En 1989, General Motors (entonces dueña de Lotus Cars) presentaba al mercado la modificación del Lotus Elan de segunda generación. Este modelo le costó a la compañía más de US$ 30 millones, 19 meses de trabajo y el uso de 42 prototipos. Y pese a la inversión y el esfuerzo, las ventas fueron un fracaso: solo se fabricaron 4,655 unidades en seis años.

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(Foto: Motor y Racing)

Así, Lotus atravesó una crisis financiera y General Motors vendió la marca al empresario italiano Romano Artioli, que controlaba el Grupo ACBN de Luxemburgo. El reto fue inmenso para él: debía fabricar un nuevo modelo que levante rápidamente los números y deje atrás la historia del Lotus Elan. De inmediato, el equipo puso manos a la obra y fabricó un proyecto mejorado, listo para presentarse en 1996.

Un golpe de suertePara Artioli, el nombre del auto debía ser clave para tener suerte. La denominación interna era 'Proyecto M111', pero él quería respetar la tradición de la marca de emplear nombres que empiecen con la letra E.

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(Foto: Motor y Racing)

Paralelamente, la familia de Romano acababa de mudarse a Inglaterra junto a la pequeña Elise, su primera nieta de dos años. El empresario aclaró sus dudas: el modelo del nuevo vehículo se llamaría Elise.

"Quiero ser recordada como la pequeña y afortunada niña que pensó mucho tiempo que su nombre era Lotus Elise", comentó la hoy veinteañera al portal Motor y Racing.

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(Foto: Motor y Racing)

El modelo de Artioli resultó un éxito: fue el más vendido de la marca. Y, en agradecimiento por la "suerte" que le dio a la compañía, años después, Romano le regaló un Lotus Elise de la Serie 1: "Fue para agradecer mi cooperación. Me siento muy honrada de formar parte de esta historia".

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