En el ámbito económico, Maduro exacerbó el deterioro de los indicadores macroeconómicos, atribuyendo la responsabilidad exclusivamente al embargo estadounidense. El chavismo, instaurado hace más de un cuarto de siglo, comenzó —como toda dictadura— con promesas de reforma y perspectivas favorables que gobiernos anteriores, como los de Rafael Caldera o Carlos Andrés Pérez, no lograron materializar. A pesar del boom petrolero de las décadas de 1960 y 1970, aquellos regímenes descuidaron la reducción de las brechas de ingresos y la inclusión social, erosionando a la clase media. Chávez y Maduro capitalizaron ese vacío institucional, derivando posteriormente en un sistema dictatorial y financieramente insostenible.
Los recientes sucesos en Venezuela guardan ciertas similitudes con el caso chileno de Salvador Allende, quien fue depuesto con el apoyo de la CIA. No obstante, el contexto es distinto: eran tiempos de Guerra Fría y EE. UU. buscaba asegurar su hegemonía en la región mediante el “Plan Cóndor”, diseñado para erradicar a la izquierda en América Latina. Al igual que en el escenario actual, el gobierno socialista chileno enfrentaba cifras macroeconómicas desastrosas que, a la postre, sirvieron de catalizador para la intervención norteamericana.
Un paralelo más cercano se encuentra en la década de los 80, con la intervención en Panamá, justificada bajo argumentos casi idénticos a los actuales: causales de tráfico internacional de drogas. Venezuela, siendo una nación rica en recursos, ha sufrido una gestión macroeconómica nefasta, caracterizada por la hiperinflación, el desempleo y la extrema volatilidad del bolívar. La inflación llegó a superar el 2000 % y la moneda local sufrió tal devaluación que obligó a eliminar múltiples ceros de su denominación. El futuro del país dependerá ahora de una reestructuración económica profunda.
Por otro lado, la experiencia de Cuba, con un período dictatorial mucho más extenso, ilustra los riesgos de una transición fallida. La isla no ha logrado despegar económicamente, en gran parte porque las generaciones actuales carecen de la experiencia necesaria para implementar políticas de mercado integradas con reformas sociales eficientes.
Por el contrario, países como Alemania resurgieron de las cenizas gracias a su capital humano, no a sus materias primas. Del mismo modo, naciones como Japón mantienen altos ingresos per cápita sin poseer grandes recursos naturales, basando su éxito en la innovación y el valor agregado. Este modelo contrasta con realidades como las de Brasil o el propio Perú: países ricos en recursos que, lamentablemente, permanecen atrapados en la “trampa de los ingresos medios” por falta de un despegue estructural basado en el conocimiento.
En conclusión, el capital humano es el pilar fundamental para el despegue económico; constituye un insumo vital para la producción y la innovación. Para garantizar un crecimiento inclusivo y evitar que la población sea manipulada por populismos demagógicos, es imperativo elevar la calidad educativa y fomentar un voto informado. Si bien el retorno de la inversión privada será crucial para la reconstrucción de Venezuela, esta debe ir acompañada de mecanismos que aseguren la inclusión de la población local.

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