El Clivaje invisible
A diferencia de sociedades organizadas bajo clivajes claros, el Perú está fragmentado por una red de tensiones superpuestas que anulan los puentes de diálogo.
Sin embargo, el clivaje definitivo y más destructivo no está entre los clásicos ricos y pobres, capital y provincia, ganadores y perdedores, étnico cultural, establishment y anti-establishment, conservadores y liberales, izquierda y derecha, sino una mezcla de todo ello: la brecha de reconocimiento y desprecio, la división violenta entre el “competente exitoso” y el “pobre ignorante”.
Esto no es una queja social, sino un wake-up call ante un error de diagnóstico. El escenario del balotaje entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez es la cristalización perfecta de este abismo social y cognitivo. Cualquiera puede ganar, pero no por encuestas coyunturales, sino por cómo se instrumentaliza este entramado de desentendimientos:
Si gana Roberto Sánchez: La rebelión contra el desprecio.
Una victoria de Sánchez (Juntos por el Perú) se explicaría como el triunfo del antivoto reactivo del “Perú olvidado”. Sánchez carga con el pasivo de haber sido ministro de Pedro Castillo, una persona mejor formada para gobernar, con ideas conservadoras de izquierda, ideas peligrosas para la élites tradicionales y tecnocráticas y para aquellos que se han beneficiado con el modelo. ¿Cómo ganaría entonces?
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Voto de castigo a la soberbia: El votante de Sánchez no ignora las críticas sobre su competencia; simplemente le importan menos que el deseo de castigar a las élites que los tildan de inferiores.
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La racionalidad de la revancha: Para el sector informal, el discurso de libre mercado suena a mantener el statu quo de los exitosos. Su jugada racional es elegir al tipo que promete romper la mesa de juego. No es ignorancia; es el último recurso de la desesperanza.
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El antifujimorismo: Ante el miedo al fujimorismo, el bloque excluido prefiere el riesgo de la incertidumbre radical antes que validar a la candidata que asocian con la captura del Estado por parte de las élites.
Si gana Keiko Fujimori: El refugio en el “orden” ante el caos.
Tras tres intentos fallidos, una victoria de Fujimori (Fuerza Popular) se explicaría como el triunfo del miedo al colapso y el repliegue de quienes sienten que tienen algo que perder.
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Pánico a la incompetencia: Ante la amenaza de un candidato asociado al castillismo, el electorado con empleo formal cerraría filas con Fujimori. Keiko representa la predictibilidad del modelo frente a una aventura revolucionaria que consideran “irracional”.
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Captura de la narrativa del “Orden”: En un contexto donde las extorsiones asfixian tanto al empresario de San Isidro como al comerciante informal, el discurso de “mano dura” resuena con fuerza. Fujimori ganaría convenciendo a un sector de que la izquierda solo traerá más miseria y descontrol.
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Estructura y el “mal menor”: Frente a la atomización política, Fuerza Popular mantiene la única maquinaria disciplinada del país, presentándose como el dique indispensable para evitar que el Estado caiga en manos de un sector incapaz de gestionarlo.
El resultado del balotaje no será un triunfo de las ideas, sino del miedo y el resentimiento cruzados. Si gana Sánchez, la derecha conservadora y liberal y la izquierda liberal (no la progresista, no se debe confundir) tendrá que aceptar que su soberbia de clase e intelectual empujó al país al abismo. Si gana Fujimori, el sector empresarial y capitalista no puede asumir que el modelo ha sido validado; solo habrá comprado cinco años de tiempo en un país que sigue siendo una bomba de tiempo. Gane quien gane, el entramado del desentendimiento sigue intacto.
Qué importante es entender la complejidad y no quedarse en las simplificaciones. Entender el marco para re-encuadrar la discusión político social es clave.
Si quieres cambiar las cosas, qué importante es trabajar sistemáticamente y no por elecciones.

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