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Los privilegios inmobiliarios de los hombres en Hong Kong

Bajo una política de la era colonial que sigue vigente, cualquier hombre que pueda rastrear su linaje hasta ese período tiene el derecho a construir una casa de tres pisos en su tierra sin pagar impuestos por ello o adquirir al gobierno un terreno para construir a precio reducido.

Hong Kong

Hong Kong (Foto: Bloomberg)

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Gracias a un antigua política de la era colonial británica, William Liu tiene derecho, solo por ser hombre, a construir una casa en su pueblo del norte Hong Kong en condiciones privilegiadas. Pero en nombre de la igualdad rechaza eses lucrativo derecho de nacimiento.

Liu proviene de la zona rural del norte de Hong Kong, conocida como Nuevos Territorios, que Gran Bretaña arrendó a China en 1898.

Bajo una política de la era colonial que sigue vigente, cualquier hombre que pueda rastrear su linaje hasta ese período tiene el derecho a construir una casa de tres pisos en su tierra sin pagar impuestos por ello o adquirir al gobierno un terreno para construir a precio reducido.

En una ciudad con el mercado inmobiliario menos asequible del mundo, ese derecho exclusivamente masculino es un gran golpe de suerte.

Pero está siendo cuestionado en los tribunales por ser discriminatorio para las mujeres e injusto para millones de personas de Hong Kong que no pueden acceder a la vivienda.

Sentado en el espacioso patio de una sala del siglo XVIII que pertenece a su clan, Liu está de acuerdo con la demanda judicial. "Es una política injusta y no la usaré", dijo el joven de 22 años a la AFP.

Liu, un activista de la democracia, se opone tanto a la naturaleza discriminatoria de este privilegio como a la manera en que abusan de él los promotores inmobiliarios bien conectados.

Tierra lucrativa
La Comunidad de Investigación Liber, un centro independiente, estima que al menos una de cada cuatro casas indígenas de los Nuevos Territorios se construyó ilegalmente, gracias a acuerdos secretos entre los promotores y los aldeanos para usar los derechos de éstos sobre las tierras.

Las autoridades hacen la vista gorda.
Los llamados "derechos ding", que llevan el nombre de la palabra cantonesa para descendencia masculina, fueron promulgados en 1972 por los británicos como medida provisional para mejorar los estándares de vida de los agricultores. Se mantuvieron después de la entrega a China de 1997.

En una ciudad abarrotada con una grave escasez de viviendas, las vastas tierras de los Nuevos Territorios ofrecen potencial de desarrollo y han incrementado las demandas para que el gobierno revise la política.

Pero el poderoso Heung Yee Kuk, un organismo asesor que ha dominado los asuntos rurales durante décadas, ha defendido los derechos ding.

En un intento por aliviar la escasez de viviendas, el gobierno de Hong Kong ha propuesto gastar unos 63.000 millones de dolares en la construcción de islas artificiales que podrían acomodar una nueva ciudad.

La propuesta ha provocado protestas por el enorme costo económico y los eventuales daños medioambientales.

Chan Kim-ching, el fundador del grupo de investigación Liber, dijo que el gobierno debería revisar cómo se asignan las tierras en los Nuevos Territorios y hacerlos más accesible para todos.

"Eso podría mejorar el medio ambiente, acabar con algunas de las situaciones desiguales y resolver nuestra demanda de vivienda al mismo tiempo", dijo.

Largas esperas
Los aldeanos indígenas, que además de los derechos ding disfrutan de otros beneficios, incluyendo ciertos derechos de entierro exclusivos, a menudo son vistos como un grupo injustamente privilegiado.

Pero éstos argumentan que la política no significa que se les garantice una casa de inmediato, aunque sean dueños de sus tierras.

La indígena Selena Yung dice que sufrió discriminación como mujer en las aldeas, pero que apoya la política en cuestión, y señaló que benefició a sus dos hijos, cuyas solicitudes se aprobaron después de esperar más de una década.

"Es tan difícil que les aprueben las solicitudes a ellos, que ni hablemos de las niñas. Tienen que resolver este problema primero".

Stanley Ho, un activista indígena que creció en un pequeño pueblo de unas pocas docenas de personas, observó cómo los campos alrededor de su pueblo eran reemplazados por casas y como se talaban árboles de décadas de antigüedad para dar paso a carreteras ilegales que facilitaran la construcción.

Hizo un llamado al gobierno para que trabaje con Heung Yee Kuk, los grupos ecologistas y los representantes rurales para decidir la manera de poner fin a la "política injusta" y al mismo tiempo mejorar el entorno de vida de los lugareños.

"Nuestra generación tiene que hablar, y tenemos que controlar nuestro propio espacio", dijo, y agregó: "Si no lo gestionamos, los promotores se harán cargo".

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