Más allá de la automatización: el surgimiento de la Industria 5.0
Por: Dr. Enrique Louffat. Profesor Principal de ESAN Graduate School of Business
Históricamente, se reconoce que la industria ha atravesado cuatro revoluciones industriales. La primera revolución industrial estuvo basada en el carbón y el vapor como fuentes energéticas dominantes, y en la máquina de vapor como tecnología principal, dando lugar a una producción mecanizada aplicada principalmente a sectores como el textil y la minería.
La segunda revolución industrial tuvo como energías principales la electricidad y el petróleo, y como tecnologías clave el motor de combustión y el telégrafo, impulsando un sistema de producción en masa con aplicaciones en sectores como el automotriz y el químico. La tercera revolución industrial se sustentó en energías renovables y nuclear, incorporando como tecnologías clave las computadoras e internet, y dio lugar a una producción automatizada con aplicaciones relevantes en el sector de las telecomunicaciones.
Finalmente, la cuarta revolución industrial se sustenta en la inteligencia artificial y los datos, empleando tecnologías como la inteligencia artificial, la robótica, el internet de las cosas, la realidad virtual, entre otras, y se caracteriza por una producción personalizada e inteligente, con aplicaciones en sectores como la automatización y la biotecnología. No obstante, en la actualidad ha surgido una tendencia a contextualizar el surgimiento de una quinta revolución industrial, concebida como un complemento que amplía la perspectiva de la cuarta revolución industrial.
La cuarta revolución industrial, también conocida como Industria 4.0, es un término acuñado por Klaus Schwab. Esta se sustenta en una era tecnológica que integra la industria manufacturera con las tecnologías de la información y los sistemas ciberfísicos para crear fábricas inteligentes. Su enfoque busca la convergencia de lo físico, lo digital y lo biológico, mediante el uso de tecnologías exponenciales propias de la era de la inteligencia artificial, orientadas a lograr mayores niveles de eficiencia, productividad y rentabilidad. Entre estas tecnologías destacan el Internet de las Cosas (IoT), el Big Data, la Inteligencia Artificial (IA), la computación en la nube y perimetral, los gemelos digitales, la robótica avanzada, la ciberseguridad, la automatización y la impresión 3D.
Sin embargo, si bien la Industria 4.0 ha generado importantes beneficios empresariales, también ha recibido críticas por priorizar la maximización de la productividad y la rentabilidad, en detrimento de la participación humana, reduciendo su rol e incluso contribuyendo a escenarios de desempleo masivo. En este contexto, ha cobrado relevancia la necesidad de repensar el modelo empresarial, dando lugar a corrientes que promueven la revalorización del rol humano en conjunto con la evolución tecnológica.
De esta reflexión surge la Industria 5.0, la cual busca fortalecer tres ejes fundamentales: el enfoque en el ser humano, valorizando el bienestar, la seguridad y las competencias del talento humano en armonía con las necesidades de la industria y la producción de bienes y servicios; la resiliencia, para enfrentar escenarios adversos; y la sostenibilidad, promoviendo el desarrollo de procesos circulares que reduzcan, reutilicen y reciclen los recursos naturales, con el objetivo de generar un impacto ambiental positivo que proteja a las generaciones presentes y futuras.
En este marco, la Industria 5.0 propone una nueva forma de gestionar los negocios mediante la aplicación de tecnologías avanzadas orientadas a empoderar y facilitar la labor de los trabajadores, apoyándolos y protegiéndolos de riesgos laborales, pero no necesariamente reemplazándolos. Asimismo, resalta el valor agregado de la persona, su interacción y su contribución a la sociedad, promoviendo no solo la rentabilidad financiera, sino también la rentabilidad social, la protección del medio ambiente y la sostenibilidad con responsabilidad social. Este enfoque busca enfrentar desafíos como el calentamiento global, el aumento del desempleo derivado de la automatización y el agotamiento de los recursos naturales, integrando la capacidad de la computación cognitiva con el ingenio humano, y combinando la velocidad y eficiencia de las tecnologías con el talento y la creatividad de las personas.
En el marco de esta revolución industrial, surgen los robots colaborativos (cobots), encargados de realizar tareas monótonas y repetitivas en calidad de asistentes, trabajando de manera conjunta con los seres humanos. Mientras los cobots se enfocan en labores operativas, los trabajadores pueden concentrarse en actividades creativas, innovadoras y orientadas a un futuro sostenible. A diferencia de los robots autónomos, que operan de forma independiente una vez programados, los cobots están diseñados para interactuar y colaborar directamente con las personas.
Ejemplos de esta colaboración pueden observarse en la industria de la moda, donde el diseño es realizado por el ser humano, mientras que los cobots se encargan de tareas como recoger, cortar, sostener y coser telas; o en las plantas fabriles, donde actividades repetitivas y peligrosas, como la soldadura, el ensamblaje o la pintura, son ejecutadas por los cobots, mientras que el ser humano se encarga de tareas más complejas, así como de la gestión de las operaciones y el mantenimiento de estos sistemas.
Otro aspecto clave de la Industria 5.0 es la personalización de la producción, en función de las necesidades y exigencias de los clientes internos y externos. Esto se logra mediante la aplicación de una gestión unificada de datos —que incluye su recopilación, almacenamiento y análisis— proporcionados por los propios clientes y utilizados como insumo para los fabricantes. Asimismo, se emplean gemelos digitales que facilitan el prototipado de soluciones a costos mínimos mediante simulaciones, sistemas de inteligencia artificial capaces de aprender y comprender las preferencias del cliente, y sensores de alta precisión ajustados a los niveles de personalización requeridos.

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